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¿POR qué beber vinos naturales?

Madurez

Desde la visión del ignorante, desde la experiencia más calmada, desde aquel abismo de contrastes

Por | 15/11/2019 | 1 min, 22 seg

El dulzor es alegría en los chiquillos, juventud para el curtido. La acidez, el rechazo del muchacho, el trastorno del anciano. Otro tema muy distinto, el azúcar que se agrega, ese mal que nos acecha.

Los animales atacan a la fruta que está en su punto: madura, radiante, tierna. Donde la acedía extrema se acelera, la cautela de una flor que nace bella.

La inmadurez de la fruta, la acidez acerba. Amargor, esmeralda siento. Blanco tenso, prieto. Madurez, añejo sentimiento, visión elevada del  eterno recuerdo. Rancio, capote, paseo.

La flor nace y poliniza, fluye, aromatiza. El fruto: tan liviano, tan frágil, tan pequeño. Tan etéreo. Uva, ya creciente. Verde oliva, redonda. Eres tan perfecta. Crece nutrida por la savia, esperando con la espera, respirando la simpleza.

 La evolución del pensamiento. Sigo aplaudiendo, de las letras aprendiendo. En el saber escuchar está, en el arte de parar. Solo pretendo seguirte, solo me vale sentirte.

Tu risa es mi sonrisa,                    
tu destello es mi luna, 
tu deseo mi Artemisa. 

Tu ilusión mi consecuencia,
tu calor mi llama fina.   

Eres mi caldo, mi puchero, hierbabuena, 
eres mi alma, mi querencia, mi gemela. 

Guíanos, dinos qué hacer, tú eres el maestro.
Os equivocáis de persona, solo soy el aprendiz.

Se puede ser artista sin pensarlo
Se puede ser humilde sin saberlo
Se puede ser bohemio con palabra
Se puede ser contrario y prisionero

@misteriosanlucar

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