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Pantxo (Zoo): "No me siento cómodo en los lugares comunes ni en los lemas sobados"

El grupo despedirá Raval en la Plaza de Toros de València el próximo 18 de octubre

1/10/2019 - 

VALÈNCIA. Zoo celebran sus cinco años de vida con un descanso bien merecido. Tempestes vénen del sud y Raval son dos de las referencias más notables salidas de la Comunitat en los últimos años. El colofón de este éxito será su concierto de despedida, que se celebrará el próximo 18 de octubre en la Plaza de Toros de València.

Toni Sancho, o Panxo, es el promotor del proyecto musical. Y él mismo se sienta un rato largo con Culturplaza para hacer balance del primer lustro de Zoo, y de música más allá de los prejuicios simplistas. Durante la entrevista, se descubre un proyecto musical que no da las cosas por sentadas, y que no vacila a la hora de hacer autocrítica.

- ¿Es Zoo la manera en la que te relacionas con el mundo, una manera de cambiar el mundo que no encuentras en otras militancias?
- Es una manera particular, que no se da en otras militancias. Nosotros no hemos decidido hacer música porque quisiéramos relacionarnos así con el mundo, sino porque nos gustaba y siempre hemos tenido esta inquietud. Nos dio por la música como nos podría haber dado por plantar naranjos. Dicho esto, sí que es verdad que venimos de una tradición musical reivindicativa, transformadora, protesta... Y todos los miembros del grupo nos hemos conocido coincidiendo en estos ambientes: en los 90 cuando la gente iba de macrodiscoteca, nosotros íbamos a los conciertos de La Polla, y eso era un mundillo en sí.

- La etiqueta "rock reivindicativo", bajo la que os han puesto en repetidas ocasiones, ¿peca de simplista?
- Es incluso errónea, porque no hacemos casi nada, aunque es cierto que nos relacionamos con un circuito en el que -tradicionalmente- ha predominado el rock. Reivindicativo tampoco es una palabra que tampoco me gusta mucho, aunque para que lo entienda todo el mundo, sí estamos dentro de la escena reivindicativa.

Con todo esto, sigue sonándome simplista porque nuestra música va mucho más allá del rock y nuestras letras quieren abarcar mucho más de lo puramente reivindicativo.

Foto: EVA MÁÑEZ

- El sonido final del grupo es en realidad la suma de cada uno de los ADNs musicales de la gente que lo forma. ¿Qué mundos se mezclan en vuestra música?
- El germen del proyecto, que soy yo, quien crea el proyecto, es el rap y su técnica para expresarse a nivel vocal. El peso de las letras, además, en este proyecto es muy importante. A partir de ahí lo que buscamos es una base instrumental parecidos al rap, pero algo más rápidos y acercarnos a la música de baile. Y en este medio camino entre el rap y la música de baile, están todas estas texturas y sonoridades de la música mediterránea, de la música negra y de la música tradicional, últimamente.

- En estos cinco años de carrera, algo habréis hecho bien para romper algunos techos de cristal que tenía la música hecha en la Comunitat. ¿Cuál ha sido vuestra apuesta ganadora?
- Yo no lo enfocaría a que los responsables de esta situación fueran los grupos. Es verdad que antes la situación era algo endogámica, y se construían guetos con unas limitaciones más claras. Esto también tenía mucho que ver con unas políticas culturales, que no respondían a esa escena, pero también porque hace 15 años la escena era muy pequeña. Por muy endogámica que fuera este círculo, se construyó cómo se pudo entre la poca gente que había entonces. No quiero hacer una crítica a lo que se hacía antes, porque la situación era realmente adversa.

Hablando de nosotros, de lo que hemos podido hacer bien, creo que no hemos hecho nada mucho mejor que los demás, pero sí hemos tenido suerte -por ejemplo- en la repercusión que tuvo nuestro proyecto en su lanzamiento. Creo que ningún grupo de nuestro entorno se había lanzado tan rápido, y nosotros supimos leer esa situación y no decidimos quemarnos aquí, dosificarnos y que la gente no se cansara de nosotros. A la contra, decidimos salir mucho a Cataluña, Madrid, Galicia, Andalucía, Extremadura... Y nos salió bien. De todas formas, no hay una fórmula, y a nosotros nos salvó la frescura de nuestro primero disco.

- ¿Afectó ese éxito al proceso creativo del segundo disco, Raval?
- Fue un proceso muy duro que no disfrutamos. El primer disco, Tempestes Vénen del Sud, fue muy chulo porque no nos esperaba nadie; pero en Raval teníamos la presión inconsciente de tener que demostrarle a la gente que no éramos flor de un día y que éramos capaces de mantener el nivel. La creación del segundo disco no fue nada disfrutable, pero aprendimos mucho de la experiencia, y creo que en dos discos hemos podido evolucionar lo que a un grupo normal le costaría cuatro.

Foto: EVA MÁÑEZ

- ¿Aspiráis a recuperar esa libertad creativa?
- Es lo que más me gustaría y de lo que más ganas tengo cuando nos metamos en un nuevo proyecto. Quiero liberarme de lo que piense la gente; por eso nos hemos cogido un año de descanso, para hacerlo con más margen. Quiero recuperar la magia del proceso del primer disco. El segundo también me gusta mucho y tienen canciones muy buenas, pero cuando lo escucho no me genera un buen recuerdo.

- Ahora las fronteras musicales son muy líquidas, sobre todo en las llamadas músicas urbanas. Hay dos corrientes: la de abrazar las tendencias más populares, más mainstream, o la de radicalizarse. ¿En cuál de estas dos está Zoo?
- Es que no siento que haya sonoridades mainstream y sonoridades radicales. Oques Grasses, que se mueven mucho en nuestro círculo, acaban de sacar un disco con unos arreglos súper comerciales y yanquis, y la vez me parece el mejor disco de música alternativa que ha salido en 2019. Han hecho canciones que, si no cantaran en catalán y sus letras fueran las que son, podrían estar sonando en cualquier discoteca un sábado por la noche después de un tema de Rosalía.

Si hiciéramos punk rock, aún te diría que se puede volver a los orígenes, pero nosotros que venimos del rap... A mí personalmente, que me gusta mucho la música de baile, aspiraría a sonar lo más limpio y profesional posible, como las bases americanas, aunque esto vaya en contra de radicalizarse. Luego, no olvidar nuestras letras cañeras y punkarras que son nuestra esencia; pero la música, cuanta más gente la pueda bailar, mejor. No quiero pertenecer a un gueto cultural.

- ¿En qué manera la música te ayuda a canalizar la rabia de un mundo con el que no estás de acuerdo?
- Creo que yo escribo cómo escribo, no por un impulso primario, sino porque es lo que he escuchado toda mi vida. De pequeño escuchaba a cantautores que hacían canción protesta; de adolescente, rock radical; y ya de más mayor, grupos de rap... La música que he escuchado es la que me ha llevado a lo que hago. 

La verdad es que últimamente me cuesta más tratar temas políticos porque siento que se tratan tanto... Me siento poco original tratando ciertas cosas. 

- ¿Y a qué te sientes llamado a escribir?
- Estoy buscando temáticas, pero mi impulso natural ahora me llama a jugar con el lenguaje, con la rima y con las metáforas, y escribir sobre sensaciones momentáneas. Quiero encontrar la manera de hacerlo sin abusar de lugares comunes ni lemas sobados. Ya no me siento cómodo en eso, quiero manejar la subjetividad y la ironía.

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