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presidenta del Col·legi Oficial d’Educadores Socials de la CV

Norma Gozálvez: «Hacen falta educadores sociales en los colegios»

10/07/2018 - 

VALÈNCIA.- Norma Gozálvez pertenece a la segunda promoción de educadores sociales de Valencia, y es la primera presidenta diplomada que ha tenido el colectivo. Dentro de poco hablaremos de graduados. El principal desafío de su mandato es consolidar la figura del educador en áreas como los Servicios Sociales o la Infancia y Adolescencia, aunque también le gustaría lograr una experiencia piloto en el sistema educativo.  Hay muchos otros sectores donde su papel es clave, como la violencia de género, la interculturalidad o las adicciones. Durante toda la entrevista habla en femenino del colegio, conformado en un 70% por mujeres.

—¿La gente entiende el papel del educador social?

—No, todavía queda mucho por hacer. Por lo general nos confunden con otras profesionales, como las asistentes o trabajadores sociales. Pero la gente que conoce la Educación Social no se olvida de nuestra figura. Nosotras trabajamos con las herramientas que las personas tienen dentro; las acompañamos en un proceso vital, y después desaparecemos para que sean autosuficientes.

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—¿Qué debe incluir la nueva Ley de Servicios Sociales de la Comunitat?

—Estamos trabajando en el anteproyecto de una Ley de Servicios Sociales cuando hay autonomías que ya van por la tercera generación. Tenemos un buen espejo donde mirarnos y debemos hacerlo bien. Una de las partes más importantes es generar equipos multidisciplinares para dar respuesta ante situaciones complejas, donde van interviniendo psicólogos, trabajadores o educadores según las necesidades. Los problemas actuales deben abordarse desde prismas heterogéneos.

—¿También necesitamos educadores sociales en los colegios?

—Hablando con otras autonomías nos dimos cuenta de que ya estaban en negociaciones con sus administraciones. Hay regiones que apuestan por ello, como Extremadura, Castilla La Mancha, Baleares... Sin embargo, en la Comunitat se han inventado figuras como el tutor de igualdad, que en realidad es un profesor con menos carga lectiva y unas mínimas horas de formación, en lugar de abogar por la inclusión del educador social. Es necesario en muchos aspectos, como para trabajar la conexión de escuela y de familia, la prevención de la violencia, la relación con las redes sociales o el acompañamiento. Hacen falta, y por eso le hemos pedido a Marzà una experiencia piloto.

—¿Sucede lo mismo en otros ámbitos?

—Sí, y depende mucho del territorio. ¿Por qué un preso de Cataluña goza de los servicios de una educadora social y en Extremadura es un funcionario que ha ascendido? Queda por regularizar todo el ámbito de la mujer, de la diversidad y, en general, de los sectores especializados. 

—¿Que la Generalitat sea de izquierdas ha sido favorable para el colectivo?

—La primera política valenciana a la que escuché hablar de Educación Social fue a Mónica Oltra. Se ha notado, porque ahora tenemos gobernando a gente que viene de las trincheras. Nos conocemos, utilizamos los mismos códigos, y no partimos de cero cuando nos reunimos. Más de 80 municipios de toda la Comunitat ya tienen educadores sociales, pero a nivel presupuestario queda por hacer.

—Tenéis un papel muy activo en distintas asociaciones, ¿existe el riesgo de la politización?

—Puede, pero es que somos un colectivo proactivo. Es lógico que nos involucremos en lo que sucede en nuestro entorno. Una de las cosas que más me gustó cuando empecé a trabajar con mujeres es que había elecciones y muchas no querían ir a votar, así que organizamos una dinámica para que entendieran cómo funcionaba el sistema electoral y conseguimos que el 90% de las chicas de la clase acabara yendo a las urnas. Si queremos trabajar el tema de la autonomía y del desarrollo personal, también tenemos que darles herramientas para implicarse en la sociedad.

«Contra la violencia de género no hace falta crear nuevas políticas, bastaría con que se aplicaran las que ya tenemos»

—¿Tienen sentido las asociaciones de ayuda social con carácter religioso?

—Hace unos años la realidad era distinta. Había situaciones emergentes a las que dar respuesta, y ahí estuvo el mundo religioso. Desde los años 80 se ha producido una evolución, vivimos en un Estado de Bienestar, hablamos de una ley de Educación Social. Esto significa que debemos pasar de un modelo caritativo a una regulación; no cualquiera vale para hacer cualquier cosa. Si quieren seguir prestando servicios, deben profesionalizarse, y me consta que algunas lo están haciendo. 

—¿Deben cobrar los trabajadores de una ONG?

—Evidentemente, es mi caso. Una ONG no se puede sustentar solamente con personal voluntario. Los trabajadores prestan un servicio público y su labor va más allá de la que realizan los voluntarios. Sin embargo, muchas veces nos encontramos con condiciones precarias de los empleados. 

—Se ha trabajado mucho contra la violencia machista, pero las cifras no caen.

—Es cierto que seguimos teniendo cifras escandalosas. La cantidad de usuarias que atendemos nada tiene que ver con las denuncias. Solo hemos llegado a la punta del iceberg. Muchas veces no hace falta crear nuevas políticas, sino que bastaría con que se aplicaran las que ya tenemos, como la Ley Integral contra la Violencia de Género. 

—Después del caso de ‘La Manada’, ¿estamos viviendo un despegue del feminismo?

—Se ha iniciado un movimiento que va cogiendo fuerza, y creo que no hay vuelta atrás. Ahora puedes dar un discurso en femenino, y los hombres de la sala no se alertan. El movimiento solo genera desconfianza entre la gente que no tiene claro dónde ubicarse, o que sí lo tiene claro y es el lado machista. Han acuñado el término ‘feminazi’ y de intentar que se equipare machismo a feminismo.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 48 de la revista Plaza

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