Top doce

Restaurante Gran Azul

Abraham Brández

"Estoy convencido de que la mitad de lo que separa a los emprendedores exitosos de los que no triunfan es la perseverancia"; la sentencia de Steve Jobs a Abraham Brández: de profesión, hostelero

Hijo y hermano de hosteleros, casi veinte años entre cocina, sala y las colas de banco (que de esta parte siempre nos olvidamos): lo que se dice toda una vida al pie del cañón, desde las dunas frente a la playa de El Saler hasta este Gran Azul en plena avenida de Aragón que ha crecido y crecido hasta convertirse en lo que ya es: un restaurante de producto excepcional y una de las casas de comida más sólidas de la Comunitat Valenciana. Pero vamos al hueso. Gran Azul nace hace no tanto (cinco años) como sinónimo de muchas cosas buenas: género excepcional, elaboraciones tradicionales y una brasa a la vista del comensal; temporalidad, paellas clásicas donde reina la ortodoxia y todo el saber hacer de Brández a la caza del mejor género posible: gamba roja de Dénia, lomo alto de vaca vieja Cachena de Valdi o wagyu estratosférico desde Chile, rodaballo salvaje gallego o atún de almadraba desde Cádiz.

Día a día y partido a partido, el restorán del toldo azul y el pescado a la vista llena sus mesas (y su barra, que es gloria bendita) de comensales felices, de los que reservan llamando al boss: «Abraham, ¡guárdame una 'pa'tres' y ve pidiendo gambas de las gordas, majo!». Y todo está bien y yo tengo claro que esta es la gastronomía que nos sobrevivirá, pero es que este año —además— Abraham ha pegado un volantazo hacia la excelencia dejando atrás las croquetas y la ensaladilla rusa para elevar el nivel con platazos como las kokotxas con pilpil de boletus y trufa, el tartar de quisquilla o esas espardeñas a la brasa con angula de monte e hinojo marino que bien vale una misa.



¿Qué puedo encontrar?

  • Producto

  • Brasa

  • Arroz

¿Qué pido?

Menestra de verduras con quisquillas y oblea de vieira