Top doce

Casa Carmela

Toni Novo

Las cosas simples y el fuego controlado. Casa Carmela es un templo —dentro de la urbe— de la paella tradicional. Pollo, conejo, pato. Humo, fuego, leña. Miles de grados de temperatura en su cocina, materia prima, corazón. Arroz, Toni Novo y poco más. Es que no hace falta más

«Yo, en cambio, tengo la certeza de que al nacer en un país salvaje, sin literatura, sin novelas, sin lenguaje escrito, habría hecho por las mañanas varias leguas de marcha para llegar a la cabaña del vecino más próximo y decirle: "Compañero, vengo a contarle una historia muy interesante que se me ocurrió anoche...". Yo he nacido para contar historias. Siento la necesidad de crear novelas, tan imperiosamente como necesito comer y beber».  Me gusta pensar que Vicente Blasco Ibáñez le hizo esta confesión a algún compañero de mesa y arroz en Casa Carmela, establecimiento a metros de la que fue la residencia del escritor. Blasco era habitual del calor de don José Belenguer, quien abrió el restaurante en 1922 y lo nombró Casa Carmela en homenaje a su mujer, Carmen. Ahora es Toni Novo, bisnieto del fundador, quien brega entre el humo que desprende la leña de naranjo con la que se cocinan las paellas.  

Lo tenemos cerca, cerquísima. En primera línea de la València que sí mira al mar. Este templo del arroz se encuentra dentro de las fronteras de la ciudad, urbe mojada por los lamentos que dicen —y son unas y unos cuantos— que en València no hay donde comer una buena paella. ¿Es la mejor? Ni idea. ¿Es soberbia? Ya lo creo.

Fue en 2011 cuando Toni tomó el relevo del trabajo que realizaban sus padres, Alfonso y Lola, y sus tíos, Jesús y Carmen. Antes de ellos, eran el Tío Toni y Lola la Rialla quienes llevaban las riendas del restaurante primigenio. Años más tarde, en 2017, Casa Carmela cambió su aspecto. Una reforma que es la que hoy vemos, que integró la barra. Con ella vino la apuesta radical hacia el producto. Ahora ya no solo son los arroces y platos de cuchara —arroz del senyoret, la mencionada paella de pollo, pato y conejo o nugat de rape— lo que brillaba, también era el pulpo templado a la brasa, la clòtxina valenciana o las tellinas.

Casa Carmela es la última de las reivindicaciones que nos quedan para hacer de la Malvarrosa nuestra pasarela frente al Mediterráneo domesticado. 


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