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VINOSOFÍA

Viaje por España (II parte)

Por | 11/10/2019 | 4 min, 4 seg

VALÈNCIA.- En el anterior capítulo cruzamos la Ribeira Sacra para aterrizar en esta nueva entrega en Ribeiro, marcado por el Miño, el Avia y el Arnoia, zona asociada a la taza de cerámica (conqueiro) y al vino turbio que acompaña el pulpo a feira. Sin embargo, gracias a la labor de un extravagante como Emilio Rojo (un ingeniero con pintas de motero) la región se ha plantado en el mapa vitivinícola. La treixadura ha pasado a ser una variedad reconocida internacionalmente y los tintos frescos y ligeros (variedades como la sousón, la brancellao, la ferrol) van saliendo de sus fronteras. Entre las bodegas a señalar, la de Luís Antxo Rodríguez, que con su Escolma blanco alcanza la cumbre de los blancos nacionales. Proyectos a seguir son los de José Marens, Iago Garrido y Bernardo Estévez. También se vislumbran novedades en la bodega Viña Mein, que ha fichado a los wonder-boys de Comando G como asesores. 

Hacia el interior entramos en el ‘desierto gallego’, la zona de Monterrei en la provincia de Ourense que, con sus cálidos veranos y las escasas precipitaciones, tiene similitudes con los climas más mediterráneos. En esta DO menor despunta el gigante José Luis Mateo. Un vigneron obsesionado por la precisión hasta el punto de que si considera que los vinos no dan la talla, los vende al hermano, regente de un bar de pueblo donde se puede chatear mejor que en muchas capitales. José Luis domina a la perfección el arte del ensamblaje, como demuestran sus multivarietales de las líneas Alanda y Gorvia. En los top de gama hallamos los monovarietales de Quinta Muradella, botellas que no pueden faltar en las cartas de los mejores restaurantes.

Por fin llegamos al mar, a la zona de las rías que dan nombre a la denominación de origen más famosa: Rías Baixas, donde reina soberana la albariño. La DO se extiende principalmente en la provincia de Pontevedra (ocupando una pequeña superficie de la provincia de A Coruña) y se divide en cinco subzonas. La más importante es la de Val do Salnés, donde se concentra la mayoría de bodegas y elaboran los actores principales de la revolución gallega. Por partes: la familia Méndez, bodegueros con solera, tiene a dos miembros destacados: el tío Gerardo y el sobrino Rodrigo. El primero con sus Do Ferreiro de larga guarda encarna la tradición y la pureza del albariño, el segundo es más bien el enfant terrible. Sus cuvées de la bodega familiar de Forjas del Salnés y su proyecto personal (Cíes y Sálvora, albariños) son imprescindibles para cualquier amante de los grandes vinos atlánticos.

EN GALICIA HA SURGIDO UN MANÍPULO DE VITICULTORES PUNTEROS QUE HAN VUELTO A LA VIÑA, HAN RECUPERADO LAS VARIEDADES AUTÓCTONAS Y HAN SABIDO CONQUISTAR LOS PALADARES DE TODO EL GLOBO

Acto seguido encontramos a otro iluminado: Eulogio Pomares, que tras su labor en la bodega familiar Zárate ahora está desarrollando un camino personal con vinos parcelarios de altísima calidad en la línea Carralcoba blanco y tinto. Entre los jóvenes despunta Xurxo Alba de Albamar, con sus parcelas al lado del mar y la energía que transmite a sus vinos. Desde 2006 lleva las riendas de la bodega mejorando y afinando vendimia tras vendimia. Alberto Nanclares es otro elaborador estelar. Sus albariños Coccinella, Crisopa y Soverribas son expresiones fidedignas de las distintas parcelas, y sus tintos tienen una frescura envidiable.

No podemos olvidarnos de las bodegas más randes,  comprometidas con parámetros cualitativos muy altos. Terras Gauda dentro de Rosal es una bodega que casi consigue disimular la producción de más de un millón de botellas. Pazo de Señorans, llevada por mujeres, tiene una oferta muy interesante. Su selección de añadas es uno de los blancos más atractivos del país a un precio más que asequible. Fillaboa, en el Condado de Tea, es una de las más antiguas de Galicia y guardiana del estilo tradicional de elaboración de albariños con capacidad de envejecimiento.

Resumiendo, en Galicia ha surgido un manípulo de viticultores punteros que han vuelto a la viña, han recuperado las variedades autóctonas y han sabido conquistar los paladares de todo el globo. La revolución gallega es la avanzadilla del nuevo vino made in Spain y sirve de inspiración a otros elaboradores distribuidos por la península. Próximamente veremos quiénes son y dónde elaboran.

 Salut!!! 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 44 de la revista Plaza 

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