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El billete / OPINIÓN

Rectificar es de listos

2/10/2022 - 

Negó Ximo Puig este viernes, en La Toja, haber recibido presiones de La Moncloa para que no presentara el martes pasado su paquete de medidas fiscales con el que le ganó la mano a Sánchez, quien también tenía pensado rectificar su 'no es no' a las rebajas de impuestos. Pues no serían presiones, pero el rapapolvo telefónico de la ministra al pobre Arcadi España en su doble condición de conseller de Hacienda y jefe de gabinete en la sombra de Puig retumbó hasta en la remodelada plaza de la Reina.

Los lectores de este Billete saben que un servidor profesa especial devoción por María Jesús Montero, ministra sin concesiones, como deben ser los ministros de Hacienda. Montero torea mejor que su predecesor Cristóbal Móntoro, que ya es decir, porque el ministro popular era un maestro en el arte de la simulación. Una ministra de Hacienda tiene dos misiones: recaudar lo más posible y contener el gasto del resto de ministros, voraces por naturaleza. Como lo de contener el gasto no va con este Gobierno, que presume de lo contrario, Montero se afana en lo primero. Y en eso es buena.

Mi ministra favorita, que por quinto año consecutivo ha incumplido el plazo que marca la Constitución –30 de septiembre– para aprobar el proyecto de Presupuestos Generales del Estado, no es que no quisiera bajar el IVA de las mascarillas, de la luz y del gas, sino que mientras ponía excusas variopintas para no hacerlo –Bruselas no lo permite, es populista, no es progresivo, es contraproducente, lo estamos estudiando…– pasaban los meses y el Ministerio hacía caja sin pensar en los más desfavorecidos. No había elecciones a la vista.

Foto: GUSTAVO VALIENTE/EP

Lo mismo ha ocurrido ahora con la rebaja fiscal del Gobierno a los trabajadores y jubilados con rentas bajas –hasta 21.000 euros–, improvisada este jueves después de que Puig se adelantara trastocando los planes y el discurso del PSOE. Montero entró en razón (electoral), pero Puig lo hizo primero y se llevó los titulares de portada y las aperturas de los telediarios. Una jugada maestra del jefe del Consell que provocó gran malestar en La Moncloa y en la Real Casa de la Aduana, sede del Ministerio de Hacienda.

A Sánchez la covid le ahorró tener que justificar en el Congreso su enésima rectificación, pero Montero tuvo que tragarse el sapo de salir casi la última –después de todas las CCAA gobernadas por el PP, de País Vasco, de Navarra, de Puig y de algunas otras controladas por los socialistas– a anunciar que iba a bajar el IRPF, como le venía pidiendo Feijóo desde que sustituyó a Casado. Meses y meses agrandando la hemeroteca negacionista, tratando de convencer al pueblo de que no se podían bajar los impuestos para ahora presumir de bajarlos, con el coro mediático en el papelón de inculcar que "no es lo mismo, no es lo mismo" que lo del PP. ¡Claro que no es lo mismo!

El PP baja impuestos a todos, empezando por los más ricos, y el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos, a regañadientes, se los baja a los menos favorecidos y se los sube de forma encubierta a la clase media que cobra más de 22.000 euros. Porque como dijo el profesor Jorge Onrubia el otro día en la entrevista que le hizo José Forés Romero, "la deflactación del IRPF no es bajar los impuestos, es evitar subidas opacas"; y como apostilló César García Novoa, "es una cuestión de justicia y de ajuste, como lo llaman en América Latina: el ajuste por la inflación".

En Latinoamérica se ajusta el impuesto a la inflación y en España también se hacía hasta que Aznar encontró una jugada muy rentable electoralmente: no deflactar durante los tres primeros años de legislatura –subida de impuestos encubierta– y al cuarto, antes de las elecciones, anunciar una "rebaja de impuestos" que en realidad era el ajuste aplazado.

Foto: EFE/PEP MORELL

Pasado el cabreo con Puig –lo que no quiere decir que Sánchez no vaya a servirse la venganza en plato frío–, Montero desveló la fórmula "quirúrgica" que pretende ser robinhoodiana, lejos del "populismo fiscal", como calificó las medidas de Puig y compañía.

Al igual que Puig, Montero anunció las medidas pero no el alcance de las mismas, los numeritos que permiten calcular el ahorro real para las familias. Quieren que nos fiemos de sus simulaciones, que son ciertamente atractivas: 746 euros de ahorro, solo en el tramo nacional del IRPF, para un trabajador que gane 18.000 euros al año. Cuando veamos la letra pequeña informaremos puntualmente, pero cabe señalar que la primera impresión es buena para las rentas bajas y pésima para las rentas medias a partir de 21.000 euros.

Cabe preguntarse por qué Montero no aplica esas medidas y baja las retenciones a los trabajadores ya en año 2022, y la respuesta es muy sencilla: tres meses más de castigo a los ciudadanos empobrecidos por la inflación le permitirán reducir aún más el déficit y presentar unas cuentas más apañadas a Bruselas. No olvidemos que es la ministra de Hacienda.

Las nuevas medidas de Puig sí que se aplican en todo 2022 porque la rebaja del IRPF autonómico no tiene efecto hasta la declaración de la renta del año siguiente. Una rebaja del IRPF que, por cierto, es más ‘de derechas’, si se permite la expresión, que las de Andalucía, Murcia y Galicia porque benefician a rentas más altas, hasta 60.000 euros.

Al final Puig ha sido más listo que Sánchez: se ha llevado el protagonismo y ha hecho un ajuste que beneficia a mucha más población –el 97%, según la Generalitat–, que podrá percibir sus efectos en plena campaña de las elecciones autonómicas y municipales.

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