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La salita, ahora con el patio más bonito de valència

Begoña Rodrigo, elegancia frente al caos

La Salita eclosiona y estalla en mil colores, toma la fabulosa terraza del Huerto en Rufaza y nos enseña (de paso) que nada es tan importante como la adaptabilidad y la valentía

Por | 18/09/2020 | 3 min, 40 seg

Mi primera interacción con la Rodrigo no fue la ideal, enero de dos mil nueve y nos gusta la experiencia en La Salita pero no había carro de quesos; entonces no era tan habitual un menú único en la ciudad y yo quería mi puto queso, tetes. Ha llovido mucho, muchísimo desde entonces (Estrellas Michelin, las moquetas de los platós, reconocimiento de toda la profesión, el cariño sincero y una pandemia planetaria que está arrasando un sector no muy acostumbrado a alegrías) pero los valores de Begoña siguen inamovibles, principios conservados en formol: tesón infinito, desenvoltura ante el cambio, ni un ápice de ego —tan habitual tras la chaquetilla— y el que sin duda me parece más importante, obsesión por cuidar al cliente y a su equipo.

Ni un ápice de ego y obsesión por cuidar al cliente y a su equipo

Lo único inamovible en un personaje tan acostumbrado a la vorágine en una religión (la hostelería) ya de por sí instalada en el caos: y más ahora, en este dominó de piezas que será el otoño gastronómico en España. Por eso ante cada iteración de la cocinera de Xirivella vuelvo a esos principios fundacionales, porque ahí está todo, así es más fácil entenderla; esta misma semana sabíamos que La Salita (en principio, en la primera planta del maravilloso palacete del siglo XVIII) crecía tomando la terraza del Huerto, ocho mesas más para un total de cincuenta clientes felices. Doy fe de esto último. ¿Que por qué lo ha hecho? Fácil, su obsesión por cuidar al cliente de siempre, por darle lo mejor y priorizarlo sobre cualquier otro modelo. Ojalá tomasen nota en Vodafone, eh.

Dos visitas a esta nueva Salita, una de ellas estratosférica. Estamos cansados de insistir en la importancia que tiene el contexto (el espacio, la luz, las vistas…) pero es que es verdad: un espacio a la altura de la propuesta gastronómica (y este sin duda lo es, obra de la interiorista Silvia Bellot) lo cambia todo porque mejora cada detalle y llega hasta transformar las percepciones —es como el amor, todo sabe mejor.

AL FIN, UN ESPACIO A LA ALTURA DE LA PROPUESTA GASTRONÓMICA

Su cocina sigue instalada en los mimbres del territorio, el sabor y la huerta de proximidad, pero ha crecido con la parte líquida con los cócteles de Alex Rolim, Sargis y Denis y una bodega fabulosa, comandada por Miguel Jiménez. Sergio de Jorge y Jesús Eres al frente de la sala (con la incorporación de Reyes Real) y por si no fuera suficiente, el beneplácito de sus vecinos (y también uno de los locales más bonitos de España) porque los Nozomi están encantados, “el desembarco de Begoña y La Salita en la antigua ubicación de El Huerto ha sido un soplo de aire fresco para nosotros: ha creado un marco incomparable y una propuesta gastronómica apabullante, nos parece de lejos la apertura del año. Es la vecina perfecta además de amiga incondicional así que tenerla yedra con yedra es un privilegio porque así también podremos hacer terapia en los ratos de patio de vecino y compartir alegrías e inquietudes

Hace no tanto, en abril de este año y con el traslado ya claro, nos decía que “esta vez estoy muerta de miedo porque es mucho mogollón”, pero ahí está el resultado: mesas llenas (tal y como está el patio), 34 trabajadores y esta certeza de que la Rodrigo no la despeina la incertidumbre. Es una surfista de la cocina. Y sin pisar a nadie.

Y es que con el tiempo he aprendido que la elegancia (así se titula su libro: El sabor de la elegancia) poco tiene que ver con una manera de andar, un modo de vestirse o de hablar. La elegancia es una forma de actuar, de estar en el mundo, de vivir frente al caos. Larga vida a La Salita. 

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