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Comercio local: diez municipios que han sabido resistir al coronavirus

Recorremos diez municipios de la provincia de Valencia para que sus comercios nos cuenten cómo han enfrentado la crisis del coronavirus 

8/08/2020 - 

VALÈNCIA. La crisis del coronavirus ha cambiando nuestra manera de ver y entender la vida. Algunos hábitos que antes se daban por sentados ahora no son más que espejismos de un pasado lejano. Las mascarillas, los saludos a base de codo y las distancias sociales se han convertido en nuestro nuevo pan de cada día, demostrando de algún modo que la nueva normalidad es cualquier cosa menos normalidad. Aun así, las aguas vuelven poco a poco a su cauce y, aunque nada es lo mismo, la vida se abre paso como buenamente puede.

Vinilos en el suelo, gel hidroalcóholico en la puerta y muchas, pero que muchas, precauciones. Así es como nos reciben los establecimientos de la era post-confinamiento. Todos los sectores de la economía se han visto afectados por esta enfermedad que nadie vio venir pero, sin duda alguna, uno de los eslabones más débiles de la cadena ha sido el comercio local. ¿Qué han hecho los establecimientos más tradicionales para sobrevivir? ¿Qué fórmulas han aplicado? ¿Cómo ven su propio futuro? Valencia Plaza ha visitado diez municipios de la provincia de Valencia para preguntar directamente a los protagonistas. 

Comercios de Paterna

Pasando la Calle Mayor, un poco más allá de la estatua que conmemora a todos los tiradores de la Cordà, se encuentra el triángulo de los invencibles de Paterna. O, dicho de otro modo, los tres establecimientos comerciales más antiguos del municipio: un horno, una ferretería y una carnicería. El primero de todos ellos, Nuestra Señora del Rosario, lleva casi dos siglos haciendo la boca agua a los vecinos de Paterna. Y es que, este es el hogar de un misterioso dulce hojaldrado cuya receta árabe sigue siendo un secreto a día de hoy. Sin embargo, ni siquiera el misticismo ha logrado frenar el golpe del coronavirus, que supuso una fuerte bajada de las ventas y una fijación de los compradores por el producto más básico: el pan. La pandemia no dejó hueco para la dulzura. ¿Podrá recuperarse en la nueva normalidad?

Justo a su lado, la carnicería Hermanos Bernabé, cuenta una historia radicalmente opuesta: ellos hicieron su agosto en pleno confinamiento. Y es que, la alimentación ha sido uno de los pocos sectores favorecidos en medio del desastre, especialmente con los centros comerciales y las grandes superficies cerrados. Ahora, sin embargo, temen que la predilección por el comercio local no haya sido más que un espejismo. Por suerte, justo enfrente, ferretería León tiene una opinión mucho más optimista del vecindario. Su persiana se abre tímidamente después de dos meses bajada, y ya nota un volumen de ventas superior al que tenía que cuando tuvo que cerrar. ¿Tal vez la población está más concienciada ahora?

Subiendo un poco más para arriba, hacia el privilegiado entorno de la Torre, nos encontramos con la cuarta en discordia: Casa Fina. Esta paquetería se ha vuelto a poner sorpresivamente de moda después de la pandemia, gracias al furor del do it yourself causado por las mascarillas. Todo un balón de aire que subsana los dos meses cerrada. Por su parte, Floristería el Palau ha agudizado el ingenio para sobrevivir. Este establecimiento estuvo enviando flores a través de Internet durante todo el periodo de cuarentena, en un intento por subsanar las pérdidas de las grandes bodas y eventos. Incluso se han adherido a una red internacional para mandar regalos. Definitivamente, la necesidad despierta la inventiva.


Comercios de Cullera

El bullicio habitual del centro de Cullera se apagó momentáneamente por culpa del coronavirus. Negocios que durante décadas habían mantenido la persiana abierta tuvieron que ceder, bajándola ante los innumerables peligros que suponía la emergencia sanitaria. Una situación que trajo consigo miedo e incertidumbre; un cielo de nubarrones negros que por un momento amenazó con restar esplendor a los negocios con más solera. Sin embargo, ahora, con la situación más relajada, los comerciantes han podido volver a sus puestos. 

Empezamos por los restaurantes, porque ¿qué es una ciudad sin su buen comer? Es más, ¿qué es una ciudad valenciana sin su buena paella? Es en el apartado del estómago donde destacan Casa Borrasca y Casa Salvador. Ambos tuvieron que cerrar durante los dos meses de confinamiento, siendo la primera vez en toda su historia que echaban el cerrojo durante tanto tiempo. Sin embargo, sus fieles clientes no han decepcionado: ambos comedores yacen llenos desde que se les permite salir a la calle. Y es que, nada seduce más que la buena comida en todavía mejor compañía.

Por su parte, los establecimientos comerciales del casco urbano también se han enfrentado a uno de los mayores retos desde su inauguración. Es el caso, por ejemplo, del Horno Signes, que empieza a levantar cabeza después de la sequía del confinamiento: durante las semanas más duras solo se compraba pan. Ahora, parece que la gente empieza a animarse con otros productos. Por su parte, Moda y Hogar Carbonell lamenta el golpe del coronavirus, pero no es el único que se ha llevado últimamente: los centros comerciales y la venta por Internet también ha tenido mucho que ver. Por eso, sabe que esta generación será la última al frente de la tienda. Finalmente, quien sí ha encontrado una oportunidad en la pandemia es la Ferretería Calabuig, que gracias a las ventas online ha conseguido mantenerse a flote. 

Comercios de Sagunto

La historia corre por las venas de Sagunto. De los romanos a la industrialización; del castillo hasta los altos hornos. Son muchas las etapas que esta ciudad ha vivido y sufrido, y también muchas las lecciones que ha ido aprendido por el camino. Su última nota a pie de página la ha escrito el coronavirus: una pandemia de esas que se leen en los libros pero que, rara vez, uno soñaría con vivir en sus propias carnes. Duro golpe para la economía que, sin duda alguna, ha castigado especialmente fuerte al comercio local. ¿Qué han hecho los pequeños establecimientos para sobrevivir?

Lola Torrente, peluquera y máxima responsable de la belleza saguntina, ha confiado en el calor de la familia para superar esta crisis. Y es que, su negocio se sustenta casi íntegramente sobre las mujeres de la estirpe: ella misma, su hermana y varias sobrinas. También ha jugado un papel importante la confianza y el cariño de los vecinos, que ya durante el confinamiento le mandaban mensajes de ánimo y para hacer reservas. Ahora, con la persiana abierta, Lola nos cuenta cómo sobrevivir a una pandemia cuando tu negocio depende del contacto físico. 

Tampoco lo ha tenido mucho mejor Ilusió Novias, tienda dedicada a los trajes de fiesta. La cancelación sistemática de los grandes eventos ha provocado, claramente, horas muy bajas para la etiqueta. Aun así, algo de luz se percibe al final del túnel: la gente, después del encierro, tiene más ganas que nunca de ponerse guapa. ¿Salvará esto los muebles? Finalmente, Óptica León ha sido la más agraciada de las tres. Este negocio ha recibido una tropelía de clientes nada más abrir sus puertas; una de cal y otra de arena tras dos meses con la persiana bajada, atendiendo tan solo emergencias. Tal vez este sea uno de los principales beneficios que tiene dedicarse al negocio más esencial, el de la salud: nunca faltan clientes. 

Comercios de Alzira

Las principales calles comerciales de la capital de la Ribera Alta, acostumbradas al ir y venir de vecinos y visitantes, se detuvieron con la llegada de la pandemia del coronavirus. Todo aquel trasiego fue sustituido por el silencio y las persianas bajadas. Una situación que recuerda a tiempos pasados cuando la pantanà de 1982 pulsó el botón de stop de la vida de Alzira, y con ella, la de muchos comercios que cerraron temporalmente para restaurar sus establecimientos. Ahora, con la llegada de la nueva normalidad, las calles y plazas de la ciudad se vuelven a llenar de vida. Y los comercios tradicionales levantan la persiana, a pesar de las dudas que todavía ondean el horizonte.

¿Cómo reman hacia delante estos negocios? Pues exactamente igual que los del resto de municipios: con incertidumbre pero muchas ganas. Esto es lo único que queda en pie, cuando una pandemia mundial amenaza con arrebatártelo todo. Algunos de ellos han decidido apostar por la tradición, como propuesta incuestionable para alcanzar el éxito. Este es el caso de Ultramarinos Córdova y Floristería Paquita, quienes han plantado su bandera y defienden sin tapujos el terreno de lo que mejor saben hacer: calidad y buen trato, ¿qué más puede pedir el comprador?

Otros, como La Botiga del Randero y Camarena, han jugado la carta de la innovación para dar ese pequeño empujoncito al negocio. El primero, incorporando la venta de mascarillas a su oferta habitual, elevando al máximo la expresión de reinventarse o morir. El segundo, lanzándose a los brazos de la venta online, tan injustamente demonizada pero al mismo tiempo esencial en los tiempos que corren. Particularmente, en los de confinamiento.

Comercios de Torrent

Torrent ha evolucionado de villa a ciudad en un movimiento relámpago. Lo que hace apenas unas décadas era considerado un pequeño pueblo, se ha convertido ahora en la capital más grande de L’Horta Sud: nada más y nada menos que 81.000 habitantes. Tal y como era de esperar, esta transformación ha comportado muchos cambios en las costumbres y en las formas, en la manera de ver y entender la vida… Y, por supuesto, también en la de comprar.  

Aun así, un pequeño puñado de comercios tradicionales resiste a la metamorfosis. Da igual lo que sea Torrent, ellos abren su persiana cada día para ofrecer servicios indispensables a los vecinos. Son muchas las crisis que a lo largo de los años han afrontado y superado, y también son muchas las lecciones que han aprendido para sobrevivir. Pero, cuando parecía que ya nada podía sorprenderles, el coronavirus llamó a la puerta. ¿Cómo han afrontado la emergencia sanitaria? ¿Qué han hecho los negocios más veteranos para mantenerse en pie? 

Legumbres Andreu, con más de cien años de historia a sus espaldas, todavía sigue dispuesto a reinventarse. Tanto es así que ha pasado del granel al envasado al vacío casi sin despeinarse. Un salto que le ha sonreído mucho en tiempos de pandemia, pues los víveres de larga vida resultan particularmente útiles en medio de un confinamiento. Tampoco han faltado en la mesa las carnes de Ricardo Royo ni el pan de la Foieta, alimentos indispensables que han salvado a sus establecimientos del cierre. Finalmente, Joyería Montoro y Mercería Hermanos Andreu abren tímidamente sus puertas, después de casi dos meses de sequía absoluta, ¿recuperarán la vida que tuvieron antaño?

Comercios de Mislata

La avenida Gregorio Gea es el centro neurálgico de Mislata. Aquí se concentran la inmensa mayoría de los comercios que dan servicio al municipio, llenando de alegría las calles y las vidas de sus gentes. Hablamos de un municipio que ha crecido mucho en los últimos años y que, además, lo ha hecho de una manera muy curiosa: es una de las ciudades europeas con más densidad de vecinos en sus escasos dos kilómetros cuadrados. Sin embargo, ni la cercanía con la capital ni el crecimiento exacerbado de la población han podido acabar con uno de los ingredientes más puros de los pueblos: el comercio local. ¿Cómo han afrontado los establecimientos de Mislata la emergencia sanitaria? 

Óptica Palomera, el negocio más antiguo de toda la ciudad, vuelve con fuerza: ha pasado de atender tan solo emergencias a tener un ejército de clientes esperando en la puerta. Al final, pocos secretos hacen falta cuando tu negocio es el de la salud... O el de la educación. Este es el caso del centro de formación TAME, que en los últimos meses ha emprendido el forzoso pero apasionante camino hacia la digitalización. ¿Qué perspectivas hay para el nuevo curso? ¿Cómo adaptar la enseñanza a los tiempos que corren?

Por su parte, Cortinas Vamar y Joyería Las Plameras miran al futuro con esperanza; se niegan a agachar la cabeza con resignación. Saben que vienen tiempos duros, pero confían en sus clientes y en la importancia de los servicios que ofrecen al pueblo. "Es el negocio más bello del mundo", dicen desde la joyería, sin tapujo alguno. Al final, un capricho siempre siempre levanta el ánimo, sobre todo en tiempos tan duros. Y hablando de caprichos, pero esta vez para el paladar, nos encontramos con la carnicería El Cantó: un auténtico paraíso de lo gourmet. ¿Cómo resisten? Calidad, calidad y calidad. Es la única receta válida.

Comercios de Sueca

Los alrededores del Mercado Municipal y de la Plaza del Ayuntamiento albergan los principales comercios de Sueca, una ciudad que se distingue por su cuidada arquitectura modernista. Así pues, la historia de estos edificios se une con la historia de sus comerciantes, dando lugar a negocios locales que todavía continúan en pie. Sin embargo, tras la crisis del coronavirus nos preguntamos, ¿cómo ha sobrevivido el comercio tradicional en Sueca?

Dicen que a nadie le amarga un dulce, pero a Chocolates Comes sí que se le ha amargado la primavera. La emergencia sanitaria obligó a cerrar tanto la tienda como el museo, un importante reclamo que se traducía en ingresos para el negocio. Aun así, la modernidad vino al rescate de la mano de Internet y, al menos, han podido mantener algo de dulzura gracias al comercio online. Una situación idéntica a la de la Joyería Els Platers, a quienes un siglo de historia no les impide apostar por la innovación . De hecho, lo tienen muy claro: adaptarse a los nuevos tiempos es la única esperanza.

Por su parte, Mercería La Moda mira al futuro con un cierto halo de esperanza. Saben que no recuperarán todo lo perdido durante dos meses de encierro pero, en contraposición, hacen una predicción a largo plazo: la gente joven vuelve a interesarse por la costura. ¿Estarán en lo cierto? De ser así, este antiguo negocio podría vivir una segunda época dorada. Por su parte, el caso del Forn del Cristo es justamente el contrario: han sobrevivido a la pandemia gracias a su producción de primera necesidad, pero ahora miran al futuro con recelo. Los vecinos se marchan a sus residencias de verano y dejan el pueblo vacío, ¿mejorará la situación en otoño?

Comercios de Xàtiva

Cualquier vecino de Xàtiva que paseara por la calle Botigues hace algunas décadas, sentiría el bullicio de la gente comprando en los comercios de toda la vida, asomándose a los escaparates o paseando cargados con alguna bolsa de camino a casa. Sin embargo, actualmente, la imagen es bien distinta. Algunos de estos comercios se han trasladado a otras zonas de la ciudad en busca de locales más accesibles y amplios, pero conservando su historia. Ahora, han tenido que enfrentarse a un duro golpe: la crisis sanitaria ocasionada por la Covid-19, ¿cuál es la receta para mantener la persiana subida?

Si hay tres comercios que se han reinventado gracias a la pandemia, esos son La Droguería El Barco, el Forn de Sant Pere y la tienda de frutos secos Moscardó. La primera de ellas apostó hace ya tiempo por la venta online, una decisión que le ha venido muy bien para alzar las ventas en tiempos de coronavirus. Por su parte, el Forn Sant Pere se ha lanzado a la piscina de los pedidos a domicilio, mientras que Moscardó ha tirado de imaginativa pura y dura: decidieron manufacturar paquetitos sorpresa con algunos de sus productos para que los vecinos pudieran enviárselos los unos a los otros. 

Por su parte, Joyería Sancho afronta las primeras semanas de apertura con bastante positividad: han sido meses muy duros, pero la respuesta de los vecinos está siendo muy favorable. Mercería Baldrés, por su parte, también opina que el encierro ha sido catastrófico para su negocio, pero mira al futuro con bastante más recelo que sus compañeros: con todos los eventos cancelados, ¿quién invertirá en detalles para sus mejores galas? Tan solo el tiempo podrá decir qué sucede. 

Comercios de Gandia

La historia de Gandia habla de batallas que se libraron en el castillo de Bairen, tiene la impronta de la familia Borja, con edificios tan insignes como La Colegiata o el Palau Ducal, y está escrita por referentes indiscutibles de la literatura, como Ausiàs March, Roís de Corella y Joanot Martorell. Ahora todavía es pronto, pero no dentro de mucho la historia de Gandia también hablará de la soledad que vivió la ciudad ducal mientras la ciudadanía permanecía en casa para frenar la curva del coronavirus y salvar vidas. Recordará cómo la vida volvió a brotar en el preciso momento que los comercios de Gandia volvieron a subir la persiana y la ciudadanía a pasear por sus calles. 

Si hay un lugar al que todo el mundo deseaba volver, esos son los bares. Y Casa Sanchís - La Tulipa esperaba firmemente a sus feligreses con las tapas encima de la mesa (y también con todas las medidas de seguridad en regla). Este establecimiento basa en la ilusión y el esfuerzo su éxito de supervivencia pero, en realidad, sus deliciosas picaetas tienen también mucho que ver en este asunto. Y, sin abandonar el placer de comer, continuamos el paseo por Forn Santi. Aquí se puede comprar la receta tradicional de la mona de Pascua, que se ha mantenido inviolable durante el paso de los años y de las modas. La venta de este delicioso dulce tan solo ha sufrido un bache: el confinamiento. Y es que el establecimiento decidió cerrar por precaución.

Y si hablamos de comer, no podemos dejar de lado el beber. Aquí es donde entra en juego Casa Colau, el establecimiento más longevo de la ciudad. Especializado en licores, este negocio intentó alzar el ánimo de los gandieses durante el confinamiento con la preparación de cestas especiales de vinos. Un movimiento que permitió la venta a domicilio y el mantenimiento de las ventas durante los momentos más duros de la covid-19. Finalmente, en los dos espectros de la actividad, se encuentran la Farmacia Ignacio y la Joyería Cruañes: los primeros, como negocio indispensable en medio de una pandemia, no flaquearon un segundo. Los segundos, por el contrario, empiezan a despertar del mal sueño del encierro. 

Comercios de Algemesí

Algemesí es un municipio que mezcla historia con modernidad. En los últimos años, su núcleo de población ha crecido de manera imparable, una circunstancia que ha obligado a cambiar la perspectiva que se tenía sobre la ciudad y, sobre todo, a adaptarse. Son muchos los cambios que ha atravesado este municipio de la Ribera Alta pero, de algún modo, un puñado de comercios locales de Algemesí han logrado resistir al embiste del tiempo. ¿Cómo lo han hecho? ¿Cuáles son sus secretos? ¿Y cuál es la energía con la que han llegado a la crisis del coronavirus?

De nuevo empezamos por el bar. Y es que, Ca Garrofera es uno de los máximos referentes en Algemesí, con cuatro generaciones de regentes a sus espaldas. Las tapas son su especialidad, y eso es lo que la gente más ha echado de menos durante los meses de confinamiento. Ahora, la incertidumbre del cierre ha quedado perfectamente compensada con creces gracias a la fidelidad de sus fieles: clientes, no le faltan.

Mientras tanto, en el plano de las telas, destacan Olga Cubells - La Manyeta e Hijas de Carmen Esteve. La primera viste casas. La segunda, personas. La Manyeta se dedica a la venta personalizada de cortinas y objetos para el hogar, un negocio que se ha visto claramente resentido durante los meses de pandemia. La historia de Hijas de Carmen tampoco va a mejor, teniendo en cuenta que se dedican a la confección manual de vestidos especiales como, por ejemplo, los de fallera. Y en esta misma línea camina también Girbés Moda, un establecimiento de ropa elegante para caballero que ha visto caer sus números durante el estado de alarma. Ni siquiera la venta online, con su pequeña bomba de aire, ha conseguido frenar el desastre. ¿Qué será del futuro para estos negocios? Tan solo el tiempo, y la concienciación de las gentes, podrá decidirlo. 

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