Top doce

Rausell

José Rausell y Miguel Rausell

José y Miguel Rausell son las caras visibles de este dispensario de materia prima de calidad. Una de las barras -y restaurante- de producto a las que hay que peregrinar con frecuencia para no perder el norte

Cuando me siento en la barra del Rausell cambio de apellido y soy una de ellos, una Rausell. Es como si, al pasar las yemas por su superficie e inclinarme para cotillear qué género hay, mi pasado se diluyera en un know how familiar de producto y vinos. Encaramada en un taburete, trato de ver qué hacen y dicen los hermanos Rausell y el resto de la crew. Sus movimientos son un caos ordenado de voces y camisas impecables. Ya no hay camareros con percha para esas camisas. Cuando te sirven, bajan el tono, dan la explicación justa. Lo que hay en el plato es lo que ves, pero esa forma de dejarlo sobre la barra o mesa, esas medias sonrisas de honestidad y confianza, lo elevan.

Como ya no soy Caro, puedo decir que Rausell es mi casa y que de aquí salen las mejores bravas de la ciudad. También me aventuro a proclamar que no hay más restaurantes en los que se corte así el jamón ibérico Lazo ni se trinche como aquí se trincha la carne del Valle de Esla.

«Lo mejor que tiene mi familia es que son muy muy generosos. Durante la carrera estuve un año yendo todos los miércoles a comer en la barra. Y mi tío Miguel me daba atún de almadraba, carne de Wagyu, boquerones recién traídos… Y todo ello sin pedirlo. Que lo podría haber guardado para venderlo, pero no, para la sobrina». La sobrina real de esta declaración es Andrea, y no le puedo tener más envidia.

La historia de su familia es un relato de hostelería en la genética. Rausell lleva más de setenta años dando de comer, un cambio de local, la incorporación de una pollería y varias reformas hasta llegar a lo que es hoy: un templo. Antes de José y Miguel, estaban sus padres, Ana y Pepe. Pepe con la clientela, en sala, y Ana en la cocina. A Ana le debo que mi tarta de cumpleaños sea una ración de su tarta de queso. Desde hace cinco años, como con mi madre aquí. No hay otro restorán que sea como el comedor de nuestra casa. 


¿Qué puedo encontrar?

  • Producto

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¿Qué pido?

Bravas, berberechos, cocochas... Todo