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Larga vida a Singapur

3/07/2022 - 

Hace un mes escaso, volví a viajar por motivos profesionales a Singapur, la singular ciudad-Estado, ubicada en un lugar estratégico, al Sur de Malasia y al Norte de Indonesia, controlando el necesario estrecho de Singapur, de una superficie equivalente a 3,5 veces Washington DC o 7 veces Paris (intramuros o central). Y, como siempre me sorprendió la eficacia que se despliega en el ambiente. Desde el aterrizaje en el aeropuerto de Changi a abrir las maletas en la habitación del Hotel Fullerton transcurrió una hora escasa. En efecto la entrada en el país se realiza de una manera tremendamente ágil incluso en estos tiempos de post-pandemia. El recorrido del aeropuerto a la ciudad se realizó sin mayores incidencias y sobre todo sin el espantoso tráfico al que algunas de las grandes urbes de Asia nos tiene acostumbrados. Esta primera experiencia de llegada a Singapur es especialmente simbólica de lo que no uno va a encontrar: un país exitoso, moderno y siempre cambiante.

Mucho ha sucedido desde la traumática expulsión, aunque luego también fue providencial, de Singapur de la Federación Malaya en 1965. Aquí conviene recordar la una figura decisiva y de talento infinito que ha sido el verdadero artífice de la ciudad-Estado, Lee Kuan Yew (LKY).  Político, abogado y sobre todo estadista con una visión arrolladora de lo que tenía que hacer con Singapur. Singapur parecía destinada al fracaso o la dependencia de algún vecino aparentemente más poderoso. No solo es el país más pequeño de Asia sino que además carece de los recursos naturales básicos para garantizar su autonomía. 

De esto LKW era plenamente consciente. Pero tenía un plan, en palabras del ex-secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger: “su visión era de un estado que no se limitaría a simplemente sobrevivir sino de prevalecer por la excelencia alcanzada por una inteligencia superior, disciplina y una permanente ingenuidad transformadora que sustituirían a la falta de riquezas materiales”. En este sentido y como muestra del impresionante éxito de sus políticas, el botón del vertiginoso incremento de los ingresos per cápita de sus ciudadanos que ha pulverizado todos los records: de  400 dólares a 50.000 dólares anuales en la actualidad (muy por encima de España).

Conviene en este punto hacer referencia a alguna de las ideas que presidieron la acción política de LKW de forma consistente y permanente y cuya aplicación ha resultado esencial en el éxito de la ciudad-Estado. En primer lugar, la necesidad del intercambio activo de ideas (China probablemente va a superar a Estados Unidos en términos de PIB pero resulta difícil pensar que China con un sistema de represión de ideas cada vez más potente pueda superar en creatividad e innovación a los Estados Unidos); en segundo lugar, no parece prudente instaurar democracias en países donde nunca las ha habido (y tenemos ejemplos de los fracasos que resultan de contradecir este principio en países como Afganistán o Irak; también LKW se refiere a China); en tercer lugar, el reconocimiento de la tecnología en el ámbito de la governanza política (aunque en este punto quizás LKW se equivocó ya que pensaba que la tecnología iba a tener un efecto liberador y dinamizador de la sociedad civil y está sucediendo justo al revés: la tecnología no ha permitido a los ciudadanos está mejor informados, mejor organizados y por lo tanto constituir un contrapeso frente Estado. 

Singapur. Foto: Pexels/ Timo Volz

Más bien al contrario, la tecnología se ha convertido en un instrumento poderosísimo de control del Estado y a su servicio hasta el punto de que podemos afirmar en la actualidad la posibilidad de constituir una verdadera ciberdictadura que hará muy difícil la disidencia. China ya está en proceso de construir un Estado con estas preocupantes características; en cuarto lugar, la necesidad de ser inclusivo en el sentido de estar abierto a lo mejor que el resto del mundo pueda ofrecer por lo que el país está siempre abierto a personas competentes y altamente capacitadas que con su talento o capacidades van a permitir grandes logros. Esta circunstancia fomenta valores como la tolerancia, el respeto a las diferentes culturas y la coexistencia enriquecedora. En quinto lugar, la acción política exitosa se basa en resultados y no en promesas que pueden resultar atractivas pero resultan irrealizables. 

En sexto lugar, LKW es partidario de un estado pequeño pero que realice funciones de árbitro eficaz. Es cierto que el Estado debe ser sensible a los ciudadanos que se encuentren en las situaciones más desfavorecidas pero sin que esto suponga poner en peligro la estabilidad presupuestaria de forman permanente ya que el resultado de esta situación es un estado abocado a bancarrotas periódicas. 

En séptimo lugar, LKW recelaba del escrutinio permanente de la opinión pública  a la acción del gobierno en el sentido que no pensaba que las encuestas debiesen resultar determinantes en las decisiones políticas. Asumía que muchas decisiones de la acción de gobierno pudieran resultan polémicas pero no debían modularse en función de las opiniones de los medios de comunicación. En octavo lugar, LKW entendía que era esencial que la calidad de vida de sus ciudadanos se incrementase permanentemente para lograr el apoyo a sus políticas. Y finalmente, LKW insistía en la necesidad del conocimiento de la historia para poder enmarcar la realidad en un contexto más amplio y evitar así incurrir en los mismos errores.

A través de este corpus ideológico en el que diferentes ingredientes, como el liberalismo, ciertas dosis de paternalismo autoritario y un conservadurismo inteligente se combinan armoniosamente, el cocktail resultante es de lo más satisfactorio. Así Singapur de ser una localidad deprimida en los años 60 habitado esencialmente por pescadores, se sometió a un proceso de transformación permanente para conseguir la prosperidad económica de sus habitantes y que pudiesen alcanzar un vida buena. Pasó de ser un fabricante de componentes electrónicos ligeros, a un hub financiero y jurídico. Y eso sin descuidar en todo momento las nuevas tendencias. 

Singapur. Foto: Pexels/ Eli Mirasol

En la actualidad, uno de sus objetivos económicos es convertirse en el Silicon Valley de Asia. En este sentido determinados factores pueden hacer que se coloque en una posición dominante por encima de Pekín o Seúl. Así junto por establecer un paralelismo con platos tradicionales como la deliciosa y contundente sopa Laksa (que tomé para desayunar todos los días de mi visita) hay algún ingrediente de la tradición de Singapur que está desapareciendo como es el dinero en efectivo. El gobierno es un abanderado de la sustitución del pago en efectivo por el realizado a través de un metodo QR y está instando a todos los pequeños comerciantes con una bonificación de 300 dólares a que lo implante. 

Está evidente proactividad en extender la cultura digital es la razón esencial por la cual Singapur está en el número 1 del Ranking de KPMG como rival de Silicon Valley. ¿Cuales son el resto de factores que contribuyen a este posicionamiento como hub tecnológico cargado de futuro?: diversidad en los estilos de vida, abundancia de talento y espíritu emprendedor, una tolerancia con el mundo en general. Se trata de actitudes culturales que al entrelazarse con un sistema que está realmente abierto  a la innovación, que ha desarrollado una infraestructura digital y que cuenta con el apoyo incondicional del Gobierno, hace que el resultado no pueda ser menos que exitoso. Esto se evidencia en la presencia de más de 300 fondos orientados a estas actividades así como en que se haya registrado más de 4000 startups. Además tech globales colosales están igualmente estableciendo su base regional en Singapur: empresas como Facebook, Google o Amazon lo han tenido claro.

En resumen en la actualidad Singapur se ha convertido en un floreciente ecosistema para la economía del futuro. Se trata, una vez más, de una muestra de su infinita capacidad de transformación y supervivencia.

Es cierto que una economía tan dirigida por el Estado está muy influida por el devenir político lo que generará cierta incertidumbre en los próximos meses. Ha sido el primer ministro actual, hijo de LKW, el que realmente transformó el país hasta convertirlo en uno de los más prósperos del mundo. Con su salida, por tener ya 70 y entender que ya ha sido suficiente, se abre una incógnita en la sucesión del partido en el poder, creado por LKW, el Partido de Acción Popular (el PAP que por cierto está en el poder en Singapur desde su independencia de Malasia en 1965). 

Tras un proceso que no se ha caracterizado precisamente por su transparencia, el llamado a ocupar el cargo de primer ministro es el actual Ministro de Finanzas, Lawrence Wong. Wong, de perfil bajo y lejos de la aristocracia del mundo de LKW, tiene el gran reto de mantener el papel de Singapur como centro financiero regional y sede de multinacionales y atendiendo a cierto descontento social de la población inmigrante local que pretende acceder a mejores puestos de trabajo. Seguro que lo conseguirá.  

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