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MAPA DE SONADAS RECOMENDACIONES

Músicos de buen comer: mesones y bares fetiche para sobrevivir a una gira por carretera

Bandas como Los Zigarros, Maronda, La Habitación Roja, Betunizer y Santero y Los Muchachos nos cuentan cuáles son sus paradas imprescindibles cuando conducen por las principales autovías del país

24/08/2017 - 

VALÈNCIA. Horas y horas comiendo kilómetros de asfalto. Duras resacas compartidas en el estrecho cubículo de una furgoneta. Falta de sueño, aburrimiento… y mucha hambre. Nadie dijo que la vida en la carretera fuese fácil, pero tampoco tiene por qué sufrirse como un castigo. De esto saben mucho los músicos con los que hablamos en este reportaje. Para ellos, comer en ruta no es un mero trámite. Más bien al contrario; es un aliciente más que añadir a la vida en los escenarios.

Los menús de carretera brindan a veces gratas sorpresas, pero para el forastero no siempre es fácil dar con ellos. TripAdvisor ha facilitado mucho la tarea en los últimos tiempos, eso es cierto, pero todavía pervive en el “gremio” la tradición de recopilar en libretas (o compartir en grupos de WhatsApp) todos esos tesoros culinarios descubiertos fortuitamente a lo largo de los años. La mayoría de estos restaurantes y tabernas están pertinentemente situadas cerca de las grandes aortas que conectan València con los principales centros de actividad musical del país. Otros se han convertido en pequeños destinos. De camino, eso sí, a otra parte.

Maronda, cautivados por un perol de alubias riojanas

Para Pablo Maronda, las giras ofrecen la oportunidad de descubrir sabores tradiciones de todos los rincones de la península. “Me gusta mucho todo ese rollo antropológico de probarlo todo, e insistir incluso con los sabores complicados –comenta-. Es como los discos que no entran a la primera; hay que darles una segunda oportunidad. Recuerdo que al principio los percebes me daban asco, pero ahora me encantan. O la lengua de vaca, que probé por primera vez durante una gira en solitario que hice por Galicia”.


El músico valenciano -que prepara en estos momentos la salida del cuarto LP de Maronda, Patrones de fuerza- comparte con nosotros dos de sus establecimientos fetiche. Uno de ellos, Pipes i Carasses, se encuentra de hecho dentro de las lides de la Comunitat Valenciana, en la localidad de Benicàssim (“Sus arroces son increíbles, aunque la verdad es que todo lo que cocinan está buenísimo, como ese pulpo a la brasa que meten al horno con ajoaceite”). El segundo fue fruto de una de esas sorpresas que depara la carretera. Volviendo del festival Ebrovisión, los cuatro miembros de Maronda acabaron sentados a la mesa de Vega, en Rodezno. Un restaurante de especialidades riojanas al que llegaron guiados por la recomendación de un empleado de gasolinera. “El típico restaurante de pueblo con raciones enormes y peroles de alubias increíbles. Un paraíso”.

Su compañero de aventuras en la música y en el yantar es Marc Greenwood, productor y guitarrista en Maronda y bajista durante casi dos décadas de La Habitación Roja, una banda que no se alimenta nada mal. “Él se ha pateado tantas veces la península que es imposible llegar a un sitio y que no sepa donde comer”, reconoce Pablo.

El mapa elaborado con todas las recomendaciones

La Habitacion Roja: expertos en paellas y tortillas poco hechas

“En La Habitación Roja todos somos de buen comer, y nos gusta probarlo todo. Pero sobre todo somos muy de ensaladilla rusa, y para mí la mejor la sirven en el Café Bar Gran Vía, en Murcia. También nos encantan los pinchos de tortilla (la buscamos jugosa, poco hecha). A mí, personalmente, me encanta la que hacen en la bodega La Ardosa, en Madrid, o en el Bar Alhambra, en Valencia”, apunta Greenwood.

Cuando de lo que se trata es de pegarse un "buen homenaje", en este grupo no se piensa en la gastronomía molecular, sino en paella. No hace falta que nos lo diga, sus redes sociales hablan por sí mismas de esta sana obsesión con el plato más emblemático de su tierra. “La hemos comido en El Palmar, en L'Alter (Picassent), en L'Estimat (Valencia), en La Dehesa (El Saler), en Mare Nostrum (El Perellonet), en Maigmó (Tibi), y más sitios que ahora mismo no recuerdo. Y más que nos quedan, porque lo de este grupo con el arroz es un no parar”.

Le preguntamos también por su mayor hallazgo gastronómico a lo largo de sus 17 años de carrera con el grupo. “Creo que mi mayor descubrimiento ha sido el pollo con mole poblano, que probé en México y rápidamente se convirtió en uno de mis platos favoritos”.

Carlos Jorro Valera, el manager que se las sabe todas

Varias fuentes nos conducen a Carlos Jorro, propietario de los locales de ensayo Zulú de Alboraya, y a la sazón manager de bandas como La Pulquería y Santero y Los Muchachos. Uno de sus atributos más apreciados es, precisamente, su valiosa “agenda mental” de locales de carretera donde llenar el buche como mandan los cánones. Con él no hay riesgo de acabar sentado delante de unos “macarrones cuartelarios”. “Suelo trabajar con músicos que ya han pasado los treinta años, y a ciertas edades la calidad adquiere mucha más importancia que la cantidad”. “Siempre he tenido muy claro que a la gente hay que cuidarla –agrega-. Observando cómo trabajan las orquestas he aprendido muy bien lo que no se debe hacer. Esas dietas sórdidas de 6 euros para comer deberían ser ilegales”, agrega. “Comer bien te reconforta y hace más llevaderas las palizas de kilómetros que nos pegamos. La gente no sabe la matada que significa para los músicos y los que viajamos con ellos. Por no hablar del peligro que entraña, aunque nosotros estamos muy concienciados y tenemos mucho cuidado”.

Carlos Jorro, manager de La Pulquería (entre otras bandas), cortándole un filete al cantante, Gerard Sanz, en un restaurante de carretera de camino al Viñarock
Las tres premisas clave de Jorro durante las giras son: no improvisar nunca si puede evitarse; salir siempre de las autovías y huir del típico autogrill de gasolinera, y comer siempre de menú (entre 12 y 16 euros se considera razonable). “Si el restaurante no lo tiene, lo cierro yo con ellos por teléfono durante la ruta. Así no solo contienes los gastos, sino que además garantizas que te atienden rápido, porque lo habitual es ir con el tiempo justo para llegar a la prueba de sonido o al concierto en la ciudad de destino”.

Entre sus locales preferidos, uno cuyo nombre escucharemos en varias ocasiones durante la elaboración de este reportaje: Terraza El Paradero, situado en Paniza, en la carretera de Teruel que muchos grupos valencianos toman de camino al norte de España. “Un menú fantástico y un lugar con gente encantadora”. Gerard Sanz, cantante de La Pulquería (banda en estos momentos ha cesado su actividad), también habla maravillas de este establecimiento. “Además de ser muy pintoresco, tiene un camarero que te recita con una calma asombrosa  todo el menú, que consta aproximadamente de 10 primeros y 10 segundos. Lo mejor es que cada plato viene precedido de un artículo: El pimiento relleno, La carrillera de cerdo con patatas a lo pobre. Muy gracioso el tío”.

En Tudela, también de camino al norte, Carlos recomienda el Asador de Miguel. “Un restaurante en medio de un polígono al que no entrarías en la vida, y sin embargo sirven unos platos que no te lo crees por 12 euros”. En su opinión, Navarra es la comunidad donde mejor se come en España.

En la A3 que conduce a Madrid -la de la temida Área 175, con sus bocadillos de tortilla extraterrestre a precio de jamón Joselito-, este manager tiene siempre plan de rescate. “A la altura de la salida de Honrrubia, hay dos locales que están muy bien, Moya, en dirección a Madrid y Marino, si conduces hacia Valencia”. En la carretera de Aragón, Venta de Aires, un mesón cuya especialidad son las carnes a la brasa y paté de perdiz.

La pasión de Gerard Sanz (La Pulquería) por las “marineras” murcianas

“En La Pulquería hemos seguido la misma máxima, incluso en nuestras primeras giras, cuando había poco dinero: preferimos comernos un buen chuletón a ganar pasta”, confiesa Gerard Sanz, cantante el grupo. A los establecimientos recomendados por su representante, él añade algunos más.

“Nos encantaba ir a tocar al Festival Villacarriedo, en Cantabria, porque el organizador nos invitaba a comer a su restaurante, Las Piscinas de Villacarriedo, que es un sitio en plan bien. Eso para un grupo es como si te tocara la lotería”. 

Aparte de ese affair con la comida cántabra, Sanz destaca El Gallato, en Murcia, un bar situado cerca de la sala de conciertos Planta Baja. “Allí preparan marineras, que es una rosquilla enrollada en sí misma que viene con ensaladilla rusa y una anchoa. La mejor del planeta”.


En cualquier caso, de su experiencia como músico de carretera y manta extrae dos conclusiones: “La primera es que la comida a base de pintxos en ciudades como Logroño, Bilbao, Vitoria y Donosti está sobrevalorada. Yo siempre acabo con un empacho horrible porque mezclas de todo. También hay otra cosa que me llama mucho la atención. En cuanto te alejas de la costa levantina 60 kilómetros hacia el interior, la gente ya no tiene cultura de verdura ni de ensalada. Son cosas que hecho mucho de menos cuando estoy de gira”.

Corazones Eléctricos: carne argentina a orillas del Cantábrico

Inmerso ahora mismo en el proyecto musical Corazones Eléctricos, Pau Monteagudo también arrastra algunos clásicos imprescindibles de sus tiempos con la banda Uzzhuaïa. “Cuando voy al norte suelo visitar un asador argentino que se llama Rocamar y está situado en la playa de las arenillas, en Castro Urdiales, Cantabria. Un lugar con vistas al mar y una carne espectacular. Cuando volvemos de gira, la última parada la hacemos siempre en Casa Chaparro, Ribarroja, donde preparan las mejores paellas del mundo”.

Betunizer, morritos finos 

Con 400 conciertos a sus espaldas y una conocida afición a la buena mesa, el trío formado por Marcos Junquera, José Guerrero y Pablo Peiró está de sobra cualificado para prescribir opinión en locales de carretera. Sale de nuevo a colación la terraza El Paradero, en Paniza (“Es el único restaurante por el que llegamos a condicionar nuestra hora de salida desde Valencia”) y, también en los alrededores de Zaragoza, el restaurante Puerta de Terrer de Calatayud (“Con menús a 11 euros y un corderito espectacular”). Cuando la hoja de ruta apunta a Cataluña o Francia, Betunizer suelen hacer parada en la taberna restaurante La Bocana, en L’Ametlla de Mar (Tarragona). Allí lo suyo es pedir arroz y fideuá, y cuenta con el aliciente de que puedes acompañar la comida con cava dentro del precio del menú. “La mejor relación calidad-precio que puedes encontrar cuando viajas entre Barcelona y València”, corrobora Peiró.

Menú del restaurante Puerta de Terrer, en Ametlla de Mar, Tarragona
En Galicia y Asturias, donde también se prodiga a menudo -ya sea con Betunizer o con alguno de sus otros proyectos como Cuello, Jupiter Lion y Segunda Persona-, José Guerrero maneja una lista de imprescindibles: Casa Chus, en Oviedo; Breogan, en Lugo, y Casa Durán, en Pontevedra.

También en Pontevedra, el quinteto valenciano La Plata recomienda el bocadillo de pulpo con queso de tetilla de Casa Fidel O’ Pulpeiro. En Málaga, la Catedral del Pescaíto es uno de sus últimos descubrimientos.

Los Zigarros y la cocina casera de la señora Mariel

Nacho Tamarit, bajista de Los Zigarros, incorpora varias aportaciones a este peculiar mapa gastronómico. Una de ellas es El Rincon del Gallo, en Gallur (Aragón): “Es un clásico de toda la vida entre grupos españoles como Celtas Cortos. Para llegar hay que desviarse 10 kilómetros de la autovía, pero vale la pena”. En la ruta Madrid-Valencia suelen dejarse caer por San Cristobal, en la población conquense de La Almarcha. “Nos ven entrar y ya nos ponen en la mesa nuestra ración de piparras y ensalada. Son muy majos”. Cuando el destino es Galicia o Asturias, Los Zigarros hacen una parada técnica en Villalpando, Zamora. Les gusta la cocina del pequeño hostal Athlanta, con menús caseros que son una “auténtica sorpresa” para el viajero.

A la banda valenciana le gusta la mesa y el mantel, pero mantiene desde sus inicios una costumbre muy socorrida para aquellas rutas que emprenden con poco tiempo para parar o pocas perspectivas de comer “sano y natural”. Son los exquisitos menús de táper que les prepara Mariel, la madre de los hermanos Ovidi y Álvaro Tormo (vocalista el primero y ambos guitarristas de la banda). “Esta señora tiene una mano increíble para cocinar, y lo hace con mucho cariño. Sus termos-olla con guisos de ternera y arroz nos salvaron la vida durante nuestra primera gira”.


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