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La esencia molinera y de arquitectura industrial modernista de Harinas Belenguer

2/09/2018 - 

VALÈNCIA. Eran tiempos de pizarra y tiza, pero también de empuje y modernismo industrial. Escrito en ese blanco áspero sobre el verde de la pieza fijada en la pared de la fábrica, se remarcaba en cada jornada qué tipo de harina se iba a trabajar: de trigo, de centeno, de arroz, de maíz, de malta, de gluten, gluten de trigo o mixes de panadería. Y anclados en la techumbre traqueteaban los circuitos de raíles de transporte de los sacos. Y germánicamente estructuradas se ordenaban las máquinas, de madera entonces, para trabajar el producto. Y esa harina, la de Belenguer, era la que se servía a hornos de los barrios de València, y al tiempo se distribuía en camiones por toda la Comunitat y también en Teruel, Cuenca, Albacete o Toledo.

Casi como cuña de radio de la época, se extendió un claim repetido por los niños de los colegios que iban de excursión a visitar la fábrica: "Harinas Belenguer, las mejores para comer". Era la harina de una familia de tradición molinera que creció para ser referente empresarial y para ser fondo del trabajo de los artesanos panaderos y reposteros de negocios como 'Pa y Dolços V. Sancho Colomer', Las Comedias Horno y Bollería, Casa Nit, Pastelería Villanueva o Rosa de Jérico entre otros muchos de la ciudad o para empresas como Galletas Río.

Harinas Belenguer la fundó Vicente Belenguer Lerma en 1907 en el Molí de L’Escaleta de Paterna. Más tarde la fábrica se situó en la carretera de Barcelona enfrente de San Miguel de los Reyes. Pero el gran impulso y viaje hacia su desarrollo empresarial fue ya en la calle San Vicente, 271 (entonces área industrial de Devís) a poco de que estallase la Guerra Civil. En 1935, se cursó la petición de licencia de obras para levantar la fábrica en el camino Real de Madrid (la actual zona de San Vicente - Cruz Cubierta). No fue hasta el 39 cuando se activó esa obra con planos del arquitecto Julio Bellot Senent. Además, Vicente Belenguer Lerma acudió a la empresa alemana Bühler -una firma de ingeniería industrial especializada en una nueva generación de fábricas modernistas- para la organización y estructuración de su empresa.

Expansión industrial

València crecía por el sur con la industria. Una expansión. Macosa, Hierros Mateu, Cerveza El Turia o Harinas Belenguer se instalaban en la zona, cerca de las vías del tren. Un tejido industrial que generó empleo y que en parte significó una migración de familias obreras para vivir, seguramente, cerca de sus centros de trabajo. Ese fue el germen de un barrio en el área donde hoy se extienden la calle San Vicente por el sur, la Cruz Cubierta y San Marcelino.

La harinera funcionaba y producía 24 horas al día en turnos. Llegó a contar con cincuenta trabajadores en un proceso industrializado y mecanizado con las directrices de Bühler. La firma alemana, de hecho, fue llamada de nuevo por Belenguer Lerma después de que en 1940 un incendio provocara importantes daños. Aquello, sin embargo, fue el origen de una reconstrucción, finalizada en diciembre de 1943, que derivó en una fábrica modernista de 10.000 metros cuadrados, con una parte de edificio destinada para las oficinas y como casa familiar -situada en el piso de arriba, en el que también había una capilla-.

El espacio industrial se dotó con aquella ampliación de una cubierta en la que se adaptaron los raíles para transportar los sacos de harina, una techumbre para el patio de carros, se organizaron las máquinas de madera sobre suelos de cerámica valenciana pintados y se fijaron el área de carga para el reparto de los camiones y un acceso para una vía que entraba hasta la misma fábrica. Se elevó un edificio industrial modernista.

Harinas Belenguer compraba el trigo en Teruel, Cuenca, Albacete, Toledo o Huesca. Y producía para toda la Comunitat Valenciana y también para parte de esas zonas de donde importaba el trigo. Un referente del tejido industrial valenciano, formando parte del consorcio nacional de harineros, que presidieron los Belenguer de tres generaciones -empezando por Belenguer Lerma, quien el 18 de mayo de 1935 fue nombrado perito del consulado de la Lonja en materia de harinas-. La firma tenía silos en la calle San Vicente, donde almacenaban el cereal. En 1980, por falta de espacio, construyeron otros en la Fuente de San Luis. Cuando falleció Vicente Belenguer Lerma, en 1962, recogieron el testigo sus hijos Vicente y José María -éste último fue nombrado prior y cónsul de la Lonja con mesa de representación de Harinas Belenguer-. Con peso en la sociedad empresarial valenciana, pero también en la tradición fallera, pues el fundador fue impulsor de la falla de la Cruz Cubierta (1943).

Plan del Parque Central

La firma desarrolló como negocio familiar su actividad a lo largo de las décadas. Y en 2007, año de su centenario, recibió un diploma de la Cámara de Comercio de Valencia. El final de la empresa familiar, como tal, llegó hacia 2012. Un concurso de acreedores y la subasta posterior significó el fin de Harinas Belenguer.

El edificio industrial modernista todavía resiste en pie -hoy es propiedad de Pintor Navarro y Aeslife Ibérica-. Y es todavía, porque está en la zona afectada por el Plan del Parque Central y el estruendo de la demolición lo acecha. Desaparecidas ya las Cervezas El Turia o Hierros Mateu, con algunas naves de los restos de Macosa que se mantienen hasta su definitiva demolición, Harinas Belenguer se eleva en el número 271 de la calle San Vicente como el último reducto de la ingeniería industrial de la época. Su actividad ya no puede ser industrial como lo fue de forma puntera y referente nacional de la harina en su día. Resonando entre sus paredes aquello de 'Harinas Belenguer, las mejores para comer', invita a pensar en esa obra de arquitectura industrial modernista de los años 40 del siglo pasado como museo o espacio socio-cultural, integrado en el proyecto del Parque Central.

Fotos: Estrella Jover
Fotos: Estrella Jover

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