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Top doce

Nozomi

Nuria Morell y José Miguel Herrera

Si las sílabas de los nombres de Nuria Morell y José Miguel Herrera coincidieran con la exigente métrica de los haikus esta entradilla sería el más exquisito poema sobre el restaurante en el que nacen los mejores nigiris de València.


La del domingo pasado fue la mejor. Bajar de la Sierra Calderona a 130 km/hora, tomar rotondas en tercera, curvas sin desacelerar y hacer los stops como si las letras blancas sobre rojo carecieran de significado. Fue la mejor y la más improvisada.

En Nozomi hay que reservar con bastante antelación, sentir animalillos en el estómago y preparar los receptores del gusto para el festín —«falta una semana pero yo ya sé que me voy a pedir, al menos, dos nigiris de salmón braseado, uno de sardina con aceite de humo y todo lo que lleve anguila, ¿y tú?»—. Pero aquella noche, aquella noche no. Una llamada, buena estrella y mucha probabilidad de estrellarse antes de llegar a un restaurante que se traduce literalmente como «la ilusión de un sueño cumplido». No lamentar accidentes de coche también es ilusionante.

Las manos de Nuria Morell tienen aritmética, geometría, matemática y metafísica. Cortan atún, filetean salmonetes, laminan dorada, detectan la humedad del nori. En su cara, una sempiterna, serena, pacífica sonrisa. Casi iridiscente, como los lomos de jurel o el brillo de la sala dirigida por José Miguel. La cocina de Nozomi se prepara con respeto en la mirada, y felicidad en los labios. Se sirve con sutileza y conciencia plena. Se disfruta igual, sin más palabras que un susurro para pedir otra ronda de nigiris y vino, que no falte en esta vida.

Un consejo, id a Nozomi con quien podáis hablar en silencio y mirar a los ojos sin subir los párpados. Que la fisiología del gusto haga de las suyas y guíe la conversación. El diálogo serán impulsos eléctricos encendidos por los receptores gustativos. Un incendio neuronal entre granos de arroz. Onomatopeyas para expresar lo que transmite una de las casas más extraordinarias de la ciudad del Turia.

Y si caen dos botellas de Godello y algún sake suelto, por favor, prometedme que no tocaréis el volante.


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