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EL MURO / OPINIÓN

Todos a pintar grafitis

El grafiti se ha “colado” en el Ayuntamiento de Valencia de la mano de uno de sus concejales que ha decidido “decorar” su despacho con uno de ellos. Así, por sorpresa. “Avanzamos” a la carrera

13/12/2015 - 

VALENCIA. Un edil del nuevo equipo del consistorio valenciano, al que le asignaron la concejalía de Espacio Público y cuyo nombre es Carlos Galiana, (Compromís), ha decidido decorar su despacho con un grafiti titulado “Nosaltres, el poble”, un mural firmado por Vinz Feel Free, como así adelantó Valencia Plaza. Igual su rotulación es un homenaje a Joan Fuster, para acercar afinidades, o a Vicent Andrés Estellés, por su “Mural del País Valenciá”… No está muy claro. Pero aún así, da qué pensar.Galiana dijo, para justificar su decisión, que quería dar un giro radical a la decoración de su “propio” espacio público y por ello, como motivos principales, decidió que apareciesen hombres y mujeres desnudos de diferentes edades para representar la igualdad, la vida contemplativa, la vejez o la enseñanza. Bien, vamos por partes.

No estoy en contra del arte urbano, al contrario. Soy un admirador de Haring, que se inició así en el mundo del arte y llenó las calles de Nueva York de sus reconocibles grafitis antes de convertirse en artista de cabecera de la modernidad neyorkina; y de Basquiat que, al fin y al cabo, irrumpió y se hizo grande desde casi lo mismo, pero acabó en un garaje al dictado rastrero y vicioso de su mecenas/marchante, que son los peores. Me gusta que las generaciones se reactiven al margen del sistema establecido. Más aún, después de lo que hemos visto estos últimos años de rezo, presión y movilidad geográfica deseada, según la ministra Fátima Báñez que después de la severa reforma laboral no sé sabe en qué más ha estado centrada salvo en figurar. 

Siempre he sido un defensor del proyecto de arte urbano Poliniza, de la Universidad Politécnica de Valencia. Es una idea  dinamizadora e innovadora sobre una disciplina que muchos no consideran aún, pero que está llena de genialidad y tiene presente y futuro. Quizás nos falte tiempo y distancia para entenderlo. Hasta aquí, todo normal. Tampoco se trata de poner en cuestión al propio Feel Free –la firma tambalea-, ni de analizar su obra, que no ha dejado, por otro lado, de ser un supuesto encargo.  

Pero visto, lo que hemos visto, cualquier concejal, desde este momento, puede utilizar un espacio público en lo que desee y además vacilar de su originalidad o caprichos personales. Sugiero que otro concejal meta en su espacio de trabajo cajones de naranjas o una instalación de arte “povera”. Si lo paga él, por supuesto. ¿O no, Antonio Lis?  

Sin  embargo, la modernidad no está escondida en acciones, sino que se trata de una responsabilidad pagada. Cómo todos se pongan a lo mismo mañana montan un happeningchuli, cuelgan de otro despacho una bola de espejos al estilo “Saturday night fever” o instalan una barra de cafetería, como la que tiene el Luisma en “Aida”, en su salón. Seamos serios.

Sí, vale, hace tiempo que el grafiti entró de lleno en los museos, En España tenemos un referente, Suso 33, que saltó de las calles a los museos y las galerías de arte. Pero bueno, esto de por aquí tiene el sentido de la anécdota circunstancial. Y habrá que dejarlo pasar si lo entendemos como gesto residual. Espero que no haya sido pagado con dinero público. Ellos dicen que ha sido un regalo. María Consuelo Reyna o Ferran Belda lo habrían explicado rapidito en otros tiempos. Hay que esperar que esto no deje de ser de ser un chiste, una ¨boutade” pasajera. Estar más preocupado del diseño interior que de la acción exterior anima a comenzar a tomárselo más en serio desde esta orilla. Y más aún si en ello va incluida publicidad gratuita e interesada como acto de fe.

Muchos compañeros sugieren que ha de existir un margen. Si estamos más interesados en la decoración que en el fondo, es que no estamos muy bien encaminados, para ser fino.

Arte urbano

Los grafiti los usaría de forma activa para decorar todos esos solares que invaden Velluters, el Carmen o Sant Bult que no tienen aún objetivo decidido. Y sin parar. Pintad, que nosotros animamos. Pero despachos municipales, pues no sé. No entiendo esa modernidad que debe haber llevado varios días de ejecución en los que al concejal no le debe haber dado tiempo para poder quitarse de encima mucha faena con el mareo que llevo yo mismo después de pintar modestamente mi habitación y estar escribiendo estas líneas. 

El arte urbano responde a una necesidad de expresión ante la ausencia de espacios disponibles. Ahora sabemos que el Ayuntamiento lo es. Así que cualquiera, mañana mismo, puede comenzar a pintar las fachadas del edificio de Carbonell  Panella y Paco Mora  porque  lo considere oportuno o un concejal se lo aconseje a un conocido. Estarán en su derecho si un edil se lo dicta. Con lo bien que estaba la idea de socializar el balcón municipal y las chirigotas que se pueden escribir sobre este asunto si estuviéramos en Cádiz. 

Sería mejor darle vida de verdad al solar trasero del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) y desatascar la idea de convertirlo en un espacio urbano abierto con las esculturas que permanecen guardadas en los almacenes del museo. El desalojo del espacio hoy vacío y las expropiaciones supusieron un gran dolor a muchas familias afectadas y expulsadas de sus casas por una operación inmobiliaria añadida por deseo político. Una idea en la que siempre aparecen los mismos nombres. Llevamos años sin que nadie quiera abordar de lleno y de forma urgente este asunto, aunque exista algún avance. Y eso sí debe corresponder a esa concejalía de Espacio Público, supongo. Pero que nadie se olvide que el diseño del proyecto del IVAM nos costó cinco millones de euros y nunca nadie ha explicado cuánto más significaron las expropiaciones.

No imagino a RicardPérez Casado, Clementina Rodenas, Rita Barbera o JoanRibó pintando los pasillos del ayuntamiento del color especial que tiene Sevilla. Que alguien les pregunte. Corren tiempos de hacer política y evitar charlotadas. Lo importante no es la estética sino la ética.  Seamos serios, por favor, que al final los retrógrados acabarán teniendo razón.

“Es algo underground, de la calle. Muchos pueden considerarlo vandalismo, sin embargo, cuando lo pones en un lugar como este, una institución, pasa a ser arte”, explicó el propio artista en Valencia Plaza. Pues qué bien.  

De momento, sabemos que el edil se ha hecho popular y semimediático por “sus” grafiti con los que ha posado decidido para los medios de comunicación. Pero no es serio. No es nada serio, Ribó. Mañana merendilla en las escaleras municipales. Que esto es una ciudad, aunque la ciudadanía esté adormecida en el tiempo de la marmota y no consiga hablar o no separa qué decir todavía.

Galiana, de lo demás, de lo tuyo, al margen de la decoración, qué nos cuentas.

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