X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información

4 Estrellas

Ricard Camarena

Ricard Camarena

«Mis padres me enseñaron que podía hacer lo que me diese la gana y que el único límite sería la capacidad de esfuerzo que pusiera en cada cosa que hiciera»

El mejor restaurante gastronómico de València (lo es, y yo ya no tengo edad para andarme con medias tintas) está en su mejor momento y no se me ocurre una mejor noticia para el gastrónomo de esta ciudad, tantas veces, tan ingrata. Ricard es un titán. Un buscador insaciable. Un músico frustrado —afortunadamente— porque qué cocinero hubiésemos perdido: «un camino, el de la música, que yo pensé era el mío durante muchos años, pero me equivoqué».

Un ‘animal gastronómico’. Un loco de la cocina (no sé si lo saben, pero buena parte de su escaso tiempo libre lo dedican  —él y Mari Carmen Bañuls, el motor en la trastienda— a viajar por el mundo, porque además de hosteleros son clientes), un cocinero diferente porque su foco está en absolutamente todas las partes de la partitura que es la experiencia gastronómica: el cocinero total. Preocupado por la cocina pero también por el equipo humano, por la sala, por los escandallos, por el proveedor, por el territorio y por el cliente, sin grieta posible para el desánimo.

¿Eres feliz, Ricard? «Pues a veces; con la edad uno aprende que lo más inteligente es que lo soñado no esté muy lejos de lo vivido y que la ecuación de eso que llamamos felicidad es la aceptación de esa distancia como algo normal: la aceptación».

Intuyo que la visión de la cocina de Ricard no es tan diferente de la del fotófrago Henri Cartier-Bresson: «La diferencia entre una buena fotografía y una fotografía mediocre es cuestión de milímetros, de pequeñas, pequeñas diferencias». La fotografía del instante y, también, esta cocina del momento que consiste en colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje; ser consciente de cada momento crucial de la vida del producto (siembra, cultivo y recolección) y entender la gastronomía como un todo donde deben brillar las partes.

Cada mañana, el de Barx y parte de su equipo (que también, de alguna manera, es su familia) recorren el camino hasta la lonja de Cullera en furgoneta a hacer la subasta porque entienden que en esa elección ya arranca su cocina; a su vez, la recolección de las verduras y las hortalizas, de la mano de esa extensión de su gastronomía que es el agricultor Toni Misiano y, finalmente, el trabajo en este Bombas Gens que en realidad es el cobijo de un artesano, porque Camarena trabaja con las manos pero esencialmente con la mirada: interpretar momentos diferentes de productos que creemos conocer y aportar luz, corazón, sabor, identidad y emoción.


¿Qué puedo encontrar?

  • Vinos

  • Creativa

  • Menú

¿Qué pido?

Abandonarse al menú que más les apetezca (hay tres, de tres longitudes diferentes)