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Notables

Komori

Andrés Pereda y Nacho Honrubia

Perfeccionismo japonés en la técnica y hedonismo mediterráneo en los sabores. El restaurante del hotel Westin —cuyo nombre significa murciélago en lengua nipona— conjuga como pocos ortodoxia y vanguardia

Komori abrió sus puertas en València en 2012 amparado por el prestigio de Ricardo Sanz (Kabuki), la sensibilidad del cocinero madrileño Andrés Pereda y el magisterio de Nacho Honrubia como propietario y anfitrión. Seis años después, este templo de la fusión japo-mediterránea sigue concitando la admiración de los paladares más insobornables (desde Ferran Adrià hasta George Clooney, que se zampó aquí nueve noches seguidas el tataki de bonito con verduras al dente escabechadas). El principal acierto de Komori es su habilidad para bascular entre la ortodoxia y las transgresiones vanguardistas, sin salirse nunca de la ruta del sabor. El hechizo del umami te atrapa en su usuzukuri de mero con trufa —hipnotiza con esas irisaciones de color metálico-rosadas, rociadas con escamas de sal— o en el nigiri con anguila maresa de l’Albufera. La carta es tan amplia que permite casi demasiados itinerarios. Lo más conveniente es no perderse en platos con menos interés como el arroz frito, y darle un tiento a otros que pueden pasar desapercibidos, como las exquisitas berenjenas japonesas a la brasa con vinagreta de miso. En los postres, atención al daifuku (pastel típico japonés estilo mochi). Puro porno gastronómico.


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¿Qué pido?

Usuzukuri de mero con trufa