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EL BOOM DE LOS CATERINGs en las mesas navideñas

Estas Navidades mamá no cocina 

Cada vez son más las familias que deciden olvidarse de cocinar estos días y encargar la cena de Nochebuena o la comida de Navidad a un catering

Por | 28/12/2018 | 6 min, 13 seg

A principios de diciembre le pregunté a mi suegra qué tenía pensado preparar para el día de Navidad. "Lo voy a pedir a un catering", me respondió mientras en su rostro se dibujaba una gran sonrisa de felicidad. Esa actitud de liberación contrastaba con mi cara de poker. "Qué bien", disimulé mientras me imaginaba una mesa llena de canapés resecos con pan de sandwich, volavents rellenos de palitos de cangrejo y mayonesa y cóctel de gambas decorado con huevo hilado. Compartí con mis allegados la funesta noticia de que el día de Navidad, no solo me iba a perder el cocido CASERO de mi madre, sino que además iba a tomar comida hecha por unos desconocidos y servida en bandejas de papel.  Mi sorpresa fue en aumento a medida que varios amigos me decían que en sus casas la cena de Nochebuena o la comida de Navidad también la encargaban a empresas de catering. Los pilares de la civilización moderna empezaron a tambalearse. Hasta que me metí en la boca la primera cucharada de sopa cubierta que tomamos el día de Navidad y ahí, en ese instante, el caldo cubierto de tropezones de pollo, hígado y yemas, destruyó todos mis prejuicios sobre los caterings y la comida preparada. Joder, qué bueno estaba aquello.

La responsable de aquella sopa y de todo lo que vino después es Gloria Rocher, una mujer que lleva dos décadas cocinando para los demás. Su empresa es pequeña y tiene una particularidad, se basa en productos ecológicos, de temporada y de proximidad. En Navidad el 90% de los platos que prepara cumplen esa condición. Fue precisamente la inquietud de comer sano y sostenible lo que hizo que montara su empresa. "Quería comer ecológico, pero era más caro y no podía, me di cuenta de que es la comida procesada la que es cara, si compraba materia prima y me dedicaba yo a cocinarla, podía comer de esta manera", explica.  Empezó a prepararles la comida a un grupo de madres que, como ella, estaban criando en esos momentos y no tenían tiempo, aquello fue tomando forma hasta lo que es ahora. Entre los platos que sus clientes pueden disfrutar estos días están las alcachofas confitadas al ajillo, los briwats de ricotta con hierbabuena, las cremas de calabaza o coliflor, el tajine de ternera, la carrillera de cerdo ibérico o el all i pebre.  Dependiendo de lo que uno pida, el precio medio va de los 15 euros, si no se elige carne a los 30.  "Yo creo que la gente cada vez pide más catering para ahorrarse el curro. La gente no tiene tiempo y cada vez sabemos cocinar menos. El ritmo de vida que llevamos nos impide dedicarle tiempo a la cocina". 

"Como he estado muchos años haciéndolo, ya me he cansado. Decidí pedir la cena de Nochebuena y la comida de Navidad por comodidad, por no tener que estar pendiente, además porque yo no soy nada cocinera, no me gusta. Mi vecina me habló de Gloria el año pasado, nos gustó y este año hemos repetido",  explica Amparo, una de las clientas de este catering que las navidades pasadas decidió colgar el delantal y encargar a Gloria el menú navideño.  Me cuenta que sus hijos en un principio parecían reticentes, pero en cuanto probaron los platos, cambiaron de idea. 

La familia Iborra-Candela es reincidente.  Llevan cinco años pidiendo la comida de Navidad al catering Catmarí.  Hasta hace un lustro, Clara Candela, la cabeza de familia, preparaba el tradicional cocido navideño, pero llegó un momento en que se cansó y propuso que la familia saliese ese día a comer a un restaurante.  A las tres hijas no les hizo gracia la idea, para ellas y para el resto de la familia, comer fuera es algo cotidiano, mientras que pasar todos juntos el día de Navidad en casa de la  mamma tiene algo especial. Llegar al mediodía y quedarse hasta la noche, la emoción de los niños destapando los regalos de Papá Noel, la intimidad, las conversaciones, el calorcito del hogar.... No querían renunciar a todo eso, pero entendían que a su madre, con 65 años, no le apetecía pasar por todo el quilombo que supone hacer comida para 15, así que le propusieron pedirla. 

Ellos van un paso más allá, y además de pedir la comida, compran la vajilla en una empresa de suministros hosteleros. Platos, vasos y cubiertos de plástico, pero "del bueno", diseñados para estas fechas. Una vez se acaba el postre, todo va a la basura. "Además de ahorrarle a nuestra madre que cocine, también le liberamos de los preparativos previos y nosotros nos olvidamos de fregar. Es todo mucho más relajado", explica Dulce, la hija pequeña del clan.  De las opciones que les ofrecen en el catering, suelen elegir el menú superior, que tiene un precio de 26 euros y que consta de entrantes como el carpaccio de bacalao, tomate Raff, tapenade de aceituna negra y rúcula, taco de foie micui con confituras y pan de cristal, minitatin de rabo de toro estofado y pimientos asados y jamón ibérico de bellota. De segundo, pueden elegir entre cinco segundos. Ellos siempre optan por el cochinillo y el canelón de pato, que este año no entraba en el menú, pero se lo prepararon por ser clientes habituales. 


Catmarí es la empresa que montó Alejandro Genovés hace seis años. Lleva 17 años en el sector de la alimentación. Antes, tuvo dos restaurantes en Barcelona y estuvo trabajando para el Grupo Godó con servicios de catering. Después de pasar un año en Pekín, volvió a Valencia y montó su actual empresa. "Nosotros tenemos volumen de trabajo todo el año. Hacemos muchas bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños y ferias, pero es verdad que ahora en Navidad el trabajo sube. Los días 24, 25 y 31 podemos trabajar perfectamente 15 horas al día sin descansar un minuto", cuenta Alejandro. Este año dieron 800 comidas entre Nochebuena y Navidad. A los encargos de última hora tuvieron que decir que no, "Además de producir, nosotros hacemos reparto, así que preferimos no hacer tantos servicios para poder trabajar bien y ofrecer la calidad que nos gusta. Abarcamos lo que sabemos que podemos hacer", añade. 

Para estas fechas, la empresa ofrece tres menús cerrados, uno de 16, uno de 21 y otro de 26 euros. Todos con entrantes, varios segundos para elegir, panes y surtido de dulces navideños. Los clientes de Catmarí repiten año tras año. "En nuestro caso, creo que es la relación calidad-precio por lo que la gente nos encarga sus comidas de Navidad. Tenemos muy buen producto a un precio razonable. La gente prefiere ahorrarse todo el lío, ha cambiado el chip respecto a la Navidad", afirma.  

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