lo nuevo y lo que viene en València

Novedades, aperturas y demás cositas que sí

Una vez pasado el primer tercio del año, toca hacer balance. Hablar de lo nuevo y de lo que vendrá en una ciudad, la nuestra, en la que cada vez más, se aprecian síntomas de estancamiento creativo.

| 04/05/2023 | 6 min, 59 seg

La crónica gastronómica, no me atrevería a llamarla crítica y menos aún periodismo, que habita en mí me lleva a visitar espacios asiduamente. A veces con gusto, a veces con disgusto. Pero siempre con interés. Interés por ver qué se cuece, qué se asa y qué se guisa en una ciudad, que seamos sinceros, de vibrante tiene poco y que glorifica la instantánea y la gratificación inmediata frente a la reflexión o la honestidad. Quizás me esté volviendo un poco como el señor Ebenezer Scrooge, quizás ya peine canas en la barba o quizás, simplemente, me entusiasme con menor frecuencia. Deberíamos volver siempre a los lugares en los que fuimos felices, pero en ese caso, ante ese inmovilismo, nunca descubriríamos espacios donde llegar a serlo.

Vivimos con ese afán tan neoliberal, potenciado por el scroll infinito mediático que tanta ansiedad genera ante la novedad, que se nos olvida, muchas veces, que esto va más de disfrutar en torno a una mesa, que de la mesa en sí. ¿Me estaré perdiendo algo? ¿Habré hecho suficientes fotos? ¿Debería empezar a hacer reels? ¿Subo mi vida a las redes y dejo que me apisonen? En fin,  problemas del primer mundo y de la sociedad más medicada del globo terráqueo. Tocará seguir, que la rueda no para y como dijo Alfonso Guerra en épocas ya pretéritas, el que se mueve no sale en la foto. Y durante este mes experimental con jornadas laborales de cuatro días, movernos, nos hemos movido. Así que hablemos de fotos y platos. Y copas, claro. Que siempre hay algo que festejar.

De las cosas que más me han sorprendido últimamente está Raro, al que tardé en acudir por esos recelos que levantan las altas expectativas generadas y el boom mediático. Nada que objetar, la espera valió la pena. Cocina honesta, técnica, precios más que razonables, casi predemocráticos, y una sala de altura. De mucha altura. Sara Folgado mola mucho y a veces, lo raro es encontrar perfiles como el suyo. Cuidado con las digestiones, quizás la abundancia de salsas, fondos y elaboraciones pueden resultar un pelín pesadas. También me gustó mucho Giramón, precisamente por los mismos motivos. Una taskita con una carta limpia y corta. Pan artesano. Platos equilibrados. Sala educada y discreta. Cocina vista. 4 mesas. Clientes del barrio y conversación estimulante. What else? No me extiendo demasiado porque ya hemos hablado aquí de ambos sitios.


Otro lugar que me ha gustado es Guatapé, en plena calle Salamanca. Esta apertura está asesorada por un tándem que nada tiene que demostrar en esta ciudad: Germán Carrizo y Carito Lourenço. Con lo que a priori la carta no puede fallar. Y no falla. La decoración tira hacia la instantánea fácil, pero tiene calidez. La comida remite a Latinoamérica. Claro. Colombia, Perú… pero con toques mediterráneos. Muy rico el patacón, el maíz tierno frito, las arepas con costilla y las empanadas de chancho. Yo las hubiera acompañado de ají. Por aquello de echarle picante a una noche que resultó ardiente. Mención especial a los cocktails. Claro. Especialmente los de autor. No solo de Piscos bebe el hombre. Pedid el Calima: ron, lulo y un toque secreto. Merece la pena. Si no os la queréis jugar al cocktail, Komokabras sobre lías es el vino adecuado.

Interesante también me pareció Senzillo espai culinari. El nuevo local que acaban de abrir en la Cruz Cubierta Rafa Morales y su hermana. 14 años en el mundo del Bulli, 25 entre fogones. Mira, bien. El local es luminoso y remite a una antigua pescadería. Todo modular e intercambiable. Ambiente de barrio. Porque, ¡qué diantres! a veces hay que quitar tanta tontería y volver a los orígenes, al barrio a la gente que te conoce y te llama por tu nombre. La cocina es sencilla pero no simple: pulpito con mayo de lima, espárrago blanco con un toque picante, alcachofa con olivada, unos buenos salazones… Tiene menú del día y platos de cuchara. Guisar, guisan. No  probé los guisos, pero seguro que están ricos. La carta de vino es asequible, con algún champú a menos de cincuenta pavos y vinos locales. Algún detalle en sala no cuajó, pero acaban de abrir. Pinta bien.


También abrió La Vie en Vlue con una propuesta mediterránea y jovial en plena plaza de la Reina. Esa que está tan denostada por ser un cerco turístico, pero que goza de una nueva vida gracias a la peatonalización. Aquí venimos a pasarlo bien sin complicarnos. Una terraza bonita y luminosa. Una cocina sencilla repleta de clásicos que no fallan y un ambiente distendido. Pas mal, mon amour! De lo recién abierto me falta pasar por Platero, en Campanar, quizás el horario no acompañe mi visita, ya que de lunes a viernes el laburo manda. Quizás con una apertura los sábados sería más fácil. Eso debió pensar Ricard Camarena, que lo de la conciliación está bien, pero si el cliente no puede conciliar sus espacios de ocio, mal. Por eso ahora abre los sábados: aunque dé menos servicios, el comensal lo agradecerá.

The Wine Gallery es la última vinoteca que acaba de abrir hace escasamente una semana en Ruzafa. Y ya van… El espacio está muy chulo, me recuerda a Gota Wine. Ese ambiente tenue, el cemento vista, las velas y los cuadros. Le pega algo tipo vinilo en cuanto a la música. Se pica algo y se bebe vino. Si la idea no está mal. Para mi gusto hay que ampliar la bodega y rodar la sala. No será un problema ya que la ubicación llenará el espacio por castigo. La próxima en abrir será Travieso Bar, esta vez en Joaquín Costa. ¿Hay tanto cliente en Valencia para tanta vinoteca? Veremos. De momento si yo quiero beberme un buen vino y nada más, lo tengo claro: Lebulc, Vinorte, Teca, Albarizas, Acapulco… También me aturden las cafeterías de especialidad. Cada semana abren tres o cuatro más. Coffi del Carmen y Hojala, las nuevas. La segunda también vende flores. Está al lado de Bocamada, en Ruzafa. Que como idea me gusta. Aunque bueno, también me gustaba bubbledogs (perritos calientes y champagne) y no cuajó en Londres. Otra idea líquida, en este caso destilada, es Botanista Bar, en pleno Carmen. Coctelería que lleva unos meses macerando el barrio más turistificado de la ciudad.

De lo que está por venir, varias cosas. Por un lado el ya citado Travieso. Por otro Mercader. El nuevo espacio gastronómico del grupo Mercabanyal está a punto de caramelo. Por otro, Tatel, la cadena de restaurantes de la que es socio Rafa Nadaly que desembarca en València de la mano de varios socios locales como José Tomás Arribas, que abrirá como pronto en julio. De lo que aún no hay fecha es de lo nuevo de Félix Chaques, pero también promete ser estimulante y un soplo de aire fresco. Por último, también tendremos cositas que dinamizan: las sesiones gamberras en Gamberra, los jueves kulturales en Kukla y las veladas culturales que se vienen en Entrevins, que en un par de semanas ofrecerán una cena con Ferran Torrent, el que para mí es el mejor escritor valenciano vivo, maridada con los vinos de Guillaume.

Como la rueda no para, aquí seguiremos al pie del mantel, recorriendo barrios, plazas y calles con el afán de encontrar espacios, lugares y momentos que nos recuerden por qué nos gusta esto. Spoiler: por cómo nos sentimos cuando miramos a la persona que tenemos enfrente, no el decorado, ni el móvil, ni el plato.


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