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graban un documental sobre su figura

La transgresión de Carceller vuelve en malos tiempos para la libertad y la Memoria

Ricardo Macián y Nacho Navarro ruedan el relato histórico y emocional de una figura que vivió menos de lo debía y que está más de actualidad que nunca

29/01/2019 - 

VALÈNCIA. Los libros que se editan en València suelen tirar ediciones de unos pocos miles de ejemplares, igual que pasa con los datos de asistencia a las grandes exposiciones. Los discos difícilmente llegan al millar, y a las películas de aquí les cuesta llegar al top 25 de cine español en todo el Estado. La situación no se dibuja con una intención maligna, sino para contar la historia de un hombre que consiguió editar una revista desde València que tenía una tirada semanal de más de 500.000 copias. Se trata de Vicent Miguel Carceller y su proyecto editorial de más éxito, La Traca.

Su vida fue una comedia manchada de tragedia por culpa de la Historia. Carceller editó la revista de sátira política más exitosa a principios del siglo XX, con un fuerte componente erótico y anticlerical, un atrevimiento escrito en valenciano ‘de aldea’ que buscaba acercar al pueblo, a través de la risa, la complejidad y la incertidumbre de la Europa de entreguerras y de la España de la República. Quién no arriesga no gana, pero también se puede perder, y esta segunda situación fue el desenlace fatal del editor: poco después del final de la Guerra Civil, la dictadura franquista le encarceló y le fusiló, además de perseguir sus propiedades y las revistas que editó, de las que ahora es difícil encontrar un ejemplar (en la época, podía servir como prueba para delatar a los disidentes del régimen).

Esta historia se puede contar, no por el testimonio que ha quedado del empresario y editor, sino por la investigación exhaustiva de un grupo de personas que, fascinadas por la figura de Carceller, le buscaron, no le encontraron, y decidieron encargarse entonces de crear su memoria. En este sentido, se rueda estos días en València un documental sobre su figura, Carceller, el hombre que murió dos veces, en una producción de Mediterraneo Media y bajo al codirección de Ricardo Macián y Nacho Navarro. El fin de semana pasado arrancó la grabación en el teatro Capri de Paterna, con unas escenas de ficción que serán el eje del documental: tres piezas de microteatro escritas por Manuel Molins interpretadas por gente cercana a la figura histórica.

Foto: EVA MÁÑEZ

El proyecto final, que tardará unos meses en ver la luz, tiene tanto de investigación como de divulgación de su figura. En este primer campo, el documental tira del hilo para recoger el aspecto más internacional del dibujante de La Traca, Bluff, y el propio Carceller, contando la historia de la hija del primero, que vive en Hawaii tras el exilio de su familia por miedo a la dictadura (una investigación que llevo a cabo Lamberto Ortiz). Aunque más allá de seguir escribiendo la historia incompleta del autor, la idea de la producción es la de reivindicar a la persona a través de la Memoria. En el rodaje de este fin de semana asistieron y participaron dibujantes y seguidores del trabajo del editor, pero también -y es algo en lo que los realizadores quieren poner el foco- fue un día en el que los familiares de Carceller se acercaron a conocer y compartir un poco más de la vida de ese familiar cuya vida se convirtió en tabú por miedo. Se trata un poco de la recuperación de una vida que acabó demasiado pronto en la España actual de las “heridas reabiertas” a pesar de las fosas por abrir: “Es fundamental para nosotros esa recuperación de la Memoria. Juntar a toda esa gente significa no solo recuperar la Historia, sino los sentimientos que se han perdido por el silencio. Es increíble que su nieta, que ya tiene una edad, se esté enterando ahora de la vida de su abuelo”, cuentan los realizadores. Esta idea de poner en plano los sentimientos y lo que se perdió de Carceller por su repentino encarcelamiento y fusilamiento, es uno de los mayores intereses de los realizadores.

El documental, a pesar de tratarse de una figura muy local (“era muy valenciano”), busca ser ejemplo del eterno debate de la libertad de expresión y de jugarse la vida a través de la sátira, algo tan contemporáneo como la masacre de Charlie Hebdo, como las caricaturas de Mahoma o la persecución judicial a los cómicos en España. El reto de los directores es que la producción sirva tanto para que los espectadores valencianos conozcan su figura como gran personaje de la Comunitat, como para que el público internacional descubra la historia emocionante de alguien que perdió su vida por reirse de la Europa que nos esperaba. En este sentido, juega a su favor que el activismo de Carceller se extiendiera a criticar movimientos europeos como el fascismo o el nazismo, con un discurso sin concesiones y burlón.

Lo poco que vivió y lo mucho que dejó

Una afirmación, “Falta tanto por conocer que incluso nos ha sorprendido la poca información que tienen sus familiares”, y una pregunta: “¿Cómo hubiera cambiado la sociedad valenciana si Carceller hubiera seguido vivo?”, da una pista de las intenciones de los realizadores en contar la historia de alguien que aún está por descubrir. “El personaje es muy complejo; si hubiera sido americano, ya se habría hecho una ficción hollywoodiense contando su vida”, explican Macián y Navarro.

Tras su fallecimiento en 1940, la vida de Carceller se silencia y pasa a ser un tabú. El profesor Antonio Laguna se interesó por él mientras impartía la clase de Historia del Periodismo Valenciano, y desde que empezó a investigar su vida, ahora hace 30 años, no ha parado. Es la persona que más conoce al editor, a pesar de haberle descubierto 40 años después de su muerte. “Justamente porque se está viviendo una recesión en la libertad de expresión, es imprescindible recuperar su memoria”, cuenta el propio Laguna.

Preguntándole al profesor qué nos estamos perdiendo al no conocer la figura del editor, él se ríe y contesta que intentará resumirlo todo lo que pueda, pero que es una respuesta muy extensa. “Primero, debemos de hablar del carácter popular de su obra, utilizando siempre elementos de la cultura que era accesible al pueblo. En segundo lugar, esa idea que se deduce del propio título de su publicación, La Traca, que reinvindica el placer de vivir sin cumplir las normas en tiempos convulsos, algo que molestaba mucho a la Iglesia Católica. Y por último, el carácter empresarial del personaje, que con los beneficios de la revista, compró los cines Metropol y puso en marcha la urbanización de La Cañada”, explica Laguna. La gente de traca, de pólvora, de armas tomar, es decir, las clases populares que decidían reirse del poderoso opresor fue el público de Carceller, a quién se le acusó de populista. También puso por delante la defensa de la cultura valenciana y fue uno de los máximos exponentes del regionalismo, que mantuvo casi intacto a pesar de dirigirse a un país entero a través del medio millón de copias que imprimía cada semana de La Traca. Uno de los momentos que deja la producción del documental es un paseo que dieron la activista Alejandra Soler, que también vivió toda aquella València y la nieta del editor en la exposición que le dedicaron en La Nau, cuando la primera se dirigió a la segunda diciendo: “Tu abuelo hizo con La Traca más por la República que muchos políticos”. 

Foto: EVA MÁÑEZ

La influencia de la obra de Carceller y Bluff no está cuantificada pero sí considerada y prácticamente todos los dibujantes del país tienen como referente, consciente o inconscientemente, a La Traca, encontrando en el primer grupo a Ortifus o a Paco Roca. Falta mucho por conocer sobre la vida de Carceller, hay auténticas lagunas a los que este grupo de investigadores no ha conseguido llegar aún. “Su vida durante la Guerra Civil es todo un misterio, porque lo poco que se conoce ha sido a través de confesiones bajo tortura en las que reniega de su pasado y el expediente de incautación de sus propiedades que permiten conocer su faceta emprendedora”, comenta el profesor. “Aún queda saber por qué no huyó cuando la situación política se torció. La cosigna del régimen era que quien no estuviera manchado de sangre, se rindiera y no pasaría nada, pero obviamente no fue así”, añade. Con todo esto, su historia parcial ya es merecedora de ser contada a través de este documental, como pasó en su día con la exposición que le dedicó La Nau. Su vida se está recuperando por el interés y admiración personal de unos pocos, aunque qué bien que esté lista para relatarse en el momento oportuno, en estos malos tiempos para la lírica que, salvando tanto las distancias como sea necesario, recuerdan a la complejidad y la polaridad española y europea que tuvo que vivir él. 

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