Top doce

Riff

Bernd H. Knöller

Más valenciano que nunca, Bernd Knöller afronta el caos del ahora, con su yo más disfrutón. Mediterráneo y cabal para regalarnos la mejor versión del RiFF

No es fácil entender a Bernd Knöller, valenciano porque le da la gana: hiperbólico, tierno, locuaz y profundamente mediterráneo porque lo lleva dentro. Y no hablo ya de su acento personalísimo —cada vez lo entiendo menos— sino porque se me intuye imposible descifrar qué andará pensando este hombre larguísimo y optimista; con la que ha pasado, pero ahí sigue con su sonrisa perenne pegada a la cara. Desde no hace mucho le ha dado por las ondas y por flexibilizar la propuesta gastronómica hasta el infinito: cinco menús para ocho mesas y la fidelidad de un equipo sin el que es imposible entender esta casa: Paquita Pozo, Carol Bonilla y Javier Martínez en sala, Guillermo Baldó y Mattias Gómez en cocina. Todo funciona como un reloj en este oasis de paz en pleno Conde Altea.

«Sin el cine, los periódicos de papel, el boxeo y la sopa de ajo, la vida no vale nada», lo dice el periodista Pedro García Cuartango pero imagino que no debe andar muy desencaminado el sentir de Bernd porque... qué tío tan pegado a la vida y a las cosas sencillas: el café de cada mañana en el Mercado Central, los libros, la música (no es casualidad el tocadiscos presidiendo la sala) y ese amor sin fisura por la artesanía: «no somos nadie sin productos de gran excelencia, y estos son elaborados, pescados, cazados o criados por personas».

No es casualidad que fuese de los primeros en plantar sus nombres y apellidos en el menú (huevos ecológicos de las gallinas de Ricardo Guillem, café de origen del tostador independiente Right Side Coffee o Aceite de Oliva Virgen Extra de la cooperativa de Viver) ni que sus clientes de siempre permanezcamos fieles como perrillos a su cocina elegante, suculenta y concisa: nunca sobra un ingrediente.

Recomiendo una experiencia más corta (el menú Lonja, por ejemplo, con sus cinco platos pegaditos al mercado y algún entrante) y un riesling memorable para acompañar la experiencia RiFF, tomar las calles del Ensanche bajo la luz blanquísima de València y ser plenamente conscientes de la suerte que tenemos por vivir aquí: por comer, beber y vivir en esta ciudad cada día más nuestra. 


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Sus panes son un pecado