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CRÓNICAS DESDE EL CONFINAMIENTO

La comida en tiempos del coronavirus

El mundo ha cambiado, y puede que nunca vuelva a ser el mismo. También en lo referente a nuestra alimentación. Ahora ponemos la mesa, cocinamos más y hemos descubierto que la comida, junto al amor, es el centro de la vida

Por | 20/03/2020 | 10 min, 11 seg

VALÈNCIA. Todo lo que creíamos saber sobre la vida, y en especial sobre la gastronomía, está embadurnado de incertidumbre a consecuencia de una amenaza, acaso microscópica, que en apenas unos días se ha apropiado del país. De repente, adiós al café de las mañanas en el bar de la esquina. Nada de hacer recados por el barrio, a no ser que te enmascares, ni de hablar con los vecinos, que irán igualmente pertrechados, para formar una fila silenciosa en esos pocos establecimientos que resisten con la persiana levantada. Qué tiempos los del vermú al sol, y los de la cañas con los amigos. Aquellos en los que celebrábamos el amor en un restaurante, nos reuníamos con nuestra familia en torno a la paella y anestesiábamos la pena sobre la barra con una, o quizá dos, botellas de vino. Duele recordar el bocadillo en la puerta del colegio y la pizza de después de los conciertos, cuando nos apretujábamos para palpitar los unos contra los otros, en lugar de rehuir hasta la mirada por las calles.

Ese era nuestro mundo hasta hace una semana. Una semana desde que se ordenara el cierre de los negocios de restauración. Seis días desde que se decretara el estado de alarma en España y, por tanto, se limitara el derecho de libre circulación. Y apenas cuatro desde que ardieran los vestigios de unas Fallas que nunca llegaron a existir. "Chico, ¿dónde vas?", le pregunta la Policía. Y él no puede responder que se dirige casa de su novia, ni siquiera se les permite pasear de la mano, y menos subir al coche para viajar como piloto y copiloto. "Miren a esos dos, se están besando", acusan los dedos desde la ventana.

El amor en tiempos de cuarentena, y la comida también. El universo ha cambiado, y quizá nunca vuelva a ser el mismo, incluso en lo referente a la alimentación. Sin embargo, sería estúpido emplear este descanso en el partido, este pause en la película, para enfadarnos en lugar de encontrar alivio. Qué ególatra pensar que el universo nos ha puesto a prueba, pero oye, qué ingenuo descartar que así pueda ser. En la sociedad del consumo, donde nos han acostumbrado a tener lo que queramos, cuando queramos; a encapricharnos de madrugada, y a ser complacidos a domicilio; a no saber decidir entre tanto restaurante japonés y vino australiano; en un giro inesperado, nos descubrimos presentando batalla por los rollos de papel higiénico y el último calabacín de la verdulería. Y al mismo tiempo, valorando cada fruta, alegrándonos de ir a por el pan y vistiendo la mesa con el mantel para hacer hogar. ¿Cómo va a ser todo malo cuando encendemos el horno junto a nuestros hijos?

La cuarentena ha llegado para quedarse, un tiempo largo, pero los días de pijama también son los días del despertar. El momento de raspar ahí adentro y poner orden entre los guijarros. De preguntarnos qué hemos estado haciendo y si podríamos hacerlo mejor. Y en relación con la comida, extraemos lecciones sumamente POSITIVAS, como las que siguen a continuación. Número uno: la mesa, sin amor alrededor, es incapaz de quitar el hambre.

Ahora cocinamos más

Desde mi cuenta de Instagram lanzo una pregunta al mundo (bueno, en realidad a mi mundo): "¿Cómo ha cambiado vuestra relación con la comida en estos días?". Y las respuestas hacen que el universo parezca un lugar mejor: "He aprendido a encender el fuego"; "Estoy haciendo recetas caseras"; "Me he dado cuenta de que soy bueno con los pasteles"; "Todos los días me invento un plato nuevo". Vaya, vaya. Así como leo los comentarios, observo que las fotografías de platos se prodigan por mi timeline, de por sí enemigo del hambre. Chefs, gastrónomos, personal de la hostelería que se encuentra parado, pero en realidad no sabe estarlo, en busca del calor de los fogones. Todos preparando recetas para sus perfiles, las cuentas de sus restaurantes o los canales de IGTV; y oye, qué bonito. Que los clientes no pierdan el interés por el sector gastro: seguro que volverá reforzado al nuevo mundo

Y compramos con responsabilidad

Aunque al principio de la cuarentena nos sentíamos como los protagonistas de una película post apocalíptica, y eso nos llevó a desabastecer los supermercados, ya nos hemos dado cuenta de que hay papel higiénico para todos. De hecho, algunos han avistado leche y agua. La ansiedad ha cedido en pos de la sensatez, porque ahora estamos mejor informados y la industria alimentaria nos ha convencido de que va a dar el callo. Así que, lo esencial es la planificación. Conviene elegir el horario de compra con menor afluencia y evitar las largas colas en la calle. Ten en cuenta que, más allá de las grandes cadenas, los pequeños comercios están ahí, bien cerca, para proveerte. Y aunque estés priorizando los productos no perecederos (conservas, legumbres), tampoco renuncies a los frescos (frutas, verduras), que con previsión irás gastando. Come sano: vas a pasar mucho tiempo con el culo en la silla.

Entendemos el vino a solas

Ha costado mucho que el vino se convierta en una bebida de culto para los españoles. No en el brebaje de chocar copas con los amigotes, mejillas coloradas mediante; ni en la botella de rigor para sellar los compromisos sentimentales, si acaso también empresariales. Hablamos de una de las cumbres de la gastronomía, por cuanto tiene de esmero en su elaboración. Una bebida milenaria, que más allá de la impronta social, se saborea en la soledad del hogar, donde se aprecian mejor los matices y los aromas. Queda bien en un plano de Hollywood, pero sabe mejor recostado en tu sofá de Ikea. Añade un libro de Chirbes y el crepúsculo tras la ventana. La cuarentena hace que los amantes del vino, de por sí disfrutones, descorchen todas esas botellas que custodiaban para las grandes ocasiones, porque si el mundo se acaba mañana, que nos pille bien bebidos. Y entonces la copa se transforma en placer y en refugio.

Y comemos desde la pausa

Queridos oficinistas, bienvenidos al nuevo mundo, en el que el almuerzo ha dejado de ser un sándwich delante de la pantalla del ordenador. Sufridos padres, olvidaos de preparar el desayuno a toda pastilla, porque nadie llega tarde al colegio. Incluso apreciados hosteleros, ¿qué tal lo de comer cuando comen todos, y lo de cenar cuando cenan todos? De repente, te das cuenta de que necesitas menos tazas de café, te alejas de los bocatas con prisas y te entregas al placer del plato sobre la mesa, que puede alargarse todo lo que tú quieras. Y encima, tienes el privilegio de hacerlo escuchando las historias de los tuyos. Déjate de visitas intempestivas al frigorífico, que la tristeza no la curan las Oreo, y organiza bien los horarios de comidas, porque ya no hay excusa que valga. La cuarentena no debería estrechar tu romance con el azúcar, sino apuntalar tu matrimonio con el mantel y la cuchara.

Pedimos comida cuando es necesaria

La prohibición de circular libremente ha llevado aparejada la reconversión del delivery como sistema. Si antes pedíamos comida a domicilio por placer, ahora lo hacemos por necesidad, y tenemos la responsabilidad de evaluar cuándo se trata de una cuestión imperiosa. Porque cada vez que pedimos, estamos exponiendo la salud del rider, y OJALÁ te hayas parado a pensarlo. Las apps de delivery y las casas de comida han incorporado nuevos protocolos para cuidar de sus repartidores y sus clientes, como la ausencia de firma digital y la dinámica de 'cero contacto' (el repartidor deja la bolsa en la puerta). También hay restaurantes que, tras decretar el cierre de sus locales, han puesto en marcha el servicio a domicilio para seguir trabajando en tiempos de confinamiento. A ellos les ayudará a sobrevivir, y a ti, te permite disfrutarlos en el hogar. Pese a todo, responsabilidad: pide si (de verdad) lo necesitas.

Y ahorramos para tiempos mejores

¿Te has imaginado cómo será la primera vez, después de esta cuarentena, en la que pises un restaurante? El día en el que, tras un tiempo alejados, quedes con tus amigos para brindar con unas cervezas. ¿No crees que valorarás mucho más cenar con esa personas a la que echas de menos? Quizá es el momento de decirle, por fin, lo que sientes por ella. Es cierto: con lo que nos gustan a los españoles los bares, van a ser meses de ahorro. Pero no menos cierto: nuestros hosteleros no se merecen semejante castigo, ni nosotros tanta melancolía. Así que, aprovechemos este tiempo, el que sea, para soñar con horizontes placenteros y planear la celebración apoteósica. Será una sensación única, como jamás hemos vivido. Saldremos a gastarnos los cuartos. A pedir el mejor vino. A apurar las horas en una terraza. Y a vivir, que va de eso. Aquí tienes la lista de mejores restaurantes de València. A fuego.

Agasajamos a los nuestros con comida

Decíamos que son días de mirar hacia dentro, de hurgar un poco en los defectos, para ver si se tornan virtudes. Pero también son días de mirar hacia fuera, de sentirnos parte de un colectivo y procurar el bienestar del prójimo. ¿Has pensado en esas personas mayores, o sencillamente enfermas, que están encerradas en casa? ¿Qué te parecería ayudarles con acciones tan sencillas como llevarles la compra o prepararles un tupper? ¿Acaso no es hora de guisar para tus abuelos como ellos guisaron para ti? La comida es el amor, porque cuando cedes parte de tus alimentos, o dedicas tu tiempo a cocinar para alguien, estás enviando un mensaje de afecto sin paliativos. Y eso, precisamente, es un bien al alza. Piensa en los tuyos, pero también en los demás. Hazle la merienda a tus hijos y sírvele la cena a tu mujer. Compra al tendero de enfrente y súbele las bolsas a la abuelita que vive en el quinto.

Y construimos un futuro distinto

Las tardes horneando galletas junto a tus hijos. Los días compartiendo la mesa junto a tu pareja. Las conversaciones, que ya no tratan del trabajo, sino de la playa. Todavía estáis discutiendo en cuál os bañaréis cuando llegue el buen tiempo. Acordando el restaurante en el que cenaréis cuando la cuarentena haya acabado. Temas importantes; prioridades vitales. ¿De verdad crees que todo esto quedará en balde? ¿Que no recordaréis, durante el resto de vuestras vidas, cómo vivisteis la cuarentena? ¿Que esas palabras, pronunciadas en un marco tan excepcional, no os están uniendo profundamente? Las decisiones que estás tomando -"Quédate en casa"; "Mantén la calma"; "Piensa en los otros"- las lecciones que estás aprendiendo -"Qué bien sienta cocinar"; "Los libros te nutren por dentro"; "Comer bien para pensar mejor""-, son enseñanzas que entregarás al futuro, que te harán vivir distinto. Las crisis son oportunidades, y por eso, tenemos una oportunidad única de salir reforzados. 

Imaginemos otro futuro. Un futuro donde nada será lo mismo. Un futuro mejor.

Esto también pasará
Y cuando pase, seremos más fuertes

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