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Sento Llobell: el maestro se jubila... un poco

Hace poco se rompió un brazo, pero como buen profesional, lo hizo dos días después de entregar. Y es que Sento Llobell es un señor formal, aunque haya dedicado su vida a los tebeos. Su padre pensaba que eso no era un arte suficientemente 'elevado', así que él, con su elegante trazo, lo elevó

17/03/2019 - 

VALÈNCIA.-La casa de Sento Llobell se encuentra en la falda del Castillo Romano de Sagunto, lejos del mundanal ruido. Desde su terraza se puede ver la sierra Calderona y desde muchas de sus ventanas, el mar Mediterráneo. Es como si hubiera previsto hace años dónde quiere estar a partir de agosto, momento en el que se jubilará. Sento se ha despedido de los encargos y la vida frenética del dibujante por la puerta grande: haciendo un libro de historietas para el bicentenario del Museo del Prado. En este momento vital, toca echar la vista atrás y pensar con detenimiento sus cuarenta años de carrera, que han dejado un buen puñado de obras para el recuerdo. El dibujante recibe en su estudio a Plaza, entre cajas etiquetadas con su significativa tipografía, con un brazo en cabestrillo y la honestidad y humildad que le viene de serie y que han impregnado todos sus cómics.

— Lo primero de todo es la salud, ¿qué tal su brazo?

— Es chapa y pintura, cosas que pasan. Desde finales de enero estoy así y voy poco a poco. Tengo que dar gracias a que tuve el accidente dos días después de acabar el encargo que tenía, porque si no... Ayer empecé ya a probar a dibujar, pero aún me resulta complicado.

— ¿Cómo es la vida de un dibujante que no puede dibujar?

— Pues aburrida... Ahora me dedico más a leer y otras cosas. Yo tenía la intención de empezar a ordenar libros y trabajos de toda una vida. Me espera un cuarto lleno de cajas, con dibujos y recuerdos que tengo que limpiar. Tendrán que esperar.

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— Su último gran encargo ha sido el de El Prado.

— Sí, y surgió casualmente. El museo ya lleva cuatro años encargando a un dibujante una historieta de la exposición más importante de la temporada. Este año el encargo era de doble tamaño por coincidir con el bicentenario del museo. Me encargó el trabajo el conservador de dibujo y grabado, que es un gran aficionado al cómic.

 * Lea el artículo completo en el número de marzo de la revista Plaza

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