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DESAYUNO EN THE LITTLE QUEEN

Desayunar en un hotel es de voyeurs

Desayunar en un hotel es como estar de viaje. Se trata además de una delas acciones más satisfactorias para un espíritu voyeur. Poder mirar a parejas de desconocidos y presentir su noche anterior, intuir los vínculos que los unen, qué les depara el día que estrenan

Por | 02/02/2018 | 3 min, 42 seg

Sentir la oportunidad de una consumación carnal a solo unos metros sobre la cabeza, en varios pasillos de habitaciones misteriosas donde parejas (o tríos) de forasteros han dado rienda suelta a su pasión. El encanto explícito del desayuno de hotel es el de servir de vianda reconstituyente tras una noche de lujuria en modo “No Molestar”.

 El concepto buffet, durante años denostado, ha recuperado en el presente, a merced del diseño, del entramado digital y del espíritu healthy, cierto estatus. Un rejuvenecimiento avalado por el discernimiento selectivo, la elección y la abundancia controlada, por obra y gracia de aquello bautizado como “criterio personal” que las redes sociales han convertido en ciencia exacta. “Existo, luego opino”, entonan las masas en cánticos luminosos. Así, elegir se ha tornado en arte y las mesas repletas de alimentos una oportunidad de exhibir nuestro YO hashtag a hashtag. #hoydesayunoenlittlequeen. El restaurante del Hotel One Shot Palacio ReinaVictoria que regenta Manuel Molina.

Tras entrar al hotel uno tiene que ascender hasta la primera planta donde se ubica el comedor. Un gesto de entrada nimio pero que lanza al cerebro una señal en morse que lo advierte de una acción singular. Atención. Arriba se explaya una gran estancia abierta de ambiente mariaantoñesco con molduras doradas, papeles estampados de inspiración botánica, butacas de terciopelo encarnado, suelo de madera alternado con damero, biombos de bambú,alfombras de arpillera y lámparas de deje oriental. Se puede escoger entre mesa cuadrada o redonda. Me decanto por una circular junto a un ventanal que ofrece una perspectiva de la calle de las Barcas digna de francotirador. Los alimentos se encuentran dispuestos en dos mesas largas de espíritu rústico. La de salado alberga fiambres de calidad aceptable, una buena selección de panes de distintos tuestes y acabados, tres tipos de aceite de oliva, tomate natural rallado, una tabla de quesos con entidad propia, aceitunas, pepino cortado,alcaparras.

La mesa dulce está a la altura con bollería, gofres, tartas caseras de zanahoria, frutas, galletas y  cheesecake que cocina Eva López en función de la época del año, «este es el mes del bizcocho de naranja y el pan de plátano. Además ofrecemos un zumo detox con brócoli, manzana, apio, pepino, jengibre y limón perfecto para librarnos de los excesos de diciembre y enero», asegura la cocinera. También hay salchichas recién hechas, huevos duros, champiñones. Observo un grupo de cuatro americanos que beben como si fuera agua mineral el cava helado que aguarda metido en cubitera con hielo. Me ofrecen la oportunidad de customizar mis huevos (esto suena raro). Lo pido poché y a mi mesa llegan dos láminas de pan tostado con el huevo en su punto justo de derrame, aguacate,tomate a rodajas y semillas. Lo acompaño con un capuchino en cuya espuma han dibujado un corazón (todavía no tengo una opinión formada sobre esto). Sonrío. Además, como pan con queso, jamón de bellota, pan con tomate, un zumo de naranja y un pedazo de  bizcocho. Estoy listo para una expedición por el Sáhara.

Levanto la vista y descubro que el sol pajizo perfora la habitación. La miro a ella, a él, unos dedos desmembran la pulpa de un pomelo, un pie que se libera del zapato, un joven oriental observa el jamón con anhelo, un hombre solo hace que lee, alguien escruta la fachada del Teatro Principal. Una pareja se sonríe sin verse, con la mirada enchufada a las horas que han compartido en la cama. Una señora de mediana edad se acomoda en la silla, su marido unta la mantequilla en el pan, distraído. La pared floreada, servilletas de tela. “¿Sabéis quienes son pareja y quienes amantes?”, pregunto a alguien del personal. “Los amantes se apartan del fondo cuando alguien hace una foto”, responde. Además les da igual la calidad del wifi, supongo.

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