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el callejero

La librera que no lo parece

Foto: KIKE TABERNER
12/12/2021 - 

VALÈNCIA. Mamen habla sola dentro de la librería. No es que vea gigantes quijotescos ni nada parecido, es que le habla a la cámara como si le estuviera hablando a sus clientes. O a sus seguidores, que no siempre coincidirán. Y sí, la primera impresión sorprende. Pero no porque esté ahí dándole a la camarita del móvil como si fuera 'youtuber' sino porque choca que el peso de una librería recaiga, aunque más pesados son los prejuicios, sobre esta chica tan joven y tan pizpireta. Ella está harta de que la juzguen así, tan rápido, con tan poca paciencia, tan impermeables siempre a que alguien nos sorprenda y nos enriquezca. Pero es lo que hay. Mamen Monsoriu tiene 27 años y lleva una librería. Haber elegido 'youtuber'...

La librera estaba hablándole a sus seguidores porque hoy -el día de la entrevista, que no hoy- se cumplen dos años de la inauguración de Imperio del libro, donde metió tantos títulos como sueños después de responder con la mayor honestidad posible a la pregunta que llevaba años rondándole: ¿Vas a ser lo que tú quieres ser o vas a ser lo que los demás esperan que seas? Y así, dejando de darle rodeos, de evitarla, fue como un día abandonó su trabajo como científica, su vieja utopía de curar el cáncer, para embarcarse en otra, sacar adelante una modesta y coqueta tienda de libros -muy 'cute', que se diría ahora- en Ruzafa, al lado del Cómic, quién sabe si el bar más pequeño pero más bullicioso de todo el barrio.

Mamen siempre había sido una lumbrera. Una de esas chicas con notas excelentes desde el colegio hasta la universidad. Una de esas estudiantes con tanta facilidad que, además de sacar las mejores calificaciones, se llevaba un dinerillo ayudando a otros niños a aprobar sus exámenes. Un expediente sobresaliente en Biotecnología, dos másters y se intuye, aunque no lo dice, que varios idiomas. Porque alguien que no habla alemán no pronuncia el nombre del austriaco Stefan Zweig como ella lo hace. Aunque igual no tiene ni idea del idioma de Thomas Mann pero se ha preocupado por aprender cómo se pronuncia Zweig porque vende muchos libros suyos. Vete tú a saber. 

Pero dejémonos ya de tópicos y prejuicios. Porque alguien puede ser una niña pija de Guadalaviar y, al mismo tiempo, sin que una cosa desmerezca a la otra, poseer una mente brillante. Y Mamen, en un juicio rápido, parece una chica bien con ese vestido de punto marrón y esas 'sneakers animal print', pero de tonta no tiene un pelo. Al contrario. Y un año después de abrir su librería cuqui y de salvarla de toda una pandemia, abrió con su chico una segunda librería en Reino de Valencia. Pero, sobre todo, por encima de cifras y clichés, porque Mamen Monsoriu, que iba para científica de envergadura, y eso era lo que esperaban sus padres, una inspectora de Hacienda y un abogado de postín, fue capaz de darle la espalda a las expectativas de los demás para crear las suyas propias y ser feliz así.

De Kika Superbruja a Irene X

Mamen fue una niña que se hizo lectora por contagio, por ver cada día a su padre sentado en un butacón devorando un libro tras otro. Porque su casa era una de esas casas donde hay una habitación dedicada en exclusiva a los libros. Y así no hace falta insistir mucho, la niña acaba leyendo. Primero a Kika Superbruja, el Capitán Calzonzillos, a Laura Gallego... Y luego, en el lapsus de la adolescencia, abandonando la lectura pero entregándose a cambio a la escritura, a poemas y cartas manuscritas que enviaba a sus amigos el día de sus cumpleaños, diciéndoles por qué eran importantes para ella. Y un día contaba la discusión que había tenido en casa y al otro transmitía que le habían roto el corazón otra vez y que esta vez sí que no iba a superarlo. Y la poesía la cautivó. Sobre todo, Irene X, Karmelo C. Iribarren y Escandar Algeet, pero luego vinieron los clásicos y nuevos autores. Una pasión ferviente que la empujaba a leer cuatro o cinco poemarios cada semana. Y aquellas cartas primerizas y aquel blog del que jamás revelará su identidad, por puro pudor, dieron paso a sus libros de poemas: 'Cien disparos que te recordarán por qué estás vivo', 'Escalofríame' e 'Imperatriz'. 

Hace dos años se hizo librera. Y eso, en casa, se tomó como desperdiciar o despreciar todo su talento. "Mis padres se tomaron muy mal que yo me decidiera a abrir una librería. Ahora que acabo de ser madre lo veo de otra manera, pero cuando tienen las expectativas muy altas puestas en ti quieren que seas la mejor en todo, pero la mejor en lo que ellos creen que es lo mejor para ti. Creo que los padres deberíamos pararnos un momento y hacer el esfuerzo de ver en qué quiere él ser el mejor.  El otro día leí un tuit que me encantó: cuando un niño es bueno en matemáticas y malo en música, le apuntan a música. Y debería ser al revés, para que despuntara. Y esa es la historia de mi vida. Siempre han querido que fuera una súper científica". 

Foto: KIKE TABERNER

Mamen tenía claro su concepto de librería. Quería abrir un centro de encuentro entre lectores y escritores. Y quería que fuera de una forma determinada. Al principio dudó entre Benimaclet y Ruzafa, pero al final entendió que su público estaba al lado del Ensanche. "Como he viajado mucho, había visto lugares como este en otras ciudades. Lugares donde además de vender libros también se celebrasen eventos, presentaciones, firmas... Ese contacto con autores que hace que un libro sea más que un libro. Y así, esa utopía fue creciendo en mí hasta que pensé que si tanto me apetecía que existiera un sitio así, por qué no lo montaba yo". 

Y se puso a indagar por Ruzafa. No tardó en toparse con la realidad: alquileres muy altos y edificios muy viejos. Pero, de algún modo, sabía lo que quería. "El amigo que me acompañaba, no entendía nada. No me gustaba ningún sitio. Hasta que entré en un local hecho polvo, con todo horrible, y entonces dije: aquí es. Sentí que era aquí. Y era aquí. Las paredes se siguen cayendo a trozos, pero ahora, al menos, caen trozos bonitos".

Escritores que rompen a llorar

Y ahí, en la calle Sueca, muy cerca del tardeo del Cómic, las tracas de El Fallero o los bocatas del Rus, abrió el Imperio del libro, donde Mamen esperaba que la gente compartiera su amor por la poesía, pero donde nuevamente tuvo que amoldarse a la realidad: "La estantería de poesía ha ido haciéndose cada vez más pequeña y ahora solo ocupa tres baldas. Pero, a cambio, he conocido a una cantidad de autores de novela y de ensayo que me han aportado mucho". Su pequeña venganza es un rincón dedicado a la literatura infantil donde ella ha elegido cada libro. Uno por uno. No tardó en sufrir el peso de su imagen de niña meliflua. Gente que entraba y torcía el gesto al ver a una chica tan joven y tan simpática. "Cuando tienes mi edad parece que tu criterio no vale lo mismo y mucha gente entra y piensa que qué le tiene que enseñar esa niña. Y se ponen un poco por encima. Hasta que te conocen. Pero me ofende. Yo sé cuáles son mis límites y mis defectos, y la edad no es uno de ellos". 

Foto: KIKE TABERNER

El día de la inauguración ya quiso dejar su sello con la presentación de 'Felina', de su amiga Cristina Romero. Una antigua jefa acudió ese primer día y se convirtió en su primera clienta después de comprarle unas tiras de Mafalda. Poco a poco fue descubriendo que tampoco es tan difícil llevar a los autores a su pequeño rincón con 30.000 libros. Y llegaron Máximo Huerta, Eloy Moreno, Noemí Casquet... Y ella, feliz. "¡Se formaban unas colas! En esas presentaciones descubres que detrás de ese autor que admiras hay una persona. Y que, a veces, cuando acaba de tirarse horas firmando libros, se echa a llorar. Eso pasa. Por eso me gusta tantísimo este trabajo. Porque te llena de emoción y de humanidad. Aunque también he tenido malas experiencias con autores que no son nada y van con una prepotencia por la vida impresionante...". 

Un día se sentó con una alumna, Lourdes, y la retó, como actividad, a que propusiera un nombre y un logo para la librería. "Hoy ya es amiga y todavía no se cree que la librería lleve el nombre y el logo que ella eligió". 

Una mujer mayor entra por la puerta mientras empuja un carro abombado por la compra. "¡Hola, Mamen!", exclama antes de abrazarla, de decirle lo guapa que está con el pelo rojo y de preguntarle por la niña, Irene, la bebé de cuatro meses que le disputa a Mamen el tiempo por la librería. La clienta le deja hablar, pero, al final, le suelta: "El amor es lo que más alimenta a los niños". Mamen dice que duerme poco, pero que anoche le dio tiempo a acabar 'Novela de ajedrez', de Zweig, un título que considera sobrevalorado, no como 'Carta de una desconocida', que sí alcanzó sus expectativas. El primero lo ha ido alternando con 'La pequeña farmacia literaria', de Elena Molini

Foto: KIKE TABERNER

Se nota que le encanta hablar con sus clientes, que ha tenido la habilidad de crear un ambiente agradable donde a algunos les gusta pasar después de comprar el pan y una cortada de emperador para echar una ojeada a los títulos. Titanes como 'Noruega', 'El italiano' o 'Los vencejos' han conquistado la mesa central, donde también se ha hecho su sitio  'La ciudad de la euforia'. Hay espacio para todos. Unos más a la vista y otros menos. Pero la gracia de una librería es eso, ¿no?, pasar de la mesa central y buscar por los rincones el título de ese libro que te hará mejores los próximos días. Y Mamen ya no dará con la solución del cáncer, que, la verdad, no nos hubiera venido nada mal, pero al menos suministra buena lectura a los vecinos de Ruzafa, quienes, además de comer y beber, también leen. Porque uno nunca puede fiarse de la primera impresión.

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