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i aniversario del parque central: éxitos y deberes

El sueño de un parque, un año después

22/12/2019 - 

VALÈNCIA. Es un modo de estar fuera y a la vez estar en casa. Urbanismo y paisajismo entregados en uno a la causa humana del estar, del respirar, del oler, y del ver. Del compartir, del jugar, del reflexionar. Una suerte de jardín privado, recogido, entre una malla de asfalto y ladrillo. Un lugar donde aprender, enamorarse, e incluso envejecer como en casa. Al menos eso es lo que soñó la creadora del Parque Central de València, la paisajista norteamericana Kathryn Gustafson. Hace más de siete años que presentó su proyecto al concurso de ideas internacional organizado por el Ayuntamiento de València, cuando todavía gobernaba Rita Barberà. En 2018, ya con Joan Ribó de alcalde y el edil Vicent Sarrià al frente de la concejalía de Urbanismo, se materializó la primera fase, entre la calle Filipinas y la avenida Peris i Valero. Pasados doce meses, es momento de hacer balance, recorrer el parque urbano y analizar sus éxitos y los deberes que faltan por hacer.

Hoy, un año después de aquello, el viento azota con fuerza los casi 1.100 árboles que salpican el espacio. Algo que no es rémora para los más jóvenes: a primera hora de la mañana, dos críos ya revolotean en la entrada. Varias naves industriales dan la bienvenida, y un estanque acompaña al visitante con un riachuelo de dos hilillos hasta el otro lado del parque. El agua es una constante. Los chiquillos se posan en los montículos que sobresalen entre los meandros. Se acuclillan, con los cabellos libremente desordenados por el aire, introducen sus manos en la corriente, y dan un brinco para correr joviales, siguiendo el pequeño cauce. "¡Por favor!", suplica su abuela, que anda tras ellos, a duras penas. Un joven discurre en su tabla de skate, mientras pasea correa en mano a su perro. Chapotea sobre el agua. Es un sábado cualquiera en el Parque Central.

Niño jugando durante la inauguración del Parque Central. Foto: KIKE TABERNER

Gustafson explicó a la revista de Expresión Gráfica Arquitectónica en 2017 que parques como éste constituyen el "paisaje colectivo"; se convierten en "parte de nuestro mundo" porque permiten reunir a la gente, socializarla, aumentar la comunicación entre las personas. "El parque urbano nos permite apartarnos temporalmente de la ciudad", sentenciaba la paisajista. No hace falta más que un pequeño paseo por sus entrañas para comprobarlo.

A un lado del riachuelo, se encuentra uno con el Parque de las flores: un laberinto conducido por arbustos que ofrece varias acogedoras estancias e íntimos bancos. Sobre el mar de hojas, se erigen elegantes cipreses y se adivina alguna que otra pareja aprovechando el recogimiento de las sendas estrechas. Una familia ha colgado entre dos árboles una hilera de globos de colores -Dios sabe como aguantan las embestidas del viento-. Celebran el cumpleaños de algún jovencillo con abundante desayuno sobre una de las mesas de madera. El verde aquí es regla, les rodea por doquier.

Foto: KIKE TABERNER.

El balance de este año es "muy positivo" para el concejal de Jardinería y Limpieza, Sergi Campillo, pero hay que ir a mejor de ahora en adelante. Durante este ejercicio, el mantenimiento ha sido tarea de la UTE constructora, pero a partir de ahora asumirá esta función el Organismo Autónomo Municipal de Parques y Jardines que Campillo preside. Uno de los problemas que ha detectado el ente es que, de las 69 especies de árboles y las 325 de plantas, "algunas variedades no se han podido adaptar a nuestro clima".

"Esto no es una obra de infraestructura dura, sino que hablamos de vida y de especies vegetales", dice el concejal, "y aunque hagas un estudio previo, no todas las especies acaban yendo todo lo bien que se había previsto". Es por ello que conforme se vayan detectando los ejemplares afectados, se irán sustituyendo por flora autóctona, siempre respetando el proyecto original.

El consistorio ha previsto una plantilla de 15 personas para hacerse cargo diariamente del espacio: limpieza de los jardines, mantenimiento de los sistemas de agua, reparación de infraestructuras, control del riego, etcétera. En términos económicos, ocuparse de este bello mastodonte de 11 hectáreas se traducirá en una partida de 1,1 millones de euros anuales. Teniendo en cuenta que el incremento presupuestario del organismo para 2020 será de más de dos millones de euros, el Parque Central se lleva la mitad de esa subida. "En los próximos años -admite Campillo-, conforme se vaya ampliando el parque, tendremos que aumentar el presupuesto necesariamente".

Foto: KIKE TABERNER.

Al sur del pulmón, una extensa llanura de césped toma el nombre de Pradera mediterránea. Allí, un grupo de amigos tumbados sobre toallas recibe un sol enmarañado, tímido. Otros jóvenes usan la explanada como pista para entretenerse con raquetas de playa. Un anciano ve pasar la mañana apoltronado sobre su silla de ruedas y bajo una bufanda de campeonato. Ante sus ojos, dos niños juegan a la pelota. Al fondo, y entre soplo y soplo de viento, resuena el metálico ir y venir ferroviario. Quizá no lo sepan los invitados, pero la playa de vías que se intuye a sus espaldas está condenada a desaparecer. El interrogante: cuándo.

En la zona este tienen su lugar los más pequeños. Una zona de juegos infantiles y otro gran abierto rematado con un rocódromo. Un hombre saca de allí en alto a su retoño, sumido en un lloro agudo, desesperado. Cerca, una especie de mirador separa la zona de diversión del Jardín romántico. El Parque Central se revela así como un espacio emocional, de convivencia comunitaria, casi familiar. En el Jardín romántico, sin embargo, se topa uno de manera inesperada con una valla que limita la salida hacia el este.


Pese a haberse presentado en público a finales de 2018, esta primera fase es todavía un lugar inacabado: el jardín presenta aún un bocado de unos 4.000 metros cuadrados sin urbanizar en su linde con la avenida de Peris i Valero. Los terrenos estaban ocupados antes por el concesionario de automóviles Juan Giner, que se negaba a abandonarlos porque un planeamiento municipal lo dijera. Tuvo que ser una resolución judicial la que obligó al propietario a irse y dejar paso a la urbanización de la zona.

Esto retrasó más de lo previsto las actuaciones y la Sociedad Parque Central -constituida por el Ministerio de Fomento, la Generalitat Valenciana, y el Ayuntamiento- decidió abrir el recinto sin haber finalizado estas obras. El pasado mes de septiembre ya se licitaron -1,3 millones de euros- y se prevé que a principios de 2020 se empiece a completar el parque en este extremo. El concejal del PP en el consistorio, Juan Giner, por su parte, lamenta el retraso y considera que la urbanización de estas parcelas es "una ventana de oportunidad para coronar la primera fase de un proyecto largamente esperado".

De vuelta a la entrada principal por el este, y sobrepasado el lineal Jardín romántico, se introduce uno en el Jardín de la huerta. Un pequeño y espaciado foso que rinde homenaje a la huerta valenciana metropolitana, tanto en morfología como en especies vegetales. Presenta diversos escalones, y en el centro se ubica lo que aparenta ser una alberca de agua. Una mujer ha lanzado una pequeña pelota dos bancales abajo; su can, asustadizo y diminuto, no sabe bajar; la mira indeciso. Más allá, tras los naranjos, anda un hombre de avanzada edad y barba añosa, blanca y larga, de aspecto valleinclaniano. El ambiente, por bucólico, es reminiscencia de alguna de sus Sonatas.

En otro de los terrenos, una adolescente emperejilada posa desafiante ante el objetivo. El Parque Central también está en las redes sociales. El hashtag #parquecentralvalencia cuenta con más de 600 publicaciones en Instagram. Bohemios con guitarra a contraluz, gráciles familias sobre el césped, aparentes lectores sobre un banco en posturas imposibles, modelos barbudos con fondo florido, niños que chapotean entre las fuentes, e incluso talleres de yoga y mindfulness gratuitos en pleno Parque Central. Es, fuera de toda duda, un emplazamiento fotogénico.

Lo que se ve, podría serlo todo. Pero no es así en este caso. El proyecto inicial de Gustafson recogía diferentes elementos complementarios que, por el momento, no se han materializado. Entre otras cosas, el sueño de la paisajista proponía varios hitos escultóricos: monumentales postes de acero, visibles desde parte de la ciudad, que señalaran algunas entradas al parque. Dos de estos hitos se preveían en la fase que ya está abierta; otros dos, en la tercera fase. Precisamente este mes, el concejal del PP, Juan Giner, presentó una iniciativa en la comisión de Urbanismo para que se completase esta primera zona con estos elementos, que si bien son complementarios, constituyen un "valor añadido". 

La moción salió rechazada por el equipo de gobierno, donde señalan que este tipo de elementos son opcionales y que, si se decidiese instalarlos, se podría hacer cuando se consumaran las otras dos fases del Parque. El problema, señalan los populares, es que esto puede tardar muchos años y creen que se puede ir avanzando en ese sentido. "Apelamos al equipo de gobierno a reconsiderar su posición", insiste Giner. Además, se pedía que se soterrasen los contenedores de basura para mejorar la imagen del Parque, otra actuación complementaria que no se ha realizado.

El final del trayecto es el inicio: el estanque y las naves de Demetro Ribes. Arquitecto de principios del pasado siglo, Ribes es el padre de estas construcciones industriales, ahora vestigios de un pasado ferroviario que une el Parque con sus raíces. La nave más expuesta a la calle Filipinas se pretende dedicar a usos sociales y juveniles; otras dos de menor tamaño, hermanas, se repartirán una el desarrollo de la Universitat Popular, y la otra el uso cultural; y una tercera construcción, más monumental, se ha proyectado para la instalación de un polideportivo. El consistorio ha puesto en marcha su rehabilitación, pero ninguna ha abierto sus puertas todavía. Se presentan como cáscaras de ladrillo herméticas, repletas de aire. Hay eco, y el suelo de alguna de ellas se muestra necesitado de reparación y adecuación. 


Por ejemplo, la nave apodada Ribes Espai Cultural (REC) prevé estar lista en 2020. Con 450 metros cuadrados disponibles y una capacidad de 250 personas, todavía está por definir su proyecto artístico: se plantea como una estancia polivalente y de conexión con otras entidades de la ciudad. La nave de mayor tamaño en el complejo ferroviario es la que se dedicará a polideportivo. A mediados de 2018 se adjudicó la redacción del proyecto, pero nada se sabe desde entonces. "Es una prueba más de la falta de diligencia de este gobierno", critica el edil del PP, quien señala que el equipo de gobierno ha tenido tiempo para poner en marcha estos equipamientos cuando se abrió la primera fase: "Les exigimos un mayor compromiso con el que es el nuevo pulmón verde de la ciudad".

El edil del gobierno, Sergi Campillo, admite que los plazos de su puesta de largo se han retrasado. "Cada nave está gestionada por una concejalía diferente", explica el también vicealcalde. "Cada nave tiene un proyecto diferente y las concejalías responsables no van todas al mismo ritmo", incide, pero subraya que el próximo año espera que se materialicen todas las naves. Así, Campillo se congratula de que poco a poco "el Parque Central va acabando de definir todas sus potencialidades".

Además de estas naves, también se han rehabilitado dos muelles de carga, uno que recae a la plaza Manuel Sanchis Guarner y otro a Giorgeta. Hay instalados unos aseos públicos, pero están vacías, por lo demás. El Ayuntamiento ya estudia el contenido para dotar estos espacios: una idea es instalar cafeterías o locales similares en régimen de concesión. Nada decidido por el momento.


Otro de los retos a los que se ha de enfrentar el consistorio es a los actos vandálicos. Precisamente las naves industriales fueron víctima de alguna que otra gamberrada hace pocos meses, que acabó con una treintena de los cristales de las ventanas completamente rotos. Pero no ha sido el único suceso: ya se ven algunas pintadas de poco calibre y se ha constatado la celebración de botellón entre las naves, un espacio que se encuentra fuera de la valla de protección del parque, que cierra al caer la noche. 

El Parque Central ya cuenta con la preinstalación de unas doce cámaras de videovigilancia, pero pasado un año todavía no se ha hecho la instalación completa. A la luz de los acontecimientos, el Ayuntamiento se ha puesto manos a la obra y ya ha iniciado los trámites para llevar a cabo esta actuación. Así, el organismo de Parques y Jardines solicitará a la mayor brevedad el permiso de la Delegación del Gobierno para colocar las cámaras. El trámite, no obstante, no es corto. El permiso ha de pasar por otras instancias como el Tribunal Superior de Justicia.

El origen de todo: el soterramiento de las vías

Estaban los visitantes escuchando el rumor ferroviario sin saber que un día, al menos esa es la intención, dejará de existir. La primera fase abierta es, en realidad, un 40% de lo que pretende ser al acabar las actuaciones. Y la segunda fase es, quizá, la operación urbanística de mayor calado, la que transformará por completo la vista satélite de la capital. Conlleva el soterramiento del parque de vías que dividen a modo de cremallera los barrios del sur, así como la construcción de una Estación Central y de un túnel pasante subterráneo que dirija los trenes hacia el norte.

"Ese es el proyecto capital y fundamental de la ciudad de València de cara a los próximos años", señala Campillo. "A veces desde el Gobierno central no acaba de atinar en la prioridad de los proyectos": la prioridad de València es el soterramiento de vías, insiste. A tener en cuenta: quién costea los 400 millones de euros a los que asciende la operación. Este año, la administración autonómica y la municipal suscribieron un convenio en el que explicaba que el Gobierno de España se hará cargo de la mitad de la factura; y la Generalitat y el Ayuntamiento pondrán el restante a partes iguales.

Cuando se desmonte el telar de hierro, todo será más fácil. Por un lado, el terreno liberado servirá para completar el Parque Central en dos fases: la del propio parque de vías, y a continuación, la de la estación provisional de Joaquín Sorolla. Y por otro lado, se demolerá el Scaléxtric del viaducto de Giorgeta. En la Sociedad Parque Central esperan que se pueda licitar la construcción del canal de acceso ferroviario por el sur de la ciudad a inicios de 2021. Y a partir de ahí, se antoja larga la espera. Por su parte, la Estación Central que vendrá a hacer de -que no a sustituir a- la actual Estación del Norte, será una obra del Ministerio de Fomento, que pagará los 2.200 millones de euros que cuesta.

Así, todos estos espacios por donde pasar se convertirán, en superficie, en espacios donde estar. Por el momento, estar sólo se puede en la Pradera mediterránea, en el Jardín de las flores, o en el de la huerta, por ejemplo. Allí, uno está, uno mira, reflexiona, se enamora, o se desenamora, y envejece. Y lo hace fuera de casa, pero estando dentro. Estos son los lugares que imaginó Gustafson. El 40% de su sueño ya se puede respirar. Hace ya un año que se respira.

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