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opinión

El oro y la fuerte demanda como inversión en los próximos años

Ha llegado a ofrecer este año la mejor rentabilidad entre todos los activos (+12%), mientras que es atractivo porque proporciona protección en tiempos de crisis

26/05/2020 - 

MADRID. Hay un sustancial aumento de la compra de oro como inversión, cuyo precio ha vuelto a estar cerca de máximos de mediados del pasado abril, en plena crisis del coronavirus.  De hecho ya se había visto un imparable acrecentamiento de esta inversión mediante fondos cotizados, ETF, instrumentos que han sumado durante el primer trimestre el 50% de su demanda mundial. Hay que tener en cuenta que el oro no tiene riesgo crediticio y es un eficaz almacén de valor -especialmente en períodos de alta inflación-, estando generalmente correlacionado negativamente con el dólar. Además su principal inconveniente, que no proporciona dividendos o cupones, se ha reducido considerablemente con la flexibilización monetaria.

De hecho las medidas de estímulo monetario y fiscal en respuesta a la crisis, especialmente de EE UU, hacen prever que cualquier la vuelta a las condiciones financieras 'normales' sea más difícil que tras la gran crisis financiera de 2008.  El gran aumento de deuda probablemente obligue a los principales bancos centrales a permanecer acomodaticios, con tipos de interés muy bajos durante un período prolongado de tiempo. Ello reduce el coste de oportunidad para el oro.

Efectivamente, el aumento de su precio desde 2019 se debe principalmente a la disminución de los tipos de interés reales de la deuda a diez años de EE UU, que ha pasado del 1,1% en noviembre de 2018 (con el oro a 1.200 dólares/onza) a menos 0,4% a principios de mayo de 2020.  Ahora bien, es poco probable que la Reserva Federal acepte una curva de rentabilidades a vencimiento invertida y además la institución monetaria no tiene apetito por los tipos de interés negativos, así que no es previsible que los tipos de interés reales a diez años sigan bajando.  Esto no favorece un aumento del precio del oro.

Al mismo tiempo el colapso del crecimiento económico y una lenta recuperación favorecen una escasa inflación, especialmente con el desplome de los precios del petróleo. Esto tampoco favorece al oro como almacén de valor. 


Sin embargo el precio del oro puede verse apoyado por crecientes preocupaciones respecto a las monedas. Hay que tener en cuenta que la inflación en bienes y servicios, a pesar de un amplio estímulo monetario y fiscal desde 2008, ha estado ausente, mientras que los precios de los activos financieros como la renta variable de EE UU estuvieron aumentado. Así que es probable que la nueva avalancha de liquidez erosione de nuevo el valor de las monedas en relación con los activos financieros. Ello beneficia al oro.  

Esta tendencia puede acelerarse si algunos gobiernos tratan de tener monedas débiles. Además las monedas defensivas como el franco suizo y yen japonés, que tienden a verse favorecidas por los mismos factores que la inversión en oro, no son igual de buenas como almacén valor, pues el oro cotiza en dólares, moneda predominante. 

A favor del oro

Sin embargo, el dólar, que se ha apreciado desde 2011, puede pasar por depreciaciones los próximos años, pues ya no cuenta con la ventaja de unos tipos de interés mayores que otras economías y está sobrevalorado por fundamentales a largo plazo. Ello debe favorecer al oro. Así que este conjunto de factores son suficientes para aumentar la demanda de oro como inversión, su principal impulsor, a pesar de que supone menos del 30% de su demanda total.

En cuanto al resto de su demanda, la joyería, que representa aproximadamente la mitad y puede seguir débil los próximos meses con la contracción económica y ante el alto precio del oro como materia prima. Sin embargo, como se ha visto el primer trimestre, una fuerte demanda de inversión -pese al colapso de la demanda de joyas- es suficiente para que el precio del oro aumente. 


De momento su comportamiento reciente ha sido inferior al de la plata. Es posible razonar que la plata se beneficia del ritmo acelerado de reapertura económica en la pandemia.  Una explicación alternativa es que el sentimiento inversor es tan positivo respecto al oro que provoca compra a corto plazo de parientes próximos como la plata, que son menos costosos.

También hay que tener en cuenta la demanda oficial de oro. Los bancos centrales aumentaron sus compras en 2018 -especialmente los de Rusia, Turquía y Kazajstán-, hasta el mayor nivel desde 1971, cuando se puso fin a la convertibilidad del dólar en oro.  Pero los bancos centrales suponen solo 10% de la demanda total. De hecho fueron vendedores de 2000 a 2008, cuando los precios de oro eran altos. Este año es probable que esta demanda caiga con la suspensión de compras del Banco de Rusia el pasado abril. Otros fuertes compradores, como Turquía e India, también pueden limitar sus compras.  De todas formas tal debilidad debe ser temporal y es probable que los países en desarrollo acumulen reservas del metal amarillo como diversificación respecto al dólar.

Masivas inyecciones de liquidez

El caso es que la relación riesgo-rentabilidad actual del oro no parece especialmente atractiva a corto plazo y este no es inmune a correcciones. Pero es probable que su demanda como seguro siga fuerte los próximos años, dadas las incertidumbres relacionadas con un impacto estructural para el sistema financiero de las masivas inyecciones de liquidez de los bancos centrales, así como debido al aumento de la deuda mundial. A ello se añaden las renovadas tensiones entre EE UU y China desde comienzos de mayo. Estos factores son suficientes para aumentar la demanda de oro como inversión.

Con todo esto esperamos que el oro pase por períodos de debilidad durante los que puede mejorar su atractivo y superar a otros metales preciosos. Puede encontrar el apoyo en la demanda como inversión y situarse en tres meses en 1.630 dólares la onza. En seis meses puede llegar a los 1.730 y en doce a los 1.800 dólares la onza.

Luc Luyet es economista de Pictet WM

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