integrado en 'abstracte, un riu d'art'

El arte figurativo y espiritual de Sandra Betancort revitaliza los muros de València

La artista plasma en el cauce del Río Turia un mural que plantea ideas como la subjetividad del ser humano o la limitación que esta impone sobre nosotros

8/02/2021 - 

VALÈNCIA. El aplazamiento por la pandemia del proyecto Abstracte, un riu d’art ha impedido que un puñado de artistas plasmen sus murales en los muros del cauce del Río Turia. Una iniciativa que surgía como forma de revitalizar el espacio público mediante un vínculo entre este y el arte urbano. Si bien estos artistas tendrán que esperar, una de ellas ya había terminado de confeccionar su mural antes de la cancelación del proyecto. Se trata de la venezolana Sandra Betancort, una artista que no siempre se ha dedicado al arte mural, pero que ha visto en él una manera de ampliar -mediante el spray- sus propias posibilidades.

En sus piezas, Betancort hace eclosionar la figuración, el abstraccionismo y el uso de la luz como desencadenante de una infinidad de prismas. Lo tenía todo organizado justo antes de la cancelación del proyecto, así que se le permitió realizar su mural en horario escolar y sin informar de ello para que no hubiera aglomeraciones de ningún tipo. El resultado se puede contemplar bajo uno de los puentes del cauce del río Turia: un portal compuesto por prismas de colores, conectado a otro, a unos metros de distancia y más oscuro.


En el mural, la artista ha querido plasmar una idea muy clara, que además está patente en el resto de su obra: lo que los seres humanos percibimos a través de nuestros sentidos no son más que realidades subjetivas que forman parte de un universo amplísimo, de un plano de conciencia que va mucho más allá de lo que podemos ver. Sandra plasma dos portales: el primero trae consigo la luz y los prismas (aquello perceptible); y el segundo es el plano del vacío incierto, "el paso a otra dimensión que nuestros ojos y nuestra idea del mundo en tres dimensiones no pueden comprender por la limitación física de nuestros sentidos". Betancort introduce ideas como la espiritualidad o la energía como conceptos infinitos no observados desde el pensamiento.

La subjetividad como limitación de conciencias

La artista define su trabajo con una frase del El Principito: “Solo se puede ver con el corazón”. Con esto se refiere a que hay una cantidad inconcebible de realidades que no se pueden entender desde la subjetividad. “No sabemos qué es la verdad, sino tan solo nuestra verdad, marcada por experiencias personales. Cada realidad puede ser vista desde miles de perspectivas”, explica. De esta manera, distingue entre el plano físico (también denominado por ella como ‘plano sutil’) y el energético, que conllevaría otros estados de conciencia que no se pueden aprehender. La artista invita con su mural a sumergirse en ese segundo plano.


Siempre ha visto el arte como una herramienta para canalizar sus procesos internos y darles salida. No empezó pintando prismas y formas geométricas. Hace años se dedicaba a pintar rostros femeninos. “Con el tiempo pasé a involucrar estos rostros con prismas y luces”, resalta. Le gustaba ver cómo lo plasmado se iba descomponiendo al involucrar la geometría, lo abstracto y la luz: “Al reflectar la luz sobre un objeto, las vibraciones crean una nueva geometría. Es fascinante ver cómo de una geometría nace otra y otra, hasta el infinito”. Hace referencia a la teoría de los fractales. Un fractal es la representación geométrica del caos. En la década de 1970, científicos europeos y estadounidenses desafiaron la física clásica buscando un camino a través de ese desorden que genera el caos, y que Betancort pretende plasmar en sus obras: “Es un proceso en el que me dejo fluir, investigo y experimento. Todo viene de un largo proceso espiritual que me ha llevado a esto. Además, el spray me ha ayudado mucho porque es el método que más se asemeja a un rayo de luz. La pintura deja a su alrededor un polvito, igual que la luz”.

La pintora recalca que el proceso espiritual que la ha llevado a interesarse tanto por los prismas y la luz bebe directamente de la filosofía india. “Empecé a interesarme por la luz y sus efectos, por cómo creo esa luz en mí y por cómo las herramientas de las que dispongo me ayudan a plasmarla en un proceso de sanación espiritual”, explica. Con el tiempo ha ido buscando despegarse de esa perspectiva sutil y física, experimentando en su lugar con planos de existencia donde trabajan la luz y la geometría. Ilustra todo ese proceso con el trabajo que hace con cuencos tibetanos: “Al llenarlos de agua, las vibraciones del sonido, que en una situación normal no podemos ver, crean ondas y formas en el agua que se extienden. Busco investigar y plasmar el efecto vibracional de esa energía”.

Cambiar la percepción de las cosas integrando el arte en la vida

Sandra Betancort explica que la visión que las sociedades tienen del arte urbano ha cambiado muchísimo y para bien. Además de la evidencia de que es mucho más aceptado desde las instituciones, apunta que ahora el arte se integra en la vida desde otras perspectivas. El proyecto Abstracte, un riu d’art es muestra de ello. Se trata de una iniciativa que busca revitalizar el espacio público a través del arte. La artista, en este sentido, explica que “ya no tienes que ir a una galería o un museo para ver arte, sino que su contexto es mucho mayor. Te lo encuentras -sin ir más lejos- haciendo footing en el cauce del río Turia. Sales de tu casa y tienes enfrente un mural”.

Esta manera de ver el arte es mucho más amplia, según su opinión: “Llenas espacios donde normalmente no había consideración artística. Debajo de un puente o en la caseta del vigilante. Le das otro punto de vista, abres un nuevo contexto. Algo que antes era directamente anónimo como un simple muro, ahora es arte”.

Además, Betancort observa que este hecho genera entusiasmo en la gente: “A la comunidad le encanta que se generen espacios culturales en los jardines. Es un regalo. Das proyección a espacios anónimos, los embelleces”. También opina que ese es el camino hacia el que debemos dirigirnos como sociedad: “Desde un acto individual se acaba formando un contexto grupal que genera un bien para la comunidad. Debemos caminar hacia proyectos así, en comunidad, que al final integren a más personas”.

Impulso valenciano y aceptación

Esa institucionalización del arte urbano lleva a que el sentido primigenio de este se pierda en cierta medida. La denuncia y la reivindicación local ya no son necesariamente una constante en el arte urbano. En su lugar, como dice Sandra Betancort, "tenemos sociedades que, lejos de condenarlo, integran en mayor medida este arte urbano haciendo que haya una mayor amplitud de miras".

La artista señala que “dependiendo del artista y el contexto, se genera un mensaje u otro. Si un artista necesita hacer una denuncia social, como Bansky, por ejemplo, es genial, y dependerá de lo que él mismo quiera comunicar. Yo, personalmente, busco dar un sentido más armónico y de luz al arte, que evoluciona dependiendo de lo que tú mismo seas. Ambos contextos son válidos. Me encanta todo lo que pueda ofrecer la aceptación del arte urbano. Además, al aceptarlo abres un abanico de posibilidades que cada vez es más grande”.

En el caso de la escena artística urbana en València, Betancort ve que desde un primer momento sintió “la seriedad y el compromiso que la ciudad le dedica”. Explica que hay mucho apoyo para que los artistas lleven a cabo sus proyectos y que, a diferencia de otras ciudades y países, se ve como algo bello y respetable: “Hay una intención de buscar más espacios y proyectos en las calles”.

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