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radiografía a la creación 'de calle'

El arte urbano en València deja atrás su juventud

Dos fenómenos caracterizan al arte callejero de hoy: en muchos casos empieza a servir a lo viral e inmediato y deja en un segundo plano la denuncia social; y ahora las administraciones lo potencian en vez de condenarlo. Que se abra el debate

29/09/2020 - 

VALÈNCIA. “Lo bonito del arte urbano es que de un día para otro puede haber un cambio enorme”. Es lo que dice David de Limón, el artista conocido por sus ninjas, que observan a los valencianos desde infinidad de muros por toda la ciudad. El arte urbano, como su nombre indica, nace de y para la calle, como forma de expresión ante injusticias, como manera de exteriorizar los sentimientos internos de un artista, como denuncia hacia las élites, hacia las discriminaciones, etcétera. Esta primera idea de ruptura ante lo establecido, sin embargo, queda ahora pequeña ante un volumen de creación que no solo se ha multiplicado sino que ha evolucionado hasta ocupar espacios que hasta ahora no le eran familiares.

Hay dos elementos en juego: en primer lugar, su normalización. Poco queda de aquella relación entre pintadas y vandalismo. Y en segundo lugar, su popularización. La última firma en ocupar titulares ha sido la de J.Warx -antes conocido por Ropes-, que se dedica a pintar escenas de la más imperiosa actualidad que se viralizan en Twitter o Instagram. En las últimas semanas ha aparecido en noticiarios y diarios tanto a nivel local como nacional. Muchos lo identificarán por su mural de Fernando Simón atragantándose con una almendra o con el de Juan Carlos I tras su polémica salida del país. Su vinculación directa con la comunicación en redes sociales, reproduciendo memes, abre una nueva conversación sobre el papel del arte urbano, ¿estamos ante un nuevo paradigma en la pintura callejera?

Culturplaza selecciona a algunos artistas para ahondar en este debate. Además de J.Warx, los artistas Bowy, Cuca BerenguerXolaka, Julieta XLF y David de Limón; todos ellos, tienen algo claro: que el cambio, sea como sea, es inevitable.

“Pinto porque me divierte”

El artista urbano J.Warx lleva poco tiempo utilizando su actual nombre. Antes era conocido por Ropes, cuando solo pintaba letras. Durante las últimas semanas ha sido foco de atención mediática por sus murales, en los que plasma todo tipo de denuncias políticas que han alcanzado a la Casa Real, a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, a Fernando Simón, etcétera. No siempre hace denuncia política, también pinta situaciones que simplemente le llaman la atención, como el Dandy de Barcelona, la Vecina de València o Miguel Bosé. Todas sus pintadas, eso sí, tienen un hilo conductor: son escenas que previamente se han hecho virales y que, casi siempre, narra a través de memes pintados sobre muros.

Mural de de J.Warx en València. Foto: J.WARX

Sobre la idea de centrar su trabajo en ese tipo de imágenes virales, una práctica que no es del gusto de todos, explica: “Hago esto porque me apetece y me entretiene, es normal que haya gente que me critique, porque lo que hago, al fin y al cabo, es venderme”. No piensa que tenga ningún compromiso más allá de eso, ni él, ni cualquier otro artista. “Si me quieren poner esa responsabilidad que lo hagan, no es lo que he buscado con todo esto”. De hecho, el artista tampoco busca vivir del arte urbano. En este momento se encuentra buscando empleo como ingeniero.

J. Warx solo pinta escenas que le resultan graciosas. Es cierto que conforme ha ido evolucionando, la carga social ha ido potenciándose en sus obras, pero si algo no le hace gracia, directamente no lo pinta. Indica con sinceridad que siente indiferencia hacia lo que piensen de él, y que ni siquiera se considera a sí mismo como artista urbano, aunque ahora se le clasifique como tal. Preguntado sobre si piensa que sus murales representan al barrio de Benimaclet –que es donde más pinta-, responde que “si bien es el barrio propicio para pintar por su nivel artístico, tiene por otro lado una carga política muy fuerte que hace que, si lo que pintas no gusta, seas muy criticado”. Explica que antes, cuando solo pintaba letras, se las tachaban; y que, por esa razón tiene “un sentimiento encontrado con ese barrio”.

Mural de de J.Warx en València. Foto: J.WARX

La popularidad de J. Warx va en aumento. Este mismo fin de semana acudirá a Rafelbunyol a pintar un mural. Conviene contraponer esta concepción del arte urbano basada en la libertad de pintar lo que uno quiera, con la de otros artistas. Uno de ellos es Bowy, que lleva varios años pintando a su perro por toda València, en ocasiones con el mensaje “Good Boy”. Explica que últimamente no es que haya pintado más -de hecho en los últimos meses ha hecho menos Bowys-, pero que los ha hecho en lugares más populares. La perspectiva de este artista sobre el asunto que nos concierne tiene algunas cosas en común con la de J.Warx, si bien Bowy sí siente tal compromiso con la opinión de la gente. “En realidad pinto Bowys porque adoro a mi perro y me hacía ilusión que se convirtiera en un símbolo representativo en València. Al fin y al cabo esta ciudad adora a los perros. ¡Hay más perros que niños!”. Y lo cierto es que Bowy no nació, aunque pueda parecerlo, como denuncia animalista. En eso hay ciertas similitudes con el trabajo de J. Warx. El artista explica que “pese a que no naciera con fines reivindicativos, si la gente simpatiza más con los perros, yo encantado de la vida”. No obstante, también hay una diferencia importante entre ambos artistas: la fugacidad del fondo de sus obras, que en el caso de Warx es mayor al estar basadas en memes virales. Bowy, de otro modo, pinta un dibujo imperecedero en significado.

Bowy opina que “le parece estupendo la presencia de artistas como J.Warx”. Explica que cada uno es libre de hacer lo que le apetezca siempre que no haga daño a los demás, y que sus dibujos le gustan simplemente porque le hacen gracia. “Cuando se centra más en denuncias políticas me gusta menos, pero cuando va a hacer gracia está muy bien. Ahora, también me parece que su formato se basa en utilizar algo que está de moda. En cualquier caso, a mí me saca una sonrisa”.

El artista de los populares perros explica que el panorama del arte urbano ha ganado mucho en número de artistas y que la verdadera riqueza de València es la diversidad. “Hay mucho arte urbano y, sobre todo, muchos artistas con estilos distintos. Eso se nota. En mi opinión, cuantos más mejor”. Y al igual que el resto, Bowy también cambia. Si bien su método habitual es pintar tan solo a su perro, lleva un tiempo poniéndole la cabeza a cuerpos humanos, o pintándolo en la camiseta de un envejecido Groucho Marx. “Estas cosas las hago como una prolongación del propio dibujo, para poder llegar a más gente. Simplemente quiero darle algo más”. Por ahora Bowy no tiene planes de futuro con su dibujo. Pinta como hobby, y opina que así es mejor “pues de esa manera, todo lo que venga, bienvenido será”.

Pintada de Bowy

De la ilustración al arte urbano

Hay otro elemento a tener en cuenta. Hay artistas que conforme ganan popularidad y recorrido han llegado a institucionalizar su arte, pero también hay profesionales de la ilustración que deciden dar el salto a las calles. De todo esto se puede sacar en claro no solo que el arte urbano esté en cambio constante, sino también que ese cambio está caracterizado por una apertura enorme de sus fronteras. Con spray o sin él. Ejemplo de esto es Cuca Berenguer. Se trata de una diseñadora, ilustradora e incipiente tatuadora que, como muchos otros, también ha decidido comenzar a dejar su firma en la calle.

Cuca tampoco se considera artista urbana, al igual que J.Warx y Bowy. Es un fenómeno recurrente. Muchos de los nuevos artistas que pintan la calle ya no se enmarcan a sí mismos bajo el calificativo de artista urbano. Cuca suele dibujar escenas muy llamativas, a primera vista plagadas de personajes sencillos, coloridos y sonrientes, que sin embargo están cargados de cierta nostalgia. Ahora, en las calles de València se empiezan a ver dibujos de sus personajes junto al mensaje “jolín”. Explica que a ella le gustan los formatos donde se varíe, pues “eso genera dinamismo en tu trabajo”. Cuando comenzó a rondarle la idea de pintar en la calle decidió ponerse en contacto con graffiteros, pues ella no conocía nada acerca del mundillo. “Me parecía muy interesante el formato por la manera que tiene de comunicarse. Hay comunicación entre el artista y el viandante”. Y el sentimiento que busca expresar con su mensaje (jolín), es que “hay muchas cosas que afectan a la gente. Me gustaría conectar con eso, pero no desde la queja por quejarse, sino desde la queja inocente, afectada. Sabiendo que todo acto tiene su consecuencia”. Indica que le gustaría poder profundizar en esa idea de ahora en adelante.

Pintadas de Cuca Berenguer

Y como apunta, su intención no es limitar esa idea a la calle. Su intención es ambivalente. “En el arte urbano estoy intentando mezclar la ilustración con ese sentimiento, y mi idea es tenerlo como un complemento a mi trabajo que pueda coger y llevarlo a la ropa, a dibujos en muebles, a los tatuajes...”. Esto, según cuenta, no es nuevo. “Hay muchos artistas que siempre han utilizado la calle como medio y no como fin. No creo que en ese sentido hayamos cambiado mucho, aunque es cierto que las instituciones se han transformado. Pero esa normalización es selectiva, hay muchos artistas cuyo trabajo se sigue considerando vandálico”. De cara a lo que está por venir, Cuca Berenguer tiene intención de entrar con sus dibujos en el sector de la instalación y el mueble, y también en la moda.

No un cambio de paradigma, sino una evolución natural

Como se puede observar, el arte urbano está plagado de amplias diversidades en forma y contenido. Es muy difícil determinar esa condición objetiva de artista urbano. Y si muchos de ellos no se consideran como tales, hay otros, mucho más experimentados, que llevan años dedicándose a ello y que han vivido toda su evolución. David de Limón, conocido por los ninjas enmascarados que a día de hoy llegan hasta al último rincón de València, opina que esa fugacidad en el arte urbano tiene sus pros y sus contras. “Lo que veo negativo en ese tipo de arte es que es una idea que se coge de redes y se plasma, no tiene un mensaje propio e interno. Ahora, como arte urbano me parece que tiene cabida perfectamente, a fin de cuentas es una reproducción de otra imagen, y eso lo hacen muchos artistas”. Por otro lado, explica que la particularidad del artista J.Warx es que su obra ha encontrado más vías de comunicación que el resto. “Lo interesante es cómo convierte un mural sacado de un meme, de nuevo en un meme, al subirlo a las redes sociales y viralizándolo de nuevo”.

Sobre esos límites del arte urbano, David de Limón opina que “se debería abrir un debate sobre la definición del mismo, pues hay muchas vertientes, ya no se puede definir con un tipo de estilo concreto”. Indica que el arte urbano vive dentro de un cambio constante. “Y eso es lo que más me gusta. En las calles todo evoluciona muy rápido, casi a diario. Artistas como J. Warx pertenecen a ese cambio, pero no son ni el motor ni el detonante de él”.

Julieta XLF, conocida por sus coloridos murales de niñas con el pelo largo, opina en la misma línea. “Estamos en un momento en que todo ocurre a una velocidad tremenda, y eso se ve reflejado también en el arte urbano, que además tiene tantas caras como artistas hay”. Julieta, que pertenece al colectivo XLF junto a artistas que ya llevan años consolidados en el panorama, opina que “más que un cambio de paradigma, lo que hay es una parte de la evolución”. Por su parte, el artista Xolaka, que pinta muros realistas con gran precisión y detalles desde hace años, tampoco cree que haya un cambio en las bases del arte urbano. De hecho, explica que lo que ocurre con artistas como J.Warx no es algo nuevo. “Hay artistas internacionales como el australiano Lush que hacen murales a partir de memes, con un toque irónico. Cada uno elige su camino”.

La institucionalización del arte urbano

Mural de Xolaka

La creciente institucionalización del arte urbano abre un nuevo debate, hasta qué punto afecta al desarrollo del mismo. En este senido, Julieta retoma la idea de que es una evolución natural. “Como todo movimiento, empieza de una manera reivindicativa y acaba siendo absorbido por el sistema. Se pierde la fuerza que tiene en origen. Es como la vida: naces, creces, envejeces y mueres. Cuando el sistema no puede controlar algo, lo intenta absorber para poner los límites”. No obstante, pese a esta limitación de la que habla, la artista también es de la opinión de que “el arte siempre tiene una función social y una capacidad de transformación interínseca, así que estos cambios también tienen su lado positivo”. Las consecuencias de todo esto son, según ella, que “se pierde en cierta manera la capacidad de generar debate. El origen del graffiti servía como pie al debate y la protesta. Pero aunque pase esto, el arte urbano sigue teniendo la capacidad de sorprendernos y de mantener viva la ciudad”.

Xolaka explica que antes el arte urbano se concebía socialmente como algo gratuito y que, en ese sentido “la gente va cambiando el chip, saben que se ha de pagar”. La causa de eso es la institucionalización, lo cual es beneficioso, pero ese hecho también conlleva, según el artista, que el arte urbano entendido desde su concepción tradicional, pierda parte de su sentido. “Te vuelves un poco currante, pierdes cierta libertad de expresarte como querrías. La verdad es que me da un poco de miedo el hecho de al fomentarlo tantos ayuntamientos, se acabe abusando del arte urbano y ya no interese”.

Mural de Julieta XLF en Leuven

David de Limón explica que la normativa actual del Ayuntamiento permite pintar las calles siempre que no se atente contra nadie a nivel político, religioso, de raza, etcéra. “Ya no parece que los botes de pintura sean armas blancas, y eso es muy positivo”. El artista sí piensa que la institucionalización sea un antes y un después para el arte urbano. “Lo veo más positivo que negativo. Además, el hecho de pintar ilegalmente en la calle va a seguir estando. Que los ayuntamientos potencien el panorama no quiere decir que vayan a permitirlo todo. Yo no creo que vaya a dejar de servir a los barrios y sus injusticias, al revés: gracias a los ayuntamientos se puede hablar de proyectos mucho más grande, con grúas, con cortes de calles... Se rompe el romanticismo, pero el apoyo es bueno”.

Sobre todo esto, el artista Bowy tiene una perspectiva muy clara. Explica que el cambio es totalmente lógico. “Cualquier arte que guste es comprable y vendible. Si veo un David de Limón en la calle y lo quiero en casa, puedo tenerlo. De hecho, lo tengo. Es normal que acabe en museos y galerías. Y si no se puede llamar arte urbano a algo que no está en la calle o que no tiene la esencia del artista, pues llamémoslo de otra manera”.

Pintada de David el Limón

Tanto Xolaka, como David de Limón y Julieta XLF tienen varios proyectos entre manos. Xolaka se encuentra en este momento confeccionando un mural sobre la ecología, y la semana que viene pintará otro de María Cambrils para el Ayuntamiento de Pego. También tiene pensado llevar a cabo talleres en colegios para llevar la cultura urbana a los niños. Por su parte, David de Limón se está centrando en encargos privados, y a medio plazo tiene un proyecto de varios murales sobre la República en València, entorno al libro de Néstor Morente sobre el tema. Y por último, Julieta XLF tiene tres proyectos en Italia y “probablemente” estará pintando un mural de gran formato a finales de octubre en la Eliana.

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