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críticas de círculo por la defensa

El "parche" de los Tinglados no oculta el mal estado de los bienes patrimoniales

22/02/2017 - 

VALÈNCIA. El estado de los tinglados del puerto de València sigue siendo noticia, y no por su mejora. La entidad Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio valenciano ha vuelto a incidir en las críticas derivadas de los problemas de conservación de las construcciones, especialmente de los tinglados número 4 y 5, declarados Bien de Relevancia Local (BRL). Fue hace unas semanas que, al recibir las segundas recomendaciones del Síndic de Greuges, se colocó una lona “mágica” en el Tinglado nº2, unas “obras de urgencia”, “parche” o “chapuza”, indican los representantes de la asociación, que “no impide que entre agua a raudales y que el deterioro y la corrosión sigan estando allí”.

“El problema de los tinglados 4 y 5 es que quedan más alejados de la parte turística y visible. Por allí sólo van camiones de carga y descarga y algún despistado. En ningún caso turistas porque, como mucho, llegarían a pie a para coger el barco o los cruceros. Y están llenos de basura, suciedad, elementos rotos, deteriorados, agujeros…”, critican. La situación de los tinglados no es sencilla ni física ni administrativamente. El conflicto por las ‘llaves’ de los edificios lleva años coleando. Fue cuando se celebró la Fórmula 1 en València que el Ayuntamiento los cedió a la Generalitat para instalar los boxes, sin embargo la cuestión sobre quién debía asumir los costes de las obras de adecuación (aproximadamente 22 millones de euros) alargaron la tensión entre unos y otros, un problema que pasó del Partido Popular a los nuevos partidos gobernantes.

“El Ayuntamiento se escuda en que la Generalitat es todavía 'propietaria' de los Tinglados nº4 y 5 y que no le ha entregado las llaves. Están a la greña, como siempre, mientras ambos tinglados están deteriorándose a pasos forzados”, denuncian desde Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio valenciano, que critican que la solución a las quejas hayan resultado en una lona. "Piensan que tapándolo el problema desaparece". Con un expediente abierto desde 2013 y unas recomendaciones aceptadas por el consistorio este mismo año, fue en septiembre de 2016 cuando el Síndic reiteró las recomendaciones demandando al Ayuntamiento de València que “extreme sus esfuerzos para lograr cuanto antes la adecuada conservación y mantenimiento de los tinglados modernistas”.

El futuro

Fue tras la Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de València del pasado 20 de enero, en la que el director gerente del Consorcio que gestiona la Marina, Vicent Llorens, presentó los planes de trabajo y proyectos pensados para este lugar, un encuentro con el alcalde Joan Ribó en el que destacaron que la Marina “ha salido del túnel y está viendo la luz". Preguntado por el futuro de los tinglados y por si se producirá una reducción del espacio comercial, el responsable del Consorcio destacó que este espacio que no acogerá un mercado gourmet como se había planteado anteriormente sino que a partir de ahora se concibe como un espacio público para uso de asociaciones y entidades de los poblados marítimos.

Llorens precisó entonces que no está en contra del comercio y apostópor su promoción, aunque también criticó que haya "planificadores que como no saben planificar" un espacio "pongan comercio" para rellenarlo. "Es más complejo, se ha de afinar y ser serio". Respecto a los tinglados 4 y 5 -cuyo desmontaje licitará la Generalitat en el primer trimestre de 2017 tras haber sido usado para la F-1-, el director gerente del Consorcio manifestó que se conciben como "dos contenedores que pueden dar y tener capacidad para acoger iniciativas relacionadas con la inteligencia".

El pasado

Los tinglados del Puerto de Valencia forman parte del paisaje de la ciudad desde hace un siglo. En el año 1911 comenzaron las obras, cuyos planos, ya elaborados, aguardaban su ejecución desde 1895 por falta de presupuesto y diferencias de criterio. Por aquellas fechas, el Ingeniero Director de Obras del Puerto era José María Fuster, quien llevó la supervisión de la obra, junto con Fausto Elio, aunque el autor e impulsor de los mismos fue el ingeniero Federico G. de Membrillera, subdirector del Puerto de Valencia en ese momento.

En cuanto a la ornamentación característica de los tinglados, se utilizan elementos modernistas y motivos industriales como esculturas, cerámicas, luminarias que mejoran la unidad lingüística de la obra respecto al proyecto. En el proyecto original existía bastante confusión entre la ornamentación propia de la Secesión vienesa con la del II Imperio francesa. Aunque en la obra construida se mantiene la estructura compositiva general se modifica la mayoría de la ornamentación II Imperio por otra más acorde con la España industrial. La restauración realizada en los años 80 es bastante respetuosa.

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