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Marinah reivindica su 'afrolailo' en València frente al purismo y la apropiación cultural

30/08/2018 - 

VALÈNCIA. El desprevenido transeúnte que se acerque el próximo 31 de agosto a los alrededores de La Beneficència, probablemente se vea inundado por un carrusel de flamenco, rumba, ritmos cubanos y hip-hop. Si tal es el caso, el diagnóstico será claro: se trata del concierto que ofrece Marinah este viernes en el marco del festival Etnomusic Estiu. Una cita ineludible para los amantes de la fusión sonora que podrán conocer el último trabajo de la artista, un disco que lleva por nombre Afrolailo.

El título del álbum constituye, en sí mismo, toda una declaración de intenciones. “Yo llevo mucho tiempo siendo ‘afrolailo’”, explica la que durante diez años fuera vocalista y compositora del grupo Ojos de Brujo. Detrás de Marinah encontramos a Marina Abad, para quien el término con el que ha bautizado su nueva propuesta condensa “la mixtura entre la rumba, el flamenco y la música cubana y caribeña”. No hay espacio aquí para el purismo y la ortodoxia rítmica. “Además, es una realidad que tengo en mi casa: mi hijo es medio cubano, tiene a sus abuelos allí…para mí, ‘afrolailo’ es una definición de lo que yo soy, de mi vida”, apunta la artista. 

En este sentido, la cantante reivindica el mestizaje cultural como un componente “común a toda la humanidad actual. Desde que el mundo es mundo ha habido movimientos e intercambios entre los individuos. Ya sea como resultado de una convivencia pacífica o debido a procesos tan terribles como la esclavitud o las conquistas, podemos decir que la pureza no existe. Todas somos mezcla, si echáramos la vista atrás descubriríamos que por nuestras venas corre sangre de todos los rincones del planeta”. En la misma línea, reconoce que lo que le “enamora” de la música es su vertiente como “lenguaje universal con el que comunicarse y unir personas”.

 

Uno de los ejes fundamentales en el trabajo de Marinah reside en la fusión de géneros y estilos. Desde ese prisma, resulta inevitable poner sobre la mesa la candente cuestión de la apropiación cultural, sobre todo si tenemos en cuenta su fuerte vinculación con el flamenco y los ritmos afro. Un debate que para Marinah resulta “muy interesante” ya que “obliga a que nos cuestionemos a nosotros mismos, pues a veces nuestras acciones tienen unos resultados de los que no somos conscientes”. “Es un tema del que he estado leyendo desde hace mucho tiempo, me parece genial que salgan estos asuntos a la luz y empiece a haber una conversación al respecto. Debemos escuchar a esos colectivos que sienten que les están robando”, apunta. Respecto a su posición como creadora, considera un precepto irrenunciable la aproximación a esos sonidos propios de otras comunidades “desde el respeto y el conocimiento”. “Llevo muchos años tocando con flamencos, cubanos o africanos: si en mis creaciones aparecen referencias a estos estilos es porque ellos las han aportado. Es decir, no es que yo haga flamenco por mi cuenta, es que me junto con flamencos”, subraya. “Para mí la clave de la apropiación cultural es el objetivo con el que se hace realiza una creación artística y los medios que se emplean para ello”, añade la vocalista.

Cómplices del 'afrolailo'

Afrolailo es Marinah, pero no solo Marinah. Por los distintos cortes que componen este trabajo desfilan otros conocidos artistas como la rapera Arianna Puello, que le acompaña en Dime quién; el grupo Lágrimas de Sangre, con Esperanzah; o el guitarrista Chicuelo, que ofrece sus cuerdas en Ríe llorona. Por otra parte, la Mari de Chambao presta su voz al tema Medio pan, el compositor de hip-hop Kumar aparece en Mil caballos salvajes y el trompetista cubano Carlos Sarduy presta su sonido a Guayo, canción que abre el álbum. 

 

Para sacar adelante el proyecto, la artista ha recurrido al micromecenazgo, un método  que, en su opinión, supone una forma de "estar en contacto con tu gente, con  quienes disfrutan de tu música y realmente quieren que publiques. Se logra cierto sentimiento de comunidad". De igual modo, la cantante plantea esta forma de financiación como "una nueva manera de caminar en un momento en el que la industria musical no ha sabido reaccionar a los nuevos tiempos y a los cambios que se han producido en la forma de relacionarse con los usuarios". "El sector ha llegado tarde y ahora el formato de disco prácticamente se ha quedado obsoleto porque las canciones se consumen de otro modo. Hoy la música está metida en una dinámica de fast-food: se buscan temas fáciles y frívolos", admite. 

En cuanto a la situación de los espectáculos en directo, Marinah es tajante: "sigue funcionando porque a los músicos no nos quedan más maneras de sobrevivir, pero estamos en un momento muy complicado".  Aún así, ella reivindica la vigencia de los conciertos como "una experiencia íntima y única, aunque se viva en la colectividad, que te mueve y te transforma interiormente. Ahí está el valor de la cultura y el arte: que nos tocan el alma y nos hacen mejores". En cuanto a sus motivaciones a la hora de confeccionar su proyecto musical, la cantante asegura no hacer “música para vender”. “Trabajo en lo que creo e intento ser coherente con mis inquietudes y mis búsquedas personales, con aquello que me hace feliz. Podría lanzar canciones más mainstream, más estándar y mediáticas, pero no es lo que busco ni lo que me interesa”, indica Marinah. De momento, ella apuesta por seguir siendo 'afrolailo'.

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