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¿qué se perderá con el edificio?

Un obituario para el Cine Metropol

16/04/2021 - 

VALÈNCIA. La noticia es prácticamente inminente: el cine Metropol está abocado a ser un hotel. La protección no ha llegado a tiempo y los servicios jurídicos del Ayuntamiento alegan que no se puede demorar más la licencia. Este parece el principio del final de un largo proceso que empezó con la publicación de un artículo en este diario: Adiós al cine Metropol. Lo que parecía inminente, se ha ido dilatando en el tiempo por la repuesta de la sociedad civil para proteger el edificio de su derrumbe. El colectivo ha hecho, desde 2017, toda una labor de documentación y memoria. Un trabajo que ha conseguido poner en valor (no lo suficiente) el proyecto que acabará -previsiblemente- en escombros. Un trabajo que permite dedicarle un obituario

El cine Metropol es una de las huellas más importantes de esa València de los 70 cines. Inaugurado en 1934, se trata de un proyecto empresarial impulsado por Vicent Miquel Carceller, editor y dibujante en La traca, y cuyo trabajo en unas viñetas satíricas de Franco le valió la vida al acabar fusilado. El cine se abrió con las más altas tecnologías en aquella época, con equipo de imagen y sonido de la casa Siemens y un gran patio de butacas con capacidad de 1.200 personas, uno de los aforos más abultados de València. “Los beneficios que obtenía Carceller con La Traca le invitaron a reinvertir el dinero en una sala de cine que prácticamente desde su apertura fue un referente de la vida social valenciana”, contaba Carlos Aimeur en este diario.

Se trata de un edificio que contaba con dos fachadas, el número 7 y el 9 de la calle Hernán Cortés, en un edificio que sigue en pie aunque es del siglo XIX. El interior y la fachada corre a cargo, en la década de los 30 de Javier Goerlich, ya reputado arquitecto de València. (“el arquitecto de València”, que ahora tanto se reivindica), que decidió experimentar y crear su primera obra racionalista. “Es el abuelo de los edificios racionalistas de València”, asegura Fernando Sanz, de la plataforma Salvem el Metropol.

El interior es una obra art decó de un alto valor histórico, a la imagen de los grandes cines populares de Hollywood. La decoración y la sala están creadas desde el espejo de un cine que ya ha devenido en la principal fuente de ocio cultural de masas. En la fachada, ahora gris y con elementos nuevos, destaca el nombre de Metropol con una singular tipografía que salió también de la misma oficina Goerlich. Una tipografía icónica a la altura de la de los refugios antiaéreos de la ciudad. Única y parte de la identidad de la ciudad.

Foto: KIKE TABERNER

El Metropol pronto se convierte en un proyecto muy popular. Las comedias son su especialidad. La Guerra Civil causa estragos en todos los ámbitos y el Metropol es confiscado a Carceller por parte del Comité Ejecutivo de Espectáculos Públicos, controlado entonces por UGT y CNT. El Metropol se convierte, de esta manera, en uno de los principales altavoces de la propaganda republicana, con noticiarios sobre el frente y películas con una narrativa sobre el conflicto. De hecho, Tiempos Modernos de Charles Chaplin se estrenó entonces con tan solo ocho meses de diferencia a su lanzamiento en Estados Unidos.

Tras la guerra, el cine sigue funcionando dentro de la amplia red de los cines de la ciudad. En el centro de la ciudad, cada esquina es un cine. Y el Metropol acaba convirtiéndose en uno de reestreno, que por sus entradas a precios populares, eran un grueso importante en la València de mediados del siglo XX.

“El principal activo del Metropol no es ni siquiera el valor del edificio, que lo tiene, o que junte la memoria de Carceller y la de Goerlich, sino las historias que contiene”, explica César Guardeño, también de la plataforma Salvem el Metropol. “El gran valor es contar con un espacio que historiadores valoramos mucho: tenemos íntegramente un lugar físico donde ha ocurrido la historia. Y no se trata de un edificio oficial o institucional donde se firmaran grandes acuerdos. Era el cine al que acudían los soldados cuando volvían de permiso en la guerra y era el lugar donde nos han llegado muchas historias de gente que ha sido feliz allí”, completa Sanz.

El Metropol, a diferencia de tantos otros a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, aguanta los envites de una ciudad a la que le empiezan a sobrar los cines a decenas. La mala suerte del edificio se la trae un incendio en 2001. Un siniestro que, sin embargo, no afecta de lleno a la propia sala, que según afirman desde Salvem el Metropol, “está dañada pero se conserva en buenas condiciones”. Estaba a punto de proyectarse Operación Reno cuando se inició el fuego, según cuenta la hemeroteca. El fuego acabó con el patio de butacas pero no con el grueso de la decoración art decó de Goerlich ni con los elementos más significativos. Sin embargo, el cine nunca más volvería a abrir.

En 2017, suenan todas las alarmas: sobre el cine se proyecta ahora un hotel y un aparcamiento. el edificio, no protegido, se derruirá. Es entonces cuando se forma Salvem el Metropol y empieza una labor de documentación gratuita. El objetivo es demostrar que el edificio tienen un valor patrimonial y simbólico suficiente como para ser protegido. “Le hemos echado muchas horas de trabajo voluntarias y hemos conseguido seguramente el mayor estudio de un cine de València”, opina Fernando Sanz. Paralelamente, se ha convertido en un edificio fetiche para la escena de la ilustración local y un símbolo para la sociedad civil de memoria democrática.

A partir de entonces, todo desemboca en una sucesión de cales y arenas. La Conselleria de Cultura no cree que deba ser protegido, la Universitat de València sí; el Consell Valencià de Cultura lo rechaza, el Ayuntamiento de València expresa explícitamente que desean protegerlo. Ni lo uno ni lo otro ha cambiado la situación. Tras cuatro años, ahora sí parece inminente. Se perderá un edificio, pero -y a riesgo de romantizarlo- se pierde también un lugar que es testimonio vivo del siglo XX en general y de la Segunda República en particular. Las historias que quedaron dentro se arrasaron con el fuego. Ahora quedará un “Aquí yació un cine” de la gente despierta que pase por Hernán Cortés número nueve en una València que borra e intenta recuperar al mismo tiempo su huella cinéfila.

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