Top doce

Ricard Camarena

Ricard Camarena

Mientras Redzepi estaba haciendo hamburguesas, Ricard Camarena se echó al monte y caminó más allá de la huerta de Valencia. Mientras los grandes cocineros del mundo regresan y acomodan los menús a sus registros más amables, el de Barx aprieta con una radicalidad inusitada, consciente… o no

Todavía hay gente que habla de él como el empresario de éxito que es, del cocinero que se doctoró reinventando los caldos o del rostro amable de la televisión valenciana que camina por las baldosas de la élite en zapatillas de goma. Pero Camarena ya no está ahí. Ha volado hace tiempo como los elegantes ladrones de guante blanco. Los de su talla andan construyéndose un discurso verde y puliendo el concepto de territorio, pero él está ya en la pura experimentación, en la locura creativa, liberado de acreditaciones y etiquetas.

La idea que palpita en el restaurante de Bombas Gens es que estos tiempos tan extraños no están para escatimar atrevimiento. Así que nada más entrar te infusionan en una vivencia gastronómica que se asemeja a la visión que un insecto polinizador en pleno éxtasis (llamado Ricard) tiene de un jardín. «Si no hiciera ahora esta cocina el que estaría vacío sería yo, no el restaurante».

El restaurante va bien. Con menos servicios y personal es sostenible en los significados culinario y económico del término, según declara. Pero eso solo le importa a él, a su socia-mujer, Carmen Bañuls, y a la tribu con la que trabajan.

Cuando vayan no esperen el peso de la idea de Andoni Aduriz, pero sí una profundidad en la búsqueda similar a la del guipuzcoano, aunque sea a través de la sensorialidad. Camarena dice que a los comensales les gusta lo que están haciendo ahora más que lo anterior y se sorprende cuando le planteamos la exigencia culinaria o la altura intelectual, si puede hablarse así en términos gastronómicos, de los registros que maneja. Su menú actual son escalas y variaciones jazzísticas sobre texturas, acideces y transformación de productos por acción de seres vivos, juegos cromáticos nada rebuscados, platos aparentemente intuitivos y rápidos.

En teoría, su cocina habla de València y del producto local más fresco y sostenible, pero la realidad es que va mucho más allá que una sofisticada propuesta de territorio. Como la música, lleva implícita una aspiración de universalidad. He ahí su grandeza.  


¿Qué puedo encontrar?

  • Vinos

  • Creativa

  • Menú

¿Qué pido?

El pan como plato