Comer

Los planes falleros de la redacción de Guía Hedonista

A continuación, seguimos la pista a las almas hedonistas por excelencia de la ciudad del Túria. Y lo hacemos en estos días de pólvora, color, música y por supuesto, gastronomía. ¡Apunta!

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Tanto si vienes de fuera como si resides en Valencia, desde Guía Hedonista nos hemos propuesto este año, ofrecerte unas buenas Fallas. Porque como en toda gran fiesta, las hordas de visitantes y las aglomeraciones está a la orden del día. Pero, ¿y si te ofrecemos planes que no siempre sigan el circuito habitual? O que aún siguiéndolo te acerquemos a auténticas joyas que merece la pena ser disfrutadas en estos días de jolgorio.

 

Para ello he preguntado a mis compis de batalla, de mesas y de palabras; a gran parte de la redacción que da vida a esta bonita casa llamada Guía Hedonista. Y a los que no aparecen en estas líneas, -como nuestro querido Jesús Terrés, ejem, ejem-,  no los busques por la ciudad: prometen escaparse durante estos días, muy, ¡pero que muy lejos!

 

El resto, nos han chivado su dirección de buñuelos predilecta, ese restaurante que no pierde la esencia a pesar del bullicio, ese plan fallero que ya es tradición o ese rincón secreto al que regresar cuando la ciudad arde y el alma pide refugio. E incluso, Carla Centelles ha decido tirar un poco más  hacia casa, un poco más al norte y llegar hasta Castellón con su tradicional Magdalena que estos días también vive sus fiestas grandes.

 

València, ¡Ja estem en Falles!


Paula Pons

Toda mi relación fallera de este año sucedió el fin de semana pasado: comí paella en una multitudinaria falla de LEixample; desayuné un chocolate con buñuelos de los memorables; y me peleé con unos falleros que nos invitaron a mis hijos a mí a salir de su” calle porque ellos la pagabany allí no podíamos tirar petardos. Claro que sí, hombre. Germanor. Hoy viernes, en cuanto pueda, me iré bien lejos. 

Si me quedase, lo que haría sería intentar alejarme del mogollón. Es difícil, pero se puede.  Buñuelos, en los hornos o en los sitios de toda la vida –LArt del Sucre, Bienve, Aspai–; bares como el Bajo Bar para el vermú donde casi que ni escuchas los petardos, y para cenar, refugios que siempre son casa como Acapulco bar –a pesar de estar cerca del jaleo, esto es como entrar en otra galaxia–.  Si quisiera algo más elevado, me iría a Simposio. Estuve hace tres días y la comida fue apoteósica, más atronadora que cualquiera de los castillos de la semana que viene. Oye, pero si apetece jarana –no se dejen contagiar por mi espíritu antifallero–  Barecito, en la zona cero, con dij en directo sábado y domingo de 10:30 a 13:30 h. y una tapa de solomillo con ajetes que te hace perdonarlo todo, es el lugar. 

 

  • - Acapulco bar 

Marta Moreira

Mi idea de ‘plan fallero’ consiste básicamente en huir de la ciudad. Creo que no es el mejor momento del año para disfrutar de la oferta gastronómica que ofrece Valencia; el combo de contaminación acústica en la calle y el abarrotamiento generalizado de los restaurantes es terrible y afecta inevitablemente a la experiencia del comensal. 

Sin embargo, hay un plan fallero que no perdono ningún año. Antes de mi autoexilio visito la mítica buñolería de Bienve, en Reino de Valencia, y me doy un homenaje. Son una auténtica delicia; sin duda, los suyos son mis buñuelos favoritos. Pequeñitos y de sabor bien concentrado. Una vez he cumplido el ritual ya estoy lista para emprender el viaje a destinos lúdico-gastronómicos menos conflictivos para mí. 
 

  • - Amparo de Buñuelos Bienve


Silvia Ruiz de la Prada

No soy muy fan de las aglomeraciones por lo que no me veréis haciendo el circuito de las Fallas de la sección Especial o las luces de Ruzafa. Soy más de disfrutar de la gastronomía valenciana, bocado a bocado. Para este 2026 me he propuesto probar, -¡a ver si hay suerte!-, los buñuelos de higos del Els Tonets del Carme o el recién estrenado foodtruck de Aspai Obrador en su local de  Ruzafa, concretamente en el número 111 de la avenida Peris y Valero.

Antes de la mascletà, parada obligatoria en Clem Café, siempre infalible con sus opciones dulces y saladas. Después me gusta mucho alargar la fiesta en Bar X o en Boatella, aunque este año ya tengo la reserva hecha en Somos Raro para ir a comer con mis amigas. ¡Tienen nuevos platos y han añadido a modo postre unos buñuelos de calabaza con sorbete de chocolate que estoy deseando probar! Puede que también salga del centro, un poco de Bernal A Costa en Patraix o Marghè en Malilla.

Si hace bueno me apetecería coger la bicicleta por el Jardín del Túria y hacer un pícnic. ¿Quizá con la pasta de Malditos Pastardos, una foccacia de È Pazzo o con un capacito de productos gourmet de La Chata Ultramarinos?
 

  • - La Chata Ultramarinos 

Y por último, me encanta visitar museos cuando el bullicio y la pólvora resuenan al otro lado de sus muros. Antes, el Centre del Carme era visita obligatoria porque molaba mucho; y ahora, me encontraréis en la nueva muestra inmersiva recién inaugurada en Bombas Gens: La leyenda del Titanic. También es buen momento para redescubrir el Centro de Arte Hortensia Herrero o la Fundación Sorolla donde tienen una fantástica exposición con obras de Sorolla y otra, tan curiosa como estimulante, de Cristina Babiloni, que bien merece la pena una visita pausada.

¡Ah! Y estoy deseando que l’Alter haga nuevo récord de paellas el Día del Padre. El año pasado hicieron 88 paellas en un solo día, ¡y sumando!

 

  • - L'Aler

Guillermo Navarro

Como buen fallero casalero, me cuesta mucho salir de la carpa si no es para desfilar, pero cada año recibimos a amigos de fuera y les damos tres recomendaciones esenciales para un shot gastro de Fallas que siempre deja buen sabor de boca. Recordemos el mantra: no es la mejor época para conocer Valencia, pero sí la mejor para conocer el carácter valenciano.

Buen chocolate con buñuelos (recuerda: churro en València se pronuncia buñuelo). Sé que aquí tocaría hablar de Ñam (aplauso a la buena gente de Aspai) o de Amparo y su eterno puesto en Bunyols Bienve, pero por razones personales, memoria gustativa y estándar de calidad, Contraste es mi templo bunyoler. Además, alguien que hace algo excelente todo el año merece toda la admiración.

Si has hecho los deberes y has reservado con la antelación de tu vida, lo que toca es Carmela, en su Casa o en la Colonia. Así aprovechas que al fin llega el tiempo de fallasy te llevas vista mar con solazo de regalo. Si tiene algún hueco, da igual el día o la hora: hay que ir.

Y si lo tuyo es mezclarte con la marabunta postmascletà y dejarte llevar sin rumbo, vete a barrear. Eso sí, evitando a toda costa los locales del frente popular de la fritanga en la Plaça del Mercat. Busca refugio gastro en Gallo de Oro o Tasca Sorolla: seguro que encuentras hueco y te aseguras comer rico en total ambiente fallero.

 

  • - El Gallo de Oro 

Olga Briasco

En las Fallas no hay término medio: o te marchas lejos de la ciudad o te lanzas a vivirlas a pie de calle. Yo suelo ser de estas últimas, porque si me quedo en Fallas, las vivo con intensidad. Me encontraréis cerca de ellas, siendo una más en esas calles que durante estos días pertenecen a los peatones y no a los coches. Eso sí, la bici la dejaría en casa.

La mañana empezaría en el Mercado Central. Me sentaría en uno de esos privilegiados taburetes de Central Bar y pediría un aperitivo: la ensaladilla rusa y unos buñuelos de bacalao. Allí, entre el murmullo del mercado, los colores y los aromas, recargaría pilas para vivir un día fallero. Después caminaría hacia la plaza del Ayuntamiento para ver la mascletà. Avanzaría entre la gente hasta pegarme a la valla. A las 13:50 ya estaría nerviosa con el primer aviso, buscando posición.

Son apenas unos minutos, pero no hay nada más fallero que ese momento en el que la plaza tiembla, el aire se llena de pólvora y el estruendo lo invade todo. Llega la hora de comer. Aquí el plan dependerá de mi humor. Si tengo morriña de viajar, elegiría Vuelve Carolina y su menú Fallas, con esos platos viajeros que te transportan sin salir de València. Si, en cambio, el día me pide tradición, entonces Bodega Alenar: unas coques, su sardina ahumada y varios platillos al centro para compartir. La tarde es para caminar sin rumbo fijo, yendo de falla en falla, dejándome envolver por el olor a buñuelos recién hechos y el sonido de las bandas y charangas que llenan las calles. Aunque no seas de una falla, el ambiente emociona: mirar los monumentos, asombrarme con la creatividad y la monumentalidad.

Al caer la noche optaría por La Principal para tomar algún montadito y saciar mi patito carnívoro antes de buscar sitio para el castillo de fuegos artificiales. Y después, quizá, acabar la noche en alguna verbena hasta que el cuerpo aguante. O quizá no. Quizá el cuerpo me diga basta y sea hora de volver a casa.

¿Y al día siguiente? Seguramente me encontrarías en la montaña, respirando aire puro y recuperando el silencio.

  • Central Bar. Foto: KIKE TABERNER -

Ana González Barranco

Admito que no soy la persona más fallera, pero este año me quedaré en Valencia para brindar con mi prima Carla, fallera mayor de la Falla Salamanca-Conde de Altea. Compraré buñuelos en el puesto Els Tonets del Carme y también, en Bunyols Bienve y en Aspai. Desayunaré en The People’s Coffee (Torrent) y, antes o después del Dia de la Cremà, me acabaré los libros El delantal y la maza (María Arranz) y De lentejas y caviar (Jorge Guitián) de Col&Col Ediciones.

Quiero sacar un hueco para visitar la tienda Trobar en El Cabanyal y entre visita y visita a los monumentos falleros, tomaré alguna pizza en La Finestra de Russafa.¡Ah! Y para el Día del Padre, comeremos arroz al horno en casa y compraré bombones y pastas de Crème Brûlée, como regalo, para compartir con todos.

 

 

  • - Trobar

Macarena Escrivá

¿Mis fallas? Hace años que no las paso en Valencia. A este paso, me quitan el carnet de valenciana. Pero si tuviese que pasar unos días allí, por mucho que la gente deteste el olor a fritanga, lo primero que haría sería ir a por una bolsa de buñuelos. 

Luego claro, me refugiaría de los petardos en mis habituales. Cogería una mesita en Bar Ricardo a por unas bravas y unas huevas de sepia. Iría a tomar una paella -lo que más echo de menos desde que vivo en Madrid- a Casa Roberto. Y terminaría con una horchata en Daniel. ¿sica? Quizás, pero cuando resides fuera, lo que más echas de menos es eso, lo de siempre. 

 

  • - Horchatería Daniel

Carla Centelles:

Yo cambio las Fallas de Valencia por la Magdalena de Castellón que este fin de semana pone el broche de oro a sus fiestas grandes.  Estas siempre empiezan con un almuerzo, acto sagrado y termómetro de la fiesta. El mío sería en Arre, porque no hay mejor forma de inaugurar cada mañana que con producto de aquí, bien tratado y conversación larga.

Después viene lo esencial: embutido seco de Carnicería Robres, pan de Brod Obrador y una botella del Mesón del Vino IGP Castelló, -blanco de lEstanquer, mistela de Mas de Rander o algún ancestral de Bellmunt & Oliver-. Con eso basta para la romería del domingo o para cualquier vermú improvisado entre calles cualquier día.

Y para estar, el Mercado Gastronómico se ha consolidado como punto de encuentro. Allí conviven territorio y contemporaneidad: los calamares con morcilla de Miguel Barrera, un cóctel de romero de Absentia, las bravas afinadas de Nadiu y la hogaza dels Ibarsos con tomate rallado natural y allioli casero gratinado al horno de Barriga. Si me buscáis, seguramente estaré allí. Entre producto local, vino servido y alguna conversación sobre por qué celebrar también es cuidar lo que somos.

¡Nos vemos en las calles y también en las mesas!

 

 

 

 

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