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HEDONISMOS

Comer bien cerca del AVE es posible (si sabes cómo)

Los que nos pasamos la vida zurciendo una y otra vez el camino que separa València de Madrid sabemos bien hasta qué punto un tren de alta velocidad puede mejorarte la existencia.

Por | 27/09/2019 | 5 min, 9 seg

Lo saben de sobra muchos de los trece millones de pasajeros que utilizan cada año esa línea de AVE. Personas con una necesidad perentoria de exprimir el tiempo y que no siempre saben maridar las prisas con el buen comer. 

Por fortuna para todos, sabemos que es posible comer estupendamente sin necesidad de alejarse demasiado de la puerta de embarque de Atocha o Joaquín Sorolla. En Madrid, nuestro mejor aliado será el Barrio de las Letras, uno de los puntos gastronómicos más efervescentes de la capital. En este atractivo entramado de calles de reminiscencias literarias, muy próximo a los museos del llamado Triángulo del Arte —Museo Nacional del Prado, el Museo de Arte Thyssen-Bornemisza y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía—, conviven las propuestas más cool (perdón por el palabro) con las más clásicas. Hay sencillas y juveniles casas de comida como El Azul de Fúcar (Fúcar, 1), donde es posible desayunar o comer rico y de forma saludable por poco dinero. Restaurantes de éxito —y algo subidos de precio— como Triciclo (Santa María, 28), con comida moderna y de ingenio. Locales de diseño con tapas casuales (Tándem) o castizas (Taberna La Elisa). Rincones de alta cocina a precios moderados, como Bistronómika (28 euros los cinco pases del menú de mediodía). Este pequeño restaurante, capitaneado con buena mano por Carlos del Portillo, bien merece una visita (su célebre gilda de láminas de bonito fresco de Getaria y piparras de Tudela enamora a cualquiera).

Si eres de los que pasan de tendencias y buscan algo más de recogimiento; un lugar de confianza, tranquilo y con una bodega excelente, también hay muy buenas opciones a tiro de piedra, como Vinoteca Moratín (Moratín, 36). «Podríamos pedir algo más de variedad en su carta, o incluso una mayor presencia de la temporada, pero si acabamos volviendo cada dos por tres será por algo. Precios suaves, trato cariñoso, ambiente agradable de día e íntimo de noche, bodega inquieta para todos los bolsillos… Un sitio para sentirte como en casa». La recomendación nos llega del periodista Rodrigo Varona, un reconocido experto en estas lides, y autor del libro Fuera de Carta. Y tiene más. Taberna de Pedro y Vinoteca García de la Navarra, ambos situados al inicio de la calle Montalbán y regentados por dos hermanos que prestan su nombre al negocio. «Su éxito nos reconforta en estos tiempos en los que a menudo el continente parece importar más que el contenido. El primero nos mima con su cocina casera en la que el producto es todo, mientras que el segundo maneja una bodega que sin duda se coloca entre las diez mejores de la capital», nos chiva Varona.

Otra de las ventajas de la estación de Atocha es su proximidad al Retiro, un remanso de paz en medio de la jungla de asfalto. En el corazón del emblemático parque se encuentra Florida Retiro, un multiespacio gastronómico. Tras someterse a una profunda y acertada rehabilitación interior y exterior, concebida para ensalzar la luminosidad circundante y recrear la mirada con la vegetación exterior, Florida Retiro emprende una etapa muy prometedora. Imposible no encontrar acomodo en alguna de sus propuestas. Desde una reunión informal con amigos o familia, hasta una comida de trabajo o unas cervezas al atardecer. Con el chef Joaquín Felipe al frente, la calidad de la carta (más elaborada en el restaurante El Pabellón y más informal en La Galería o en la terraza de los Kioskos) está garantizada.

A lo mejor de lo que se trata es de marcarse un tanto con alguien importante, sin preocuparse excesivamente por la cuenta. Para eso siempre estarán los clásicos: Alabaster (Montalbán, 9), Marcano (Doctor Castelo, 31), Laredo (Doctor Castelo, 30) y por supuesto Viridiana (Juan de Mena, 14), donde Abraham García lleva cuarenta años «oficiando una cocina ajena a la veleidosa veleta de la moda». 

Cerca del AVE en València

Es cierto que en Madrid sobran opciones, pero en València también puedes jugar bien tus cartas. Si buscas un gran menú de mediodía, al que no le pides nada más (ni nada menos) que comer fenomenal por un precio muy ajustado, nuestra primera apuesta es el restaurante Montes (plaza Obispo Amigó, 5), el primero de la ciudad incluido en la lista Bib Gourmand de Guía Michelin. Su especialidad: los platos de cuchara. Aunque la mejor baza para el viajero que no quiere alejarse más de dos minutos de la estación de Joquín Sorolla es sin duda La Cepa Vieja. En la sala y los fogones encontramos a una joven pareja que pone en marcha cada día un menú con productos de temporada (muchos de ellos procedentes de su propio huerto) y una singular selección de vinos por copa. Hemos de mencionar igualmente El Astrónomo (Jeroni Munyós, 15): menús saludables, preparados con esmero y a precios imbatibles.

Claro está que la casuística es más amplia. Quizás lo que quieres es invitar a un cliente a comer antes de acompañarle a coger el tren de vuelta: reserva en Rausell (Ángel Guimerá, 61), apuesta segura. A lo mejor simplemente necesitas un lugar agradable donde trabajar con el ordenador con un café y un capricho azucarado: en ese caso, tu cuerpo te pide ir a Dulce de Leche (Jesús, 71). Si lo que te apetece es un bar con buena música, donde correr a echarte unas birras con un amigo nada más bajar del tren, empieza en Cracovia y George Best. Y que la noche guíe el resto de tus pasos.


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