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Jorge Tabarés: "No tengo casi recuerdos en los que no haya un piano"

El pianista y compositor valenciano Jorge Tabarés lanza su primer disco 'Tribute to Alicia', un homenaje a la mítica pianista Alicia de Larrocha

11/06/2020 - 

VALÈNCIA. Con tan solo 24 años, el compositor y pianista valenciano Jorge Tabarés ya carga a su espalda con una prometedora carrera musical. Con tan solo tres años empezó a estudiar piano y admite que prácticamente no tiene recuerdos en su vida sin uno de por medio. En mayo de 2018 terminó el doble grado de piano y composición en la Mannes School of Music, y lo hizo con beca de mérito.

Desde entonces, se ha pasado los últimos dos años trabajando en su primer CD, Tribute to Alicia, un homenaje a Alicia de Larrocha, considerada como una de las mejores intérpretes de piano del siglo XX. Culturplaza se sienta con Tabarés para hablar de su nuevo disco, así como de su trayectoria como pianista. 

-¿Cómo ha pasado la cuarentena?
-Me acabo de graduar del máster, así que la he pasado con exámenes y clases online. Incluso mi graduación ha sido online, junto con cientos de personas. Dentro de lo que cabe, ha estado bien. No obstante, la actividad musical ha bajado mucho. Yo tenía conciertos y estrenos de alguna obra, y todo se ha cancelado. 

-¿Ya tiene nuevas fechas para lo cancelado?
-Algunos eventos se han perdido, pero otras sí tienen fecha. Iba a estrenar con mi grupo de cámara en Mannes (Nueva York). Íbamos a tocar una pieza para dos violines y se ha cancelado. No hay manera de rehacerlo. Otras cosas se han pospuesto a agosto. 

foto: EVA MÁÑEZ

-El disco es un tributo a la pianista Alicia de Larrocha. ¿Por qué ha querido homenajearla?
-Todo empezó hace dos años. Iban a hacerle un tributo en una emisora de radio de Nueva York y contactaron conmigo porque necesitaban un pianista para tocar un programa de música española en homenaje a Alicia de Larrocha. Robert Sherman, antiguo crítico del New York Times, fue quien lo organizó todo junto con la hija de Alicia de Larrocha. El proyecto empezó ahí, como algo tan solo enfocado a la radio. Yo ya tenía contacto con la discográfica KNS Classical y estaba buscando algún programa especial de piano para convertirlo en un proyecto discográfico. Después del proyecto de la radio, pensé que sería muy bonito hacer un CD. Uní cabos, pulí y agrandé el proyecto inicial incluyendo más programa. Alicia de Larrocha es una pianista que admiro mucho. Crecí escuchando sus canciones. Es una referente.

-Ahora que lo menciona, ¿cómo ha sido trabajar con la discográfica KNS Classical?
-Ha sido maravilloso. Son muy profesionales. El trabajo de dicción y de grabación lo hice yo independientemente en los Martin Patrick Memorial Studios, de Nueva York, con un técnico de sonido genial que se llama Joe Patrick. KNS Classical se encargó de todo el trabajo de maquetación, publicación y preparación del CD, diseño, difusión en redes, etcétera. Los directores de la discográfica son geniales pianistas, así que trabajar con ellos mano a mano ha estado muy bien.

-Hábleme de la Sonata española, 53 “Homenaje a Chopin.
-Es una pieza muy curiosa. La recibe una comisión de la UNESCO para homenajear el primer centenario de la muerte de Chopin. La UNESCO pidió a varios compositores que hicieran una pieza para su homenaje. El alicantino Oscar Esplá es uno de ellos. Choca el título: sonata española y ,luego, homenaje a Chopin. Es una pieza muy curiosa, junta influencias de Chopin en los tres movimientos. Es muy melancólica y oscura en algunos momentos. El principio no sabes si es religioso o romántico, así que el contraste es muy interesante. El primer movimiento tiene momentos que se parecen muchísimo a Chopin, el segundo es una mazurca [baile originario de Polonia] y el tercero también tiene mucho de Chopin. Todo eso lo conecta con lo español a través de trozos donde se percibe claramente una guitarra acompañando a la melodía. Utiliza texturas muy de guitarra y también temas folclóricos: combina la mazurca con un tema folklórico español: La Viudita del Conde Laurel.  

foto: EVA MÁÑEZ

-Finalizó sus estudios en 2018 en Nueva York y, enseguida, mediante el patronazgo de la Fundación Rafael el Pino, se puso a trabajar en tu disco con solo 24 años. Todo ha sido muy rápido, ¿no?
-Sí. En 2018 acabé el grado, y desde ahí la Fundación Rafael el Pino me becó para hacer el máster en composición y piano, en la School of Music de Mannes. Gracias a la fundación he podido hacer el disco. 

-Ha estado dos años trabajando en tu disco. Supongo que habrá notado un crecimiento interno mientras lo confeccionaba que incluso estará plasmado en las piezas. ¿Qué me puede contar de esa evolución?
-Es un proceso muy largo. Primero tienes que aprenderte las obras y asimilarlas, lo que cuesta mucho tiempo, un año y medio, más o menos. Durante esa etapa intentas tocarlas en público todo lo que puedes. Es un proceso largo y difícil, pero durante ese año estás perfeccionándote. En la última etapa es cuando grabas. He tenido muchísima suerte, porque he grabado justo antes de que la pandemia explotase. Acabé de grabar en febrero y me dio el tiempo justo para editar el sonido y perfeccionarlo. El proceso es muy laborioso, hay que planearlo con mucha antelación. No se planea un CD a dos meses de su lanzamiento. Cuesta mucho, y estoy muy contento con el resultado.

-Ha sido escogido joven talento europeo para tocar en septiembre en el Palau de la Música de Barcelona. ¿Cómo se siente?
-Extremadamente honrado. He tenido una suerte enorme. Estoy eufórico. Además, el Palau de la Música de Barcelona es una institución importantísima, una de las salas de conciertos más importantes de Europa. Para Alicia de Larrocha era como su casa. Tocó allí muchísimas veces, así que es muy especial. Tocar en un lugar donde ella estrenó obras tan importantes y donde estuvo tantísimas veces es muy emotivo. 

-¿Qué diferencias encuentra entre dedicarse al piano y a la composición en Nueva York y aquí en España?
-Hay diferencias. En España tenemos una tradición folclórica muy rica y en América tienen una cantidad de recursos enorme. Nueva York es una ciudad fantástica para la música. Los mejores músicos del siglo XX han pasado por allí. Se ha forjado una tradición increíble, y las universidades tienen muchísimos medios para la educación. Nueva York es el corazón, la mente musical de Estados Unidos. Y con esto no quiero denostar el ambiente español. Tenemos una tradición folclórica muy fuerte, y no solo eso, sino que su riqueza está basada en tradiciones extremadamente fuertes, desde el Renacimiento hasta el Clasicismo. En esos siglos hay muchísima música escrita de una calidad tremenda. Y en el siglo XX hay una tradición de literatura para piano que hay que reivindicar. 

foto: EVA MÁÑEZ

-En una entrevista anterior para Culturplaza decía que a una sonata se le puede seguir el hilo a través de los siglos y las culturas. ¿Cuál ha sido su hilo?
-Decía eso porque al expandirse tanto a lo largo de la historia, a una sonata se le puede seguir la estela a través de transformaciones muy ricas. No es lo mismo que otra forma que nace y muere en el espacio de cincuenta años. La sonata se pasa siglos transformándose.

-¿Ya tiene en mente próximos proyectos?
-Este junio emiten el Festival Serenates de la Universitat de València. Voy a hacer un concierto para presentar el CD, pero no es físico. Lo grabaremos y luego lo emitirán. Y si todo va bien, el 4 de agosto tocaré con una amiga mía, una increíble soprano, en el Festival de Sagunt a Escena. Luego tengo otro festival en Barcelona donde presentaré el CD, también en agosto. Y el 5 de diciembre tengo otra presentación. Después, en 2021 me gustaría presentarlo en Nueva York, pero tengo que esperar a ver qué pasa con todo esto.

-¿Ha podido utilizar la cuarentena para crear cosas nuevas o ha sufrido esa falta de creatividad que ha afectado a tantos artistas?
-Por suerte, esa falta de creatividad no la he sufrido. Tenía que graduarme, acabar trabajos y completar piezas. Con esa meta, he tirado para adelante y ya está. En la composición tienes que estar mucho tiempo trabajando, pero también tienes que interactuar con otros músicos, para que toquen tus piezas y tú oigas cómo suenan. Eso es parte del día a día del compositor. Tienes que encontrar músicos que te ayuden todas las semanas. Eso, con la cuarentena, no se puede hacer. Coordinar instrumentos por videollamada es un horror. Ese input de la ayuda de otros desaparece. Tienes que trabajar tu solo.

-Cuando critican que el estilo de uno deriva de la institución y que no tiene una voz personal usted dice que es un elogio, que un compositor joven no debe preocuparse por eso. 
-Sí. Hay que poner lo que dices en contexto. Con eso me refiero a que la voz personal está vacía si detrás de ella no hay una institución muy fuerte. Si no has seguido rigurosamente una serie muy larga de instituciones, por mucha voz personal que quieras, estará vacía si carece de eso. La firma personal viene después de todo ese proceso. Requiere tantísima interiorización de otras estructuras e instituciones, que es un proceso muy tardío. Lo que me llama la atención es que gente joven que acaba de empezar se preocupe por esto, y no por conocer los antecedentes. 

foto: EVA MÁÑEZ

-¿Cómo y cuando desarrolló ese interés tan arraigado por el piano?
-No tengo casi recuerdos en los que no haya un piano. Lo empecé a tocar a los 3 años aquí en València. Fue en una academia que se llama Música Temprana. Siguen funcionando a pleno rendimiento. Empecé con el profesor Jesús García. A los catorce comencé con el profesor francés Emanuelle Ferrer Laloe y con la pianista Cristina Casale. Con ellos estudié hasta que me fui a América. 

-Siempre me ha dado la impresión de que la composición en piano requiere características que no cuadran con los tiempos de inmediatez y fugacidad que vivimos hoy en día. ¿Cómo es este contraste en una persona que ha crecido precisamente en el epicentro de toda esa rapidez?
-Tanto para practicar como para componer, siempre hay que, de alguna manera, aislarse de todo lo que está pasando. Hay que lograr concentrarse solo en lo que haces. Nuestra sociedad, actualmente, se mueve tan rápido y está llena de tantas distracciones correteando por todas partes, que es difícil centrarte en algo concreto. Hay que luchar para enfocarse plenamente en eso. La composición y el piano requieren tanto que hay que intentar cuidarse de la rapidez de la sociedad actual.

-¿Cree que vamos hacia una mayor separación entre la figura de compositor y la de intérprete, o piensa que ocurrirá lo contrario?
-Depende de las tradiciones. En la tradición clásica se está yendo hacia esa separación. Las figuras de compositor y pianista se están aislando. A mi juicio no parece que en el futuro se vayan a reunir de nuevo. Es complicado, porque la propia denominación de 'compositor' e 'intérprete', lleva inherente esa separación. El compositor solo compone, pero el pianista es una especie de compositor en sonido. En las palabras está también esa separación. Yo creo en las dos cosas. Personalmente, componer me ha permitido acercarme al piano de una forma totalmente distinta. Ha sido como tener otro profesor más de piano, algo increíble. Te hace ver las cosas de forma muy distinta. Yo sería otra persona y tocaría de forma totalmente diferente si no hubiera compuesto. ¿Cómo no voy a creer plenamente en eso?

-¿Qué diría que es lo mejor que has aprendido, primero, durante tus estudios en Nueva York, y segundo, durante la creación de tu disco?
-En primer lugar, la composición. Me ha permitido observar otras cosas que de otra forma no habría podido ver. En Nueva York, por otro lado, he podido conocer a increíbles músicos. Desde hace años sentía muchísima admiración por la música de Lowell Liebermann, y tuve la suerte de poder conocerlo. Lo mismo ocurre con una pianista tan increíble como mi profesora Irina Morozova. Son dos personas de las que extraigo aprendizajes que son como tesoros para mí. Eso es lo que me guardo de mi trayectoria en Nueva York (que todavía no ha acabado). Me han hecho aprender muchísimo.
Y en cuanto al CD, me ha permitido profundizar en un programa que se toca muy poco y que es maravilloso. Las piezas de Alicia son absolutamente inéditas. Su hija las publicó en 2014, nadie sabía que componía. Fue una sorpresa. Y el CD me ha permitido profundizar en todo eso. También me ha permitido estudiar la figura de Alicia, con todas sus valiosísimas e intensas vivencias biográficas. He aprendido que es una figura excepcional. Se debería dar más crédito, además, a que fue una especie de embajadora de los compositores contemporáneos: Federico Mompou, Xavier Monsalvatge, Oscar Esplá... y también de la generación anterior a ella: Falla, Granados, Turina, Albéniz... Ella fue la voz de todos ellos. Gracias a ella, estos compositores pudieron llegar a todo el mundo. Es algo valiosísimo.

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