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al otro lado de la colina / OPINIÓN

¿La valencianía de la alpargata?

Foto: KIKE TABERNER

En periodo postelectoral, en demasiadas ocasiones la lógica autocrítica es sustituida por un triunfalismo embriagador, al que vamos a darle un poco de espabilina

8/06/2019 - 

No hay duda, como ya decía Blasco de Alagón al rey Jaime I, que Valencia es la mejor tierra y  la más bella del mundo, de ese comentario han pasado ya casi 8 siglos, y resultado de su veracidad ocurre lo que ocurre,  a pesar de que nuestra terreta soporte todo tipo de gobiernos y experimentos sociales sigue siendo la millor terra del món.

Desde que se produjo esa conjunción, cuasi astral, de dos fechas electorales en donde confluían, por lo menos para los valencianos, todas las cuatro posibles citas electorales, y ya viendo los resultados electorales, ufff todo un maratón que ha dejado agotados a los votantes y exhaustos a los politicos meritorios de un puesto de trabajo,  tenia ganas de escribir al respecto; y más aún tras leer a nuestro director Javier Alfonso y su articulo de la semana pasada Mos volen furtar la Senyera, del que me pareció de lo más oportuno su epilogo referido a los compromiseros "esta (también) es nuestra bandera".

Analizando los datos se pueden sacar múltiples y variadas interpretaciones, tantas al menos como citas electorales hemos tenido, pero existe una de ellas que se extrae de poner en relación todos los resultados. Ésta vendría a decir lo siguiente, los valencianos hemos pasado de enlazar gobiernos populares, que de tanto abrirse e incluso exhibirse (incluso en Ferrari descapotable) en eventos deportivos, religiosos, políticos ... muchos de ellos internacionales, terminaron empachándose de esa valencianía del fardonismo (y como dice nuestro director “refugio del blaverismo“, sólo en las formas añadiría yo), que hoy en día paga su penitencia de juzgado en juzgado, sin derecho a la presunción de inocencia casi, y no sólo sufriendo la condena del banquillo televisivo si no incluso la pena carcelaria para algunos (los que robaron a los más pobres); para ahora pasar al localismo asimétrico o esa “tercera vía, el giro hacia el nacionalismo valenciano” como vuelve a decir Javier Alfonso.

Y digo lo del localismo asimétrico, porque si bien en el Cap i Casal la victoria de Compromís es clara, con un 27,44 % de los votos, mejorando los resultados del 2015, y situándose nítidamente como primera fuerza política, en el resto de las elecciones, a medida que subimos en un escalón administrativo más amplio y general, esta coalición va perdiendo fuerza, como si los valencianos no confiasen en sus capacidades representativas fuera de Valencia. ¿Será por los escasos logros presupuestarios y de inversión conseguidos por los 4 diputados encabezados por el, eso sí, simpático Joan Baldovi, a diferencia de los millones de euros conseguidos por los hábiles negociadores vascos y canarios (por no hablar de los catalanes) en los Presupuestos Generales del Estado?

Foto: DANIEL DUART

Porque de ese cercano al 30 % en las municipales, pasamos a un 20,88% en las autonómicas en el Cap i Casal para Compromís que si lo ampliamos a todo el territorio autonómico bajaría a un 16,45 % (más asimetría local del Cap i Casal); y si observamos sus resultados a nivel de las elecciones generales (Congreso y Senado) obtuvieron en Valencia un escaso 7,77 %, que en toda la autonomía aún bajaría más acercándose al 5 % al obtener un 6,45 %. En resumen el votante de Compromís ve a sus dirigentes, de tan tan cercanos, como de andar por casa, muy pedestres, perdón y ciclistas, los ven muy capaces de ser sus alcaldes, sobre todo a Joan Ribó, pero mucho menos capaces de representarles en Les Corts Valencianes, y aún menos capaces para ser diputados, de tal forma que Vox tiene el triple que ellos, y ojo con los excesos y sectarismos, ya sean pedestres o ciclistas, que antes o después pasan factura, ya sea a nivel electoral o judicial como a otros.

Aunque aún existen rastros de ese exhibicionismo y barroquismo muy de la tierra, y me sabe mal escribirlo, pero hace falta reunir, entre otros, a 19 premios Nobel como jurados para unos premios como son los Rey Jaime I, que con una sola búsqueda en Internet, se puede ver su escasa o casi nula repercusión internacional( tampoco mucha nacional), y eso que, será per diners, tiene una dotación económica el doble que los Premios Princesa de Asturias mucho más conocidos, es necesario una renovación (o repensárselos como dirían algunos) de unos premios en los que están muy involucrados la Generalitat y otras Administraciones (como el Ejército) a través de una Fundación Privada..., para que no tiremos piedras sobre nuestro tejado sin querer.

Y hablando de autoflagelarnos, que mejor ejemplo que la selectividad de este año, que es un síntoma del mal funcionamiento del sistema educativo español, perdón de los 17 sistemas, pues existe una clara discriminación entre las diferentes dificultades de las 17 pruebas autonómicas de la EBAU. Porque después todos compiten por las mismas plazas en las Universidades, siendo las valencianas las que tienen unas notas de corte de las más infladas (otra consecuencia de ser la mejor tierra del mundo, todo el mundo quiere venir aquí). Y claro sí además de autodiscriminarnos añadiendo la lengua cooficial al examen de la EBAU, cosa que no hacen otras autonomías, complicamos los exámenes al máximo por ejemplo, y no sólo, matemáticas (mi hijo acaba de hacer el selectivo), estamos acabando con las vocaciones futuras de los estudiantes de nuestra Comunitat que no podrán aspirar, muchos de ellos, a ocupar plazas en las facultades que desearían, y aquí, al igual que ocurre con el examen del MIR para los médicos, seria deseable que el examen fuera único para todo España, para tener igualdad de oportunidades todos los ciudadanos.

Pues fíjense, y ya para acabar, que hasta Bruselas se ha dado cuenta de alguno de estos líos, y como recuerda Regina Laguna en este diario de Valencia Plaza, para evitar diferencias entre autonomías Europa pide promover una Ley de Unidad del Mercado “para mejorar la cooperación entre las administraciones", deseable para educación y para cualquier otro ámbito.

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