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6 rutas para vivir las fallas

24 horas falleras y hedonistas

Nos adentramos en la ruta fallera de varios colaboradores de Guía Hedonista y seguimos los consejos de la dama de la gastronomía valenciana, Cuchita Lluch; Gabi Serrano, un hostelero de raza y Nicola Sachetta, el sumiller italiano que ha cambiado Ruzafa por el Cabanyal

Por | 15/03/2019 | 7 min, 59 seg

Paula Pons

Ir en bici es lo más. Ir en bici en Fallas, lo más de lo más e ir en bici en Fallas por ese maravilloso anillo ciclista que tenemos es lo más, de lo más, de lo más (un saludo, haters del transporte sostenible). Mi ruta empieza en Guillem de Castro esquina con calle Cuenca, de ahí hay que ir a la falla de El Pilar (dicen que este año, gana) y tomarse la primera cerveza en Rivendel, en la calle del hospital. Seguimos hacia el río hasta Na Jordana donde nos espera otra falla de especial. La parada técnica, por supuesto, en Convent Carmen, ese jardín de una antiguo convento que se ha convertido en pocos meses en uno de los mejores sitios de la ciudad para echarse unas birras o picar algo. Seguimos dándole al pedal hasta la plaza Tetúan, aquí no hay falla pero está el recién inaugurado Bar Jera, así que nos apeamos y pedimos una cerveza y una marinera.

Seguimos por la calle Colón y nos detenemos frente al hotel NH Collection Valencia Colón. En el primer piso acaba de abrir Sonata 32, a cargo de Carlos Monsonis, también podemos tomarnos un cóctel en Caraacara (y rezar para que la policía local no nos haga un control de alcoholemia). La vuelta la completamos al llegar a la calla Xátiva, a la altura de Convento Jerusalén, donde tenemos diferentes opciones asiáticas bastante recomendables o si preferimos algo más castizo, el Trinquet de Pelayo o el restaurante El Canyar, que reabrió hace apenas unos meses y es una excusa perfecta para reponer fuerzas con unas gambas y una o dos copas de vino blanco. En este punto, yo candaría la bici y volvería andando  a casa. Por si acaso.

Lidia Caro Leal

Reputados ruteros, este es mi itinerario para evadirse a base de planes hedonistas cuando la huida de nuestra ciudad no es posible:

Primera hora de la mañana. El día se inicia con la antiestética de los cadáveres y muertos vivientes que ha dejado la noche. Entre churrerías y chorretones de sangría se erige el Mercado Central, dentro de él, Retrogusto Coffeemates, puesto esencial para evitar el café torrefacto -bastante olor a chamusquina hay durante estos días- y espabilar con un espresso doble de especialidad. Una vez alcanzada la dosis mínima de cafeína en sangre, pillamos la bici y rumbo a l'horta nord, no sin antes hacer una parada en la pastelería El Taller (Benimaclet) para rendirse al hidrato de carbono (esos croissants, esas tiras de manzana). Tras kilómetros por la gloria vegetal que nos rodea, llegamos al bar restaurant Les Tendes -esto me recuerda que les debo un artículo y otra visita- para un esmozar tardío a base de una barra de buen pan con embutido, coliflor rehogada y una chispita de alioli. De postre: cacaos, olivas y cremaet.

El camino de vuelta transcurre junto al mar: Port Saplaya, la Patacona, la Malvarrosa y a reposar en La Fábrica de Hielo mientras se derrumba la ciudad. Sin dejar el escenario marítimo y ya en la hora de cenar, recalamos en la cantina La Lonja del Pescado por eso de equilibrar con pescado blanco el ingerido blanc i negre . Un paseo por el lado desconocido de La Marina -muelle de poniente- y sobre el resto de la noche, mejor no hablar.

Jesús Terrés

Yo detesto el ruido así que imagínense lo que hago en Fallas: correr muy lejos y muy rápido. Correr sin mirar atrás y plantar mi culo hedonista en algunas casas de amigos que admiro: este 2019 tocarán Etxebarri de Bittor Arginzoniz, Azurmendi de Eneko Atxa (padrino de nuestro primer Anuario Hedonista) y DiverXo de ‘Dabiz’ Muñoz —pero no siempre uno puede (o quiere) picar espuelas, así que cuando toca terreta, me entrego al jaleo pero lo hago a mi manera: al hedonismo marinero. Mis Fallas se visten, claro, de Malvarrosa y El Cabanyal‑El Canyamelar; de paseos por Patacona y ese olor a salitre sin el que ya no puedo (no quiero) vivir. “Te acariciaba el viento de poniente”, canta Quique González y es lo que yo hago con mi mujer; la luz blanca de València sobre su piel y los días que arrancan en La Más Bonita y las calles del barrio, los arroces sobre la barra (sí, también paella en barra) de Toni Novo en Casa Carmela, los bocatas de Raquel y Fina en el bar del Mercado del Cabanyal, los vinos naturales de Nicola en Anyora y el palique de Emiliano García en Casa Montaña. Y el mar, siempre el mar.

Cuchita Lluch (ex presidenta de la Academia de Gastronomía valenciana)

Soy fallera de la Falla Grabador Esteve-Cirilo Amorós. Cuando nos levantamos solemos pasar por el Mercado de Colón y luego nos acercamos a ver la mascletà en la calle Correos. Allí es indispensable tomarse una cerveza en la barra de Vuelve Carolina antes de que empiece y una vez termine la mascletà, comer allí. Otra de las rutas gastronómicas fundamentales es acercarse al Mercado Central y comer algo en Central bar, el bar de Ricard Camarena. Voy a uno o a otro, o voy a los dos, que es lo que he hecho estos días que estoy en Valencia. Otro al que siempre voy a comer después de la mascletà y antes de ir a los toros es Q Tomas, uno de los mejores restaurantes del centro. 

Luego, los buñuelos de Fabián, maravillosos, y por supuesto, pasar a ver mi falla, que es una de las más importantes de las sección 1a A, todos los años conseguimos el primer o segundo premio. Todo el mundo que vengan a Valencia de fuera debe ir a una mascletà, comerse unos buñuelos, ver un castillo y pasarse a ver la ofrenda. Eso es lo fundamental, y pasear mucho por las calles y cansarte . Por las noches, con la moto se ven muy bien las fallas. No te puedes perder los monumentos. Y ver las luces de Cuba-Literato Azorín o pasarse por la plaza de toros, que con el solecito y el ambiente son una delicia. 

Gabi Serrano (Maipi)

Las mascletàs son fundamentales para conocer el espíritu y el alma de los valencianos. Algunos se sorprenden y otros salen asustados. Para mí, lo indispensable es pasear por esta València que está tan bonita. Andar y perderse por sus calles.  No hay que dejarse el barrio de El Carmen que está lleno de bares y bodegas como la Tasca Ángel o una bodega en la plaza del Negrito que es de 1800. Por allí se come muy bien en el Celler del Tossal, aunque también recomiendo salirse del follón para estar un poco más tranquilo. 

Hay que pasarse por Maipi, aunque esto es muy pequeño y en fallas es una locura, y eso que ahora no hay falla ni casal, pero es un paso de transición hacia Ruzafa. A partir de las 14:30, por aquí pasa la marabunta. Yo no he sido fallero, mi hija la mayor sí, pero me encantan las Fallas. En San José cerramos y nos vamos a ver alguna falla, por la noche siempre vemos la cremà desde el restaurante de un amigo, Labarra. Yo lo que recomendaría es que la gente ande, que anden y pasen por la Gran Vía y la Feria del libro, por el Mercado de Colón... València está preciosa. 

Nicola Sachetta (Bodega Anyora)

Mis Fallas siempre han sido en Ruzafa, así que, aunque siempre he trabajado, como no se podía dormir, las vivía. Las verbenas de la calle Tomasos son obligatorias. Enfrente de donde trabajaba antes, en l'Alquimista, en la calle Luis de Santangel, montan una carpa y los falleros siempre nos pasaban algún plato. Empecé a comer alcachofas en España  gracias a un plato de arroz meloso de gambas rojas y alcachofas hecho por ellos.

La cremà la vivía en mi terraza de la finca, se subían todos, amigos, amigos de amigos, desconocidos (alguno ahora es amigo), para ver como se quemaba la falla de Literato Azorín. Un lugar privilegiado para ver una de las más grandes de la ciudad desaparecer en pocos minutos. Viviendo, además, a pocos metros de las luces, iba a muchas fiestas en estas dos calles. Me pilló el amanecer en un par de ocasiones por allí. El primer año que estuve en València me pasé las Fallas al lado de la plaza del Ayuntamiento, pero porque trabajaba en el Mcdonalds de la plaza de toros. Ahora en el Cabanyal casi no hay fallas, desde Bodega Anyora es más tranquilo todo y mis Fallas no son la de antes. Para bien y para mal.

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