Top doce

Rausell

José Rausell y Miguel Rausell

Pocas cosas en la vida alcanzan la unanimidad. Intente pensar en algo en lo que todo el mundo esté de acuerdo.Es difícil, mucho, pero dos hermanos lo han conseguido. José y Miguel Rausell han conquistado —sin apenas pretenderlo, con humildad y trabajo duro— una parcela solo reservada a unos pocos elegidos. Rausell es un sí rotundo. Rausell no genera discrepancias

Durante los más de veinte años de mi trayectoria como artista, he tenido la fortuna de descubrir distintos lugares, gentes y culturas que han conformado dentro de mí un 

Rausell tiene ese poder, el de la coincidencia, el de suscitar idéntico sentimiento ante la demostración de cómo se hacen bien las cosas. Y de cómo un bar puede ser más que un bar. No conozco a nadie que no le tenga cariño a Rausell y que no hable concierto entusiasmo rememorando sus bravas, su allipebre o su sepionet.

Sospecho que lo que han conseguido José y Miguel Rausell tiene mu-cho que ver con los valores inculcados en su familia. Son la tercera generación de hosteleros y esos setenta años de vida haciendo felices a los demás parten de un amor hacia la gastronomía y del trabajo bien hecho que se ha cimentado sobre dos términos que no son tan comunes en la hostelería: uno es la calidad y el otro, la exigencia.

La persiana de Rausell se abre alas nueve de la mañana, y menos un ratito por la tarde, no se baja hasta bien pasada la medianoche. Uno puede empezar con un café a primera hora del día y acabarlo con una copa y, entre medias, cumplir con la sagrada tradición del almuerzo (o tomarse un aperitivo antes de comer o cenar). Mi despedida de soltera comenzó con un bocadillo de calamares, unas bravas y unas puntillas un día de marzo en Rausell. Acabó en un pueblo de la Mancha, pero eso esotra historia.

A Rausell uno va a celebrar y si no, si es un día equis, se convierte en uno de fiesta. Pero sin artificios, puesta de largo ni mandangas. A Rausell una va sin tacones ni corsés. Solo es necesaria la disposición para que te hagan feliz.Siempre lo consiguen.


En confianza: Disfruto mucho comiendo en cualquiera de sus dos salas, pero para gozar de la esencia de Rausell —para chuparle la cabeza o llegar hasta el tuétano— hay que irse a la barra y dejarse sacudir por el ajetreo de detrás del mostrador donde el equipo trabaja a destajo. José y Miguel siempre te tratan de maravilla, pero también es un mantra para el resto de camareros. El servicio es sencillamente un diez


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