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el callejero

Pacho Flores, una estrella con el ego enjaulado

24/07/2022 - 

VALÈNCIA. Esta es la historia de una aberración. De cómo uno va a entrevistar a un trompetista y, a la tercera o cuarta pregunta, detecta que no es un instrumentista cualquiera sino que está ante una figura mundial, ante uno de los cinco mejores solistas del momento. Francisco Flores, un venezolano que da cerca de 130 conciertos por todo el mundo cada año, que toca con las mejores orquestas del planeta y que se ha subido a los escenarios más insignes, se da cuenta de que el periodista se turba y, de una manera casi conmovedora, sigue como si nada, sin atisbo de ofensa, con el ego enjaulado y un respeto por el que está sentado enfrente encomiable. 

La torpeza es tal que no cayó a pesar de que costó hacer la entrevista varios meses porque Pacho Flores no para de volar de aquí para allá. Y el día que al fin fue posible el encuentro, recién llegado de Yucatán (México) y Estados Unidos, el trompetista fastuoso se presenta con unas Reebok blancas, unos tejanos y un discreto polo azul. Sobre la mesa ha dejado apoyadas un par de trompetas relucientes, dos instrumentos que tienen una peculiaridad: llevan cuatro pistones en lugar de tres, que es lo habitual. Los pistones son esa especie de botones que hay en la parte de arriba y que pulsan los músicos mientras tocan. 

Pacho está en Stomvi, la prestigiosa empresa valenciana de viento metal con sede en Xirivella, una marca con la que el músico tiene una vinculación profesional y afectiva. Él llama a aquel lugar "la fábrica de los sueños" porque considera que ha jugado un papel fundamental en su carrera como solista, desarrollando esa trompetas tan especiales que multiplican el virtuosismo de este simpático sudamericano que lleva diez años comprando el pan en Mislata. No hace nada que ha llegado a su casa después de quince días en México y en nada vuelve a irse a Italia y Alemania. Luego regresará, pasará cuatro días con su mujer y su hijo pequeño, y se marchará a Canadá para tocar con la Orchestre Symphonique de Montréal. Así es su vida. Aviones, salas de conciertos y hoteles. Ensayar, dormir y actuar. Lo que siempre había querido.

Este venezolano de 40 años nació muy cerca de la frontera con Colombia, en San Cristóbal. Su padre, que trabajaba como contable, era músico. El hombre tocaba la trompeta y dirigía la banda municipal de Táriba. Pacho recuerda que su casa siempre estaba llena de músicos, especialmente de viento, y de jolgorio. Por eso su primer instrumento fue la trompeta de su padre, una trompeta de una marca americana que aquel hombre usaba para la música de brass band y jazz.

Ganó el Maurice André

El niño, el tercero de cuatro hermanos -solo el pequeño se inclinó también por la música, aunque como aficionado-, se formó en el sistema de orquestas de Venezuela, conocido también como el Sistema y que, según cuenta la Wikipedia, es un programa público nacional de educación musical fundado en 1975. Primero tocó con la banda de su padre pero a los doce años se integró en el movimiento de orquestas por todo el país. Ya de adolescente, con quince o dieciséis años, se mudó a Caracas para seguir con sus estudios de música y entró en la Orquesta Juvenil de Venezuela. 

Su carrera dio un salto cuando, entre 2005 y 2006, ganó tres importantes concursos. El más conocido de todos, el Maurice André, en París, el más sobresaliente en el campo de la trompeta. "Entonces se me abrió un espectro y también muchas puertas, y comprendí que tenía ante mí una gran oportunidad de hacer carrera con lo que yo soñaba, que era vivir como solista. Entre 2004 y 2006 se afincó en París, luego regresó a Caracas y, en 2012, se mudó a València. 

"Viví el principio de todos los problemas que hubo en Venezuela, pero yo me mudé a Europa por un tema artístico. En 2010 y 2011 no sé las veces que crucé el charco, pero fueron más de treinta de ida y otras tantas de vuelta. Ya no era viable vivir en Venezuela por mi trabajo. Tuve que mudarme donde fuese más cómodo desarrollar mi trabajo, que, básicamente, en torno al 60% del calendario, es en Europa: Francia, Alemania, España, Inglaterra...", explica sobre su cambio de residencia. 

Pacho llevaba nueve años sin volver a su país, pero en diciembre recibió una invitación del Sistema de Orquestas y no se lo pensó. Se fue para allá a apoyar a los jóvenes y a conocer a la nueva generación de talentos que ha salido de este país con tanta vocación musical. Su madre todavía vive, pero su padre falleció en 2006, justo cuando despuntaba la figura de gran Pacho Flores. "Aún pudo ver que había ganado algunos premios notables y cómo daba mis primeros pasos. Para él, que había sido trompetista, fue muy emocionante", aclara. Antes de fallecer, Pacho aún tuvo tiempo de darle una noticia que hizo tremendamente feliz a su padre: en 2007 iba a tocar en el elegante Carnegie Hall, muy cerca de Central Park, en Manhattan. El hombre recibió la noticia con emoción y, mirando a los ojos de su hijo, le soltó: "Bueno, Pacho, esto es el comienzo de lo que tú querías".

La programación de cada temporada se hace con mucha antelación en la música clásica. El venezolano, por ejemplo, ya tiene cubierto 2023 y algunas fechas de 2024. "Ya sé qué semanas voy a trabajar el año que viene y cuáles voy a descansar. Este 2022 está siendo terrible. Al final del año habré dado 130 o 140 conciertos. Hace poco, entre el 28 de junio y el 3 de julio, en solo cinco días, hice ocho conciertos en el Festival de Yucatán. Aunque lo peor de todo, según él, no son los viajes sino los ensayos. Porque da igual que él se sepa de memoria un recital, cada vez que cambia de orquesta, tiene que empezar de nuevo. "Eso me genera mucho estrés. Yo puedo ir girando un repertorio específico que solo toco yo, dedicado a mí, pero cada vez que lo toco con una orquesta distinta hay que empezar de cero. Lo toco con la Orquesta de València y la semana que viene, la misma obra que ya me sé y que tengo en un alto nivel, la toco con la Sinfónica de Montreal y tengo que empezar de cero. Ese desgaste psicológico de empezar de cero con un recital que ya dominas es mi trabajo. Y también le pasa al director de orquesta. Cada semana tengo que llevar mi trabajo al nivel más alto. La diferencia es el nivel de las orquestas. La reputación y prestigio que tengan esa orquesta, ese director o ese festival. Esas son las cosas que a nosotros nos motivan. En agosto, por ejemplo, voy a ser artista residente con la Sinfónica de Montreal en el festival de verano, que es muy prestigioso".

En el Hollywood Bowl con Dudamel

Está en la cúspide. El año que viene, en julio, pisará otro de los grandes escenarios del mundo: el Hollywood Bowl, donde está anunciado junto a Gustavo Dudamel. Dudamel es un reputado compositor y director venezolano que ha ganado varios premios Grammy, y el Hollywood Bowl es un anfiteatro donde pueden entrar más de 17.000 espectadores y que ha salido en muchas películas. "Pero al mismo tiempo, un mes antes, es posible que esté tocando con una orquesta en Paraná, en el interior de Brasil, una buena orquesta con la que tengo amistad de años y no por estar en lo más alto voy a dejar de visitarles. No todo tiene que ser arriba, arriba. No sé, yo he tocado aquí con la banda de Llíria. Me invitaron para el 200 aniversario y montaron una banda con 150 músicos ese día, una cosa increíble y que también te proporciona felicidad". En uno de esos recitales menores, en Navajas, conoció a su mujer, que está vinculada a Stomvi, la empresa con la que ha crecido gracias a las trompetas que han diseñado para él y que han abierto un camino que hoy intentan recorrer otros trompetistas. "Yo necesito pasar de 0 a 300 km/h en dos segundos. Esa competencia no la puedo hacer con un Fiat Panda, la tengo que hacer con un coche en condiciones. Por eso necesito el máximo rendimiento del instrumento".

Sus trompetas, algo más pesadas que las convencionales por aquello de llevar cuatro pistones, están en casi dos kilos (1,8 kg). Lo dice y nos pone una en la mano para que la sopesemos. Se la devolvemos con sumo cuidado: algunas valen más de cinco mil euros. La empresa le fabricó una maleta adrede para transportar sus instrumentos. Pacho, que ha llegado a hacer recitales con trece unidades, suele viajar con once trompetas. Cuatro van con él en la cabina del avión y las otras siete acaban en la bodega. Eso sí, a buen recaudo, dentro de ese envoltorio especial que le construyó Stomvi. Por fuera es como una maleta dura de Samsonite, pero por dentro lleva un molde hecho a medida -hicieron el positivo y el negativo de cada instrumento- para que encajen perfectamente. Así, en dos pisos, con tres o cuatro trompetas en cada uno, la maleta pesa 22 kilos, uno menos de lo que suelen admitir las aerolíneas.

Con ellas ha tocado en el Concertgebouw de Ámsterdam, en el Musikverein de Viena, el Suntory Hall de Tokio o el Carnegie Hall de Nueva York. "Ahí he tocado de solista. Pero hay otras salas donde sí he tocado, como la Philharmonie de Berlín, pero con la orquesta Simón Bolívar hace muchos años, no de solista, y me apetece muchísimo hacerlo. Y aún quedan sitios fantásticos donde tocar, como el Walt Disney Concert Hall, en Los Ángeles, una sala fantástica donde actuaré en 2025".

Su hijo adora la música

Sus recitales suelen durar entre 45 y 50 minutos. En cada uno toca dos obras de trompeta de unos veinte minutos cada una. Y luego un bis. A eso hay que sumarle el tiempo que dedica a explicarle al público qué es lo que va a interpretar y por qué se escribió esa obra y en qué se inspiró su compositor. Así se ve hasta los 65 o los 70 años, y, mientras tanto, entre viaje y viaje, ve crecer la vocación de su hijo, el pequeño Pacho. Un niño que toca el violín y el piano, y que adora la música clásica.

Foto: Kike Taberner

El chiquillo progresa gracias al Método Suzuki, "un revolucionario método de enseñanza que ideó un japonés". Y, a su lado, el genio de la trompeta aprovecha y aprende también a tocar el violín. Porque los músicos no dominan todos los instrumentos, y Pacho solo controla, además de la trompeta, la guitarra y el cuatro venezolano (una guitarra pequeña). A veces, el hijo le pide al padre que le toque la trompeta. Y Pacho, complacido, le deleita con cualquier cosa: una serenata de Mozart, el 'Ligia Elena' de Rubén Blades, o, si se tercia, el 'Amunt València!. "Le encanta", advierte Pacho divertido. Porque no todo es música clásica en sus vidas y, si se presenta la ocasión, al trompetista también le complace asistir como espectador a un concierto de Juan Luis Guerra o Luis Miguel. Aunque más fácil era verlo en el Palau de la Música o en el de Les Arts cuando hay una buena programación.

Una de las prioridades de este virtuoso es no convertirse en un obseso. Muchos días, en la comida, se toma una cerveza. Y por la noche, con la cena, una copa de vino, una de sus aficiones. Y ya hace tiempo que descubrió que lo de la capacidad pulmonar era un mito. El mejor entrenamiento para un músico como él es ensayar, como ensaya, tres o cuatro veces al día. "Practico tres o cuatro ratos de una hora cada uno. Me los programo en función de las horas que mi hijo pasa en el colegio. Yo no hago una preparación específica. Cuando dicen que hay que tener buenos pulmones, pienso que es mentira. Es una cuestión técnica. Mi entrenamiento es tocar cada día. Hacer lo máximo para esforzarte lo mínimo y rendir más. De eso se trata. Está muy bien no fumar, pero cuántos músicos hay que fuman... En el jazz está permitido un sonido roto, un gallo, forma hasta parte de... En la música clásica no; en la música clásica tiene que ser perfecto. Es lo más de lo más. Por la rigurosidad. Conozco músicos que fuman mucho y tocan fenomenal. También conozco gente que hace natación, que hace deporte, y tocan como el culo. Es una cuestión de técnica. No influye estar gordo o estar delgado. Aunque yo camino mucho y voy a natación, pero por mi espalda, no por la trompeta".

Lo que sí le gusta es dormir la siesta cuanto está de gira. Porque el descanso sí lo ve prioritario. Es importante llegar pletórico al recital y ese día renuncia a la caminata. Ahorra toda la energía que puede hasta la noche. Y no se encierra en la música clásica. "He hecho de todo y a veces toco jazz o salsa, pero me gano la vida tocando música clásica". No presume. No ha habido, en casi una hora de conversación, ni un mínimo impulso por demostrar quién es. Ni siquiera menciona que graba para Deutsche Grammophon, que, en la música culta, es lo más de lo más. Ni rechista cuando, al final de la charla, el fotógrafo le pide que toque un poco para las fotos, que debe ser algo así como pedirle a Ed Sheeran que cante un poco. Pacho, con esa carita redonda de los hombres bonachones, lo acepta todo, como si, dentro de unos días, no fuera a subirse a otro gran escenario para tocar su repertorio para trompeta de cuatro pistones mientras el público, con todo vendido, le regala un silencio rotundo sobre el que flotan las notas de su instrumento.

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