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Belgrado, el nuevo destino 'underground' 

La capital de Serbia ha dejado atrás los fantasmas del pasado para abrirse al mundo como un destino underground, gastronómico y cultural 

21/09/2022 - 

VALÈNCIA. Seguramente, al leer que te llevo de viaje a Belgrado, has pensado en la antigua Yugoslavia y en aquella primavera de 1999, cuando la OTAN bombardeó la ciudad. Un ataque que se extendió durante 78 días y fue ordenado por el entonces secretario general de la OTAN Javier Solana. Una instrucción con la que el mundo cambió por completo y cuyas heridas siguen abiertas en algunas partes de la ciudad. Pocas, pero siguen. Un pasado que sirve para aprender de los errores pero que en absoluto ancla a Belgrado en él. Todo lo contrario, porque la capital de Serbia me da la bienvenida con una personalidad y alegría que me atrapa al instante. 

Lo hace con ese aire de ciudad desaliñada, con edificios socialistas junto a otros de corte imperial o modernos. Un caos ordenado como el de sus coquetas terrazas, repletas de gente celebrando la vida. Más tarde me sumergiré en ese ambiente, porque antes quiero ir a los cimientos de la ciudad: la fortaleza Kalemegdan, situada en lo alto de una colina, muy cerca de donde el Danubio confluye con el Sava. Su trascendencia la entendieron ya los celtas y, por ello, levantaron el asentamiento de Singidunum, sobre el que posteriormente se construyó un importante fuerte romano. Y por esa ubicación tampoco hay que extrañarse de que fuera destruida y reconstruida en cien ocasiones, la última en la II Guerra Mundial.

Un pasado bélico que se palpa incluso en la iglesia Ružica, ubicada en uno de los laterales de la fortaleza. Sí, porque durante más de cien años fue usada por los turcos como un antiguo arsenal y, tras la I Guerra Mundial, gran parte de ella quedó destruida por las fuerzas austrohúngaras. De aquella destrucción nació esta iglesia que ya desde fuera llama la atención por las dos estatuas que la custodian: un lancero del período del emperador Dušan y un soldado de infantería. Y al entrar se hace la magia: una iglesia ortodoxa iluminada por lámparas que realizaron los soldados serbios con lo que encontraron a su alrededor: balas y armas que quedaron desiertas en el campo de batalla. Una iglesia hermosa, pero más en las horas de culto, cuando los cánticos se escuchan desde los bancos que hay mirando al inmenso Danubio. 

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Una ciudad repleta de vida 

Sigo caminando hasta el gran mirador que deja ver la vida junto al Danubio —sí, me hago la foto de rigor— y salgo por la puerta de la torre del reloj, en la que al pasar la mano noto las balas de otras épocas. Bajo el foso, tanques militares que sirven de reclamo para el Museo Militar —está ahí mismo—, pero las guerras no son lo mío y opto por salir al parque Kalemegdan. Un jardín salpicado de estatuas de ilustres personajes serbios, puestos de souvenirs con mil objetos abigarrados, familias paseando y algunos grupos de turistas refugiándose bajo la sombra de los árboles. Sin duda, es su espacio de recreo. 

Dejo atrás esa tranquilidad para volver al bullicio. Lo hago uniéndome a todas esas personas que transitan la calle Knez Mihailova, una vía que todavía emana ese aire noble que tuvo, cuando las familias adineradas se instalaron aquí en lujosas mansiones. Camino mirando a un lado y al otro para no perderme nada porque entre esas coquetas tiendas, galerías y cafés se alzan edificios tan bonitos como la Academia de Bellas Artes. Y en ese transitar llego al Hotel Moskva, uno de los más antiguos de Belgrado.

Al entrar, las notas a piano de Englishman in New York (Sting) comienzan a sonar y al poco la cantante la entona. Una atmósfera selecta pero acogedora, con las sillas rojas, las lámparas de araña y un servicio atento. Un lugar que durante la ocupación nazi fue sede de la Gestapo y por cuyas mesas se han sentado el premio nobel Ivo Andric, Maximo Gorki, Einstein, Orson Wells, Agatha Christie, Alfred Hitchcock… Y ahora yo, que decido disfrutar aquí de mi primera cerveza serbia.

* Lea el artículo íntegramente en el número 95 (septiembre 2022) de la revista Plaza

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