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Gran Azul

Abraham Brández

Brandez, el apellido que identifica a una de las familias hosteleras de la ciudad y sus alrededores. Abraham, el nombre, corazón, manos y cerebro que condensan años de crecer dentro de restaurantes macizos, de esos en los que el producto y los modos que se aplican sobre él son eternos. Una gastronomía que está muy reivindicada, pero de la que no nos cansamos de escribir: paellas totémicas, brasas, lonja y bodega. Lo que nos define aquí y ahora como comensales, y lo que este Brandez ha vivido en lo que han sido las casas de su familia, siempre cerca del salitre. La línea del restaurante juega con la contemporaneidad justa, sin aspavientos ni llamadas de atención. Se está bien, se come mejor.


En confianza: Navegamos en un restaurante relativamente nuevo; no hace tanto que fue bautizado (2014). En él la fluctuación de las mareas nos lleva hasta la oferta del día de pescados: rodaballo salvaje, lubina o cherna a la brasa. Y aunque en la carne también se nota que quien compra el género tiene un ojo para lo sublime, en el mar es donde este inmenso azul se expresa mejor. Antes de fondear, durante la brillante hora de los entrantes, aparece el tartar de berenjena a la brasa con sardina curada, la menestra de verano con quisquillas, perlas diminutas, como la croqueta de centolla, o lo que sea que recomiende Abraham y su proceder calmado y acertado.


¿Qué puedo encontrar?

  • Producto

  • Brasa

  • Arroz

¿Qué pido?

Tartar de berenjena a la brasa con sardina curada