GRUPO PLAZA

entrevista a Enric Blasi, protagonista de la obra

'Safari' o cómo explicar el acoso escolar a través de la empatía con los animales

Enric Blasi: "A veces lo que vemos no es bullying en su máximo apogeo, por eso es interesante tratarlo. Al final los niños y niñas sienten, sufren y les implican todos los temas"

17/02/2018 - 

VALÈNCIA. Un león que no sabe rugir y un cocodrilo que se empeña en ofenderlo y humillarlo. Todo ante la atenta mirada de otros animales que le siguen la corriente o de quienes muestran completa pasividad. Safari es una historia que en forma de fábula se apoya en los títeres para hablar de algo nada fantasioso. El acoso escolar- o más en auge el ciberbullying- se llena de casos cada día de niños y niñas que viven un constante infierno de vejaciones o rechazo. A cargo de La Baldufa Companyia de Teatre, la obra se sirve de la sabana africana para "crear debate", a la vez que para entretener. Y es que aunque sus mensajes son en gran medida para que adultos- y profesores- tomen nota, las funciones van destinadas principalmente a un rango de edad de entre cuatro y siete años, "también sienten, sufren y les implican todos los temas". 

La obra cobra a su vez mayor realismo gracias a Pinyot y Carabassot, unos investigadores que intentarán ayudar al león y tratarán de entender qué es lo que le impide rugir. Estas interpretaciones corren a cargo de Enric Blasi-con quien ha hablado Valencia Plaza- o Emiliano Pardo (Pinyot) y Carles Pijuan o Ferran López (Carabassot), bajo la dirección de Ramon Molins. Su estreno en València está programado para este domingo 18 de febrero, a las 18:00 horas, en Teatre Escalante. 

-Cuando se hace una obra infantil con un tema tan serio como es el acoso, ¿qué se espera de ella?
-Pensamos que en los espectáculos para niños y niñas se pueda hablar de todo, siempre recordando que es muy importante respetar los códigos y sus niveles de lenguaje. Pero es interesante tratar estas problemáticas, porque al final ellos y ellas también sienten, sufren y les implican todos los temas. Nuestro propósito era poder visibilizar el bullying, dentro de obras familiares y escolares, para generar debate y, claro, entretener. Es un mensaje dramático que está hecho con humor.

-El texto sirve pues para concienciar a los más pequeños, pero también para dar un toque de atención a sus padres y madres ¿Cómo habéis hecho para unir ambos niveles de lectura?
-A través de la fábula. Al final es un cuento donde hay animales y eso permite coger un poco de distancia para ver con perspectiva lo que sucede. En la historia se lanza un mensaje moral muy potente, que a través de la comedia y la escenografía nos permite que sea efectivo tanto para adultos como para el público infantil. Además, tampoco intentamos predicar ni dar soluciones, porque la solución no es una matemática pura. Nos permitimos contar que finalmente el león volvió a rugir y que ellos acabaron respetándose.

-¿Qué hay que hacer para eliminar el hostigamiento? 
-Lolita Bosch lo explica muy bien en su libro La rabia, donde habla de su propia experiencia y la de otras personas que han sufrido acoso durante la adolescencia. Lo que siempre se repite en estas situaciones de intimidación es que hay un acosador cabecilla, un grupo de acosadores, la víctima y el grupo que silencia. Por eso el trabajo que hay que hacer es con todos ellos. Seguramente la persona que ejerce el bullying, en el fondo esconde algún problema. Nunca alguien que está bien a nivel emocional o que es empático, haría daño porque sí a una tercera persona. Tampoco- como bien explica Lolita Boshc- tenemos que acusar a la víctima de débil ni reprocharle que le hace falta autoestima, ya que alguien que desde tan joven soporta una situación emocional tan estrenaste, demuestra ser una persona muy fuerte. Y por lo que hace a esa mayoría ausente, deben ayudar a crear un buen clima donde todo el mundo se sienta bien. 

-Y a los adultos, ¿qué papel les toca tomar?
-Tener tolerancia cero. No se puede permitir ningún tipo de violencia, porque a veces lo que vemos no es bullying en su máximo apogeo, pero sí son escenas que reviven momentos de abuso o de mala relación. 

-¿Pensáis que con ‘Safari’ lográis que los más pequeños lo entiendan?
-Totalmente. De hecho, nos hemos encontrado con que alguna madre nos ha contado que su hija le ha dicho que en la escuela se siente como el león (acosado), o otros niños que han confesado identificarse por instantes con el cocodrilo (acosador). Es espectacular la respuesta, dado que la fábula te permite todo eso.

-¿Por qué representar el acoso a través de los animales? ¿Hay un doble mensaje del desamparo que también sufren éstos ante las personas?
-Sí que habría un punto de ese bullying que ellos reciben de los humanos, pero muy sutil. Es verdad que en un principio el espectáculo de Safari tenía un doble interés donde había cabida a la ecología, pero después vimos que nos quedaba denso y apostamos por la fábula, por esa empatía que tienen los más pequeños por los animales.

-Por lo que hace a la puesta en escena ¿Es fácil al final crear una historia en la que se ven más cosas que animales que no lo son? 
-Siempre intentamos que nuestras escenografías sean mutantes. Hay un 4x4, como típico vehículo del safari que nos da mucha potencia visual. Además, lo vamos desmembrando para construir otros espacios. El teatro tiene esa ventaja de que los niños y niñas entienden el código y enseguida entran en él. Y su simbolismo o minimalismo te permite explicar la historia bien. 

-¿Y qué papel juega la música?
-Es primordial. En todos nuestros espectáculos, contamos con un compositor que hace a medida la música con la que queremos apoyar la historia. Nunca hemos trabajado con archivos de cine.


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