Top doce

Nozomi

Nuria Morell y José Miguel Herrera

Los nigiris elaborados como obras de Bernini por las manos deNuria Morell son preciosas piezas de orfebrería de color, textura y sabor. Y cuando los pruebas, sabes que la vida sin esos trocitos de belleza es plana e insulsa. Sí, porque en Nozomi más es más

A los diseñadores nos gusta buscarla repetición, como una letanía, eso de que menos es más, como si fuese a redimirnos de todos nuestros peca-dos. Pero Nozomi es una barrena en ese programa minimalista y a continuación te explico el porqué.

Uno llega al número once de Pere III, en Ruzafa, y nada más entrar nota ese interiorismo delicioso donde no sobra ni falta nada; exquisito, mínimo y cálido. Del minimalismo de Van der Rohe al japonés no hay tanta distancia, así que todo bien por el momento. 

Pero luego llegan los primeros nigiris: seis preciosas piezas de orfebre-ría de color, textura y sabor. En cada surco del salmón se encuentra una historia de amor; en cada gamba, una petite mort, y en cada veta del toro, un firmamento en convulsión.¿Cómo es posible concentrar tanta vida en bocados tan pequeños?

Uno duda de si será una sensación pasajera, si esos seis primeros nigiris serán el plato estrella y Nozomi un one hit band. Pidamos algunos más y desvelemos el engaño. Que vengan doce más. Y de nuevo lo que pare-cía irrepetible se repite. El mundo se desvanece y uno se pregunta si eso será lo que sienten quienes se inyectan heroína, porque por esas sensaciones uno estaría dispuesto a abandonar la realidad. 

Los nigiris se suceden. Doce más.No, doce para mí; tú pídete otros doce. Y el vino, delicioso y delicado, bien traído por el sumiller, me masajea las papilas, las relaja y las prepara para más. Y otros doce. 

El arroz, amasado y moldeado por Nuria Morell como si fuese mármol de Bernini, coronado con los golpes de color de Rembrandt, en cada ingesta, me estalla en la entraña un rompimiento de gloria como los de Giaquinto  Corrado. Jamás algo parecido y, por favor, nunca menos que esto. 


En confianza: Del minimalismo ya ni me acuerdo. La revelación, ahí delante de mis narices: Nozomi es pura sensualidad barroca; es elevarse en cada bocado y querer hacerlo sin parar hasta las dos, tres docenas de nigiris, porque allí más es más. Mejor el exceso, pues uno ignora cuándo podrá volver. Y, la verdad, una vida plana, insulsa, sin esos trocitos de belleza, ya no parece merecer la pena.


¿Qué puedo encontrar?

  • Vinos

  • Producto

  • Fusión

¿Qué pido?

Nigiris, nigiris y más nigiris