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València a tota virolla  

Mariela Apollonio: desde Ciutat Vella, fotografías de la arquitectura que pudo ser

Mitad argentina y mitad valenciana, es la mediadora entre edificios, arquitectos y sociedad. Como indicará, la arquitectura traspasa su cuerpo. La relación física con los espacios le permite trasladarlos previo click

4/06/2022 - 

VALÈNCIA. Nació y creció en un pueblecito de Córdoba, en Argentina. Estudió Bellas Artes. Convalidó sus estudios en la Politécnica de València. Utiliza el verbo ‘cooptar’ con intensidad. Hace fotos de edificios. A veces, con ellas crea escenas donde aparecen humanos. Casi siempre no. Se estrenó con un edificio cuando un profesor le pidió si se atrevía. Entonces se convirtió en fotógrafa de arquitectura. Puede que cuando más se arrepintió fue al subirse, a punto de parir, a una grúa a 15 metros de altura para fotografiar una arquitectura al vuelo. Luego la grúa no bajaba. Últimamente trabaja con arquitectos en Noruega. Tiene su estudio base en la plaza Correo Viejo. Su término ‘imagen-mecanismo’ da para una tesis sobre medios y consumo. La arquitecta Mariela Apollonio vive en el territorio de la representación y, como en tantos otros ámbitos, se plantea hasta qué punto el relato y la realidad conviven con el peligro de que la realidad sucumba ante el relato. ¿Qué es un edificio? ¿Aquello que es o aquello que se ve? Apollonio convive entre esos dos puntos de tensión para explicar su propia búsqueda. No dejamos de ver fotografías de edificios, ¿pero qué hay en lo que no se ve?

-¿Cómo te conviertes en fotógrafa de arquitectura?
-Pienso en una imagen de Jeff Walll, The Crocket Path, el Camino Sinuoso, es un sendero cuyo final no ves bien y que ha tomado la forma del terreno y la situación. Es una profesión que no tiene una formación reglada como tal. Surgió porque tenía un profesor que nos daba clase de fotografía de arquitectura y él tenía que irse a vivir al extranjero. No podía acabar uno de sus proyectos -Intertronic, de Arturo Sanz- y me dijo: ¿tú te atreves a acabarlo? Cogí la oportunidad, me subí. Llevaba cámara de placas, requería unos tiempos, una dedicación, inauditos. Conocía al arquitecto y me tranquilizaba tener la posibilidad de equivocarme. Lo di todo (sin contabilizar horas, dinero, energía… poniendo tu ser entero) y les gustó. La arquitectura es lo que ha podido ser. De alguna manera ayudo a transmitir eso. 

Foto: KIKE TABERNER.

-¿Qué marca el acercamiento a un edificio? 
-Antes de empezar me imbuyo de la información concreta, técnica, del proyecto. Pero luego me olvido de todo, de las ideas del arquitecto, de sus idealizaciones… Se produce una relación física con el edificio: recorres, sientes, escuchas, hueles. Si yo no lo he sentido, no los puedo representar. Es una transformación de los referentes; el edificio pasa a través de ti y tú los devuelves. En parte me convierto en apoyo emocional del arquitecto porque tienes que comprenderl, saber lo que ha podido ser y saber lo que no, ser cómplice de sus ideas. 

Los arquitectos me suelen pedir que potencie lo que ha podido ser y que esconda lo que no se ha podido conseguir. Tú coges fragmentos, una belleza singular, pero que quizá no es la propia arquitectura. Se activan muchas cosas que tú vas ordenando, una especie de teatro, para una foto. El click es lo último, es lo que menos importa. Te conviertes en una especie de constructora de imágenes. Es un trabajo muy artesanal, puedes estar mucho rato, dándole lustre a la imagen. 

-¿La fotografía contribuye más a humanizar la arquitectura o a lo contrario?
-A veces incluyo la figura humana, pero es solo una parte de toda la puesta en escena. No por poner personas el tratamiento de la imagen va ser más humano, sino que es tu aproximación hacia el hecho. Julius Shulman trabajó para el movimiento moderno y ponía personas en sus imágenes, pero lo hacía de una manera prototípica: ponía amas de casa, el hombre con el coche reposando… Quería transmitir un status para que el espectador se sintiera representado y consumiera. Pero eso deshumaniza. Lo que humaniza es tu posicionamiento, reflejar a través de la imagen que hay un autor detrás Sobre todo en un momento en que la representación casi es más importante que la propia arquitectura. 

-Un enfrentamiento entre relato contra realidad. 
Pero no me implica ninguna disyuntiva. El fotógrafo no solo tiene que trabajar afirmativamente dentro de su medio, sino ser una persona que analiza la realidad ante la que se enfrenta. El problema actual con la imagen de la arquitectura es que la representación -que es un momento más del proceso arquitectónico- ha cooptado todas las otras instancias. La representación se ha inflado y se le confunde como la realidad misma. La representación de la arquitectura la han cooptado los medios de masas cuyo interés único es que sea un producto de consumo. Eso influye sobre las ideas mismas. Las revistas quieren que tú compres la arquitectura, y el medio ha acabado determinando la forma. Es un consenso estético y visual porque esa manera es dulce, comercial. Yo le llamo la ‘imagen-mecanismo’, porque el mecanismo tiene más importancia que el sujeto. Es una imagen sin autor, transparente y sustituible. 

-¿Qué dejamos de ver?
-Si tienes imágenes que solo se centran en la fotogenia y en lo superficial, si no sé nada y no veo grietas, lo que tengo es una idea espectral, y es un problema porque construimos ideas falsas, superficiales. Abogo porque la imagen se tome como pensamiento y existan más canales de pensamiento. 

Hace poco el arquitecto Juan Herreros me convocó cuando estaba diseñando una galería de arte. Y antes de acabar, me citó para saber mi punto de vista. Cogimos las obras de la colección y las bajamos en mitad de un entorno caótico, por acabar. Saqué también a los ejecutantes del espacio (carpinteros, jefes de obras…). Se humanizaba no ya por fotografiar personas, sino por incluir un pensamiento, porque se arrojaba una idea. 

-¿La arquitectura y su fotografía siguen una misma evolución? 
-Hemos dejado atrás un momento de la arquitectura más masculina, de los starchitect, tan soberbia… Falta que esa misma imagen se deje atrás. Hay proyectos pequeños, sin grandes alardes, que ya tienen espacio gracias a los nuevos canales. Tienen presencia e influencia. Antes solo podían publicar los que ya eran el establishment. El acceso se ha democratizado. Con pocos recursos puedes decir cosas. Ocurre también geográficamente: España se ha atomizado, ya no es Catalunya y Madrid quienes generan arquitectura de alto nivel. Trabajo con revistas que tienen interés en publicar pequeños estudios. Ha hecho también que lugares como València ya no sean invisibles. 

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