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Begoña Rodrigo, la chef apasionada del submarinismo

Begoña Rodrigo es la mujer que mejor recibe en su Salita y que ha llegado a todos los hogares de España a través de su presencia televisiva. Descubre su vida y sus veranos y conoce a una mujer fuerte y talentosa.

15/08/2021 - 

VALÈNCIA. ¿Cómo recuerdas los veranos de tu infancia?

Desde que tengo uso de razón he veraneado en Sot de Chera, cuando acababa el colegio cogíamos el coche y pasábamos el verano con mis abuelos. Mis padres trabajaban y venían un día a la semana a vernos. Recuerdo que se tardaban tres horas en llegar, íbamos en el coche de mi abuelo, un Renault 127, y el camino era eterno, pasabas por Paterna, Liria, Casinos donde comprábamos peladillas, por Llosa, en Calles donde comprábamos la carne. Era una aventura hasta que llegábamos al pueblo, un viaje muy entretenido.

Aquellos veranos largos que parecían no tener fin…

Eran interminables, estábamos tres meses y fíjate, pese a todo, yo siempre he sido forastera en mi pueblo porque me juntaba con las forasteras, que eran los que tenían casa, pero no habían nacido allí, aunque vinieran de siempre a pasar los veranos, por eso pese al vínculo familiar, a la hora de relacionarme con los demás, me consideraban de las de fuera.  

Clásicas historias de verano en un pueblo, quizá muchos se sientas reflejados con ellas. ¿Qué más recuerdas?

Mi abuela tenía una tienda de ropa, tipo mercería, pero con más cosas, hacíamos siempre cortinas nuevas para la casa y preparábamos los trajes para las fiestas del pueblo con mi abuela, que era modista. También me acuerdo de que con mi abuelo en el tiempo de los tomates me iba mucho al campo y hacíamos conserva en casa.

Begoña Rodrigo en uno de sus viajes.

Los recuerdos con los abuelos son muy bonitos y entrañables. En estos tiempos en que tantos se han ido por la pandemia, merece la pena recordarlos y valorarlos. ¿Cómo eran esos días?

Totalmente, mira, mi abuelo siempre que yo estaba con ellos se iba a comprar el pan al horno y desayunábamos juntos, él sabía que me gustaba el pan crujiente y nos contábamos las batallitas. Luego hacíamos los deberes y me iba todo el día al río con los amigos. La hora de comer era sagrada y siempre volvía a casa, pero enseguida me iba al río. Cuando se acercaban las fiestas ensayábamos para los playbacks, pero he de matizar que los artistas en mi casa siempre han sido mis hermanos, yo era muy discreta, aunque por avatares de la vida ahora me veo trabajando en televisión. 

Esos veranos en el pueblo, ¿siguieron muchos años?

Hasta los 14 años más o menos iba a Sot de Chera y también combinaba con mi tía que siempre alquilaba un apartamento en algún lugar de playa como Vinaroz, Benidorm, Perellonet, y era mi tía favorita y me gustaba pasar una semana con ellos. Pero luego empecé a trabajar muy pronto y prácticamente no tuve verano durante varios años.

Cuéntame cómo fue esa etapa. 

 Por circunstancias de la vida comencé a trabajar muy joven con mi madre en la expendeduría de pan en Chirivella, en verano había más demanda porque otros hornos cerraban y teníamos mucho trabajo y yo le echaba una mano y no tenía vacaciones, pero me gustaba. Lo recuerdo como una época de sacrificio, pero a la vez muy bonita porque pasaba mucho tiempo junto a mi madre, aunque fuera trabajando.  

Begoña Rodrigo es una gran aficionada al submarinismo.

Por lo que veo, pronto empezaste el mundo o sector de la hostelería, aunque no fuera restauración. 

Totalmente, empecé con mi madre en la panadería y a partir de los 18 años monté mi propia expendeduría, se llamaba Bombón y tuve dos, una en Juan Llorens y otra en Manuel Candela. Por cierto, el trabajo en una panadería siempre pensé que éramos un poco como psicólogos porque la gente va todos los días y los clientes acaban siendo amigos y te cuentan su vida, de hecho, algunos como había un pequeño salón, se quedaban media mañana allí, casi a pasar el día.

¿Y combinabas trabajo y estudios?

Estaba trabajando y estudiando, hacía Ingeniería Industrial y sólo éramos dos chicas estudiando, el resto chicos, y las clases eran en la UPV y también en el campus de Burjassot. La verdad es que yo quería haber hecho Diseño de Interiores y como no estaba como carrera homologada hice Industriales. Y en verano, aunque no hubiera clases yo trabajaba siempre, y sinceramente, aunque no me iba fuera, no lo echaba de menos.

¿Y qué ocurre cuando acabas de estudiar? ¿Empiezas a veranear?

 Pues algo curioso, siempre había trabajado mucho y encantada y el verano que acabé mis estudios me fui una semana a Holanda con un novio que tenía y me cambió la percepción de la vida por completo. Imagínate de Chirivella a Ámsterdam, cuando vi a una mujer mayor en bicicleta liándose un cigarro pensé “aquí la gente mayor fuma porros”, porque aquí no se usaba el tabaco de liar. Me fascinó la libertad, siempre digo que en Holanda compré mi libertad. Pasamos una semana muy divertida y sorprendida con todo lo que veía, además como llevaba años sin tener vacaciones me hizo muchísima ilusión.

Me ha llamado la atención lo que has dicho “me cambió la percepción de la vida”. 

Cambié radicalmente, volví a finales de agosto y le conté a mi madre que lo dejaba todo, que cerraba los negocios y me iba a vivir a Holanda. En noviembre estaba ya en Ámsterdam, me fui con 600€ y vivía en un hostal y limpiaba habitaciones en los hoteles. Gracias a Dios encontré enseguida trabajo en la cocina de un Hotel Marriot, y a partir de ahí estuve viviendo durante ocho años en Holanda.

Y ¿cómo fueron esos veranos holandeses?

Allí descubrí lo que es ser un asalariado, porque toda la vida era autónoma o hija de autónoma, y allí tenía una nómina, días libres, vacaciones pagadas, era otro mundo. De hecho, trabajaba tanto en los desayunos del hotel como en el restaurante gastronómico donde aprendí mucho de cocina con Nick Reader que había sido diecisiete años jefe de cocina con Michel Roux. Y la verdad, en esa época sí tenía varios meses de vacaciones y podía disfrutar.

Begoña Rodrigo con Hugo y Jess en el Hotel Marriot en Ámsterdam.

¿Viajaste para compensar tus años de no vacaciones?

 Empecé a viajar mucho y descubrí que si sabía cocinar podía vivir en cualquier parte del mundo porque todos necesitamos comer. Recuerdo un año en Mozambique, acabé en una cocina ayudándoles con sus productos locales a hacer buenos y sabrosos platos. También he visitado mucho Tailandia, hasta diecisiete veces, ahí aprendí otra forma de cocinar, muy aromática, con poco producto y muy directa y fresca y con un sabor increíble. África es otro lugar que me encanta, viajo mucho a lugares donde se puede bucear bien, el submarinismo es una actividad que me apasiona y me relaja mucho.

¿Alguna anécdota de esos viajes tan exóticos?

 Recuerdo un año en Tofo, en la zona costera justo enfrente de Madagascar, que nos robaron y al día siguiente se lo dijimos a la gente del hotel y en una hora nos habían devuelto todo porque saben que a los turistas hay que cuidarlos. También recuerdo ir a cenar a un sitio donde no había luz y apenas se veía nada y la cocinera usaba el móvil para cocinar y un holandés le regaló una luz de minero para que se la colocara en la cabeza y aquella mujer se emocionó mucho.

Begoña Rodrigo en uno de sus múltiples viajes.

Además de Asia y África, ¿otros destinos donde hayas viajado en verano?

Un año hice las típicas vacaciones en Nueva York y cuando llegué quería ver tantas cosas que me llegaron a sangrar los pies de tanto que caminé. He de reconocer que los yanquis me fascinan, su capacidad para comunicar. Recuerdo que la primera parada fue en un fast food y el camarero enseguida me nombró toda la alineación del Valencia CF y pese a que íbamos con otra pareja nos sentábamos separados para hablar con los camareros. Me gusta también mucho México, he ido por trabajo y de vacaciones, fui las primeras vacaciones con mi hijo cuando tenía trece meses, fue la primera vez que reservé un resort, me importaba que todo estuviera perfecto. Y resulta que a mi hijo no le gustó la playa artificial del hotel y acabamos en Tulum todos los días porque mi hijo ahí sí que se rebozaba en la arena blanca que parece seda, y también fuimos asiduos del restaurante HartWood, un local muy peculiar que ahora es muy popular.

Olores, sabores, colores de verano

Sin duda, los tomates, melocotones y jazmines de mi pueblo, Sot de Chera. Y también guardo un recuerdo increíble de mis vacaciones en Serán, una isla virgen de Indonesia donde entré a bucear con las bombonas desde la playa y enseguida tienes corales en el fondo del mar, esos colores son increíbles, intensos, moteados, con lunares, cambian constantemente. Yo siempre he comparado el fondo del mar con la Feria de Sevilla por la viveza, intensidad y diversidad de colorido. Para mi los colores de verano y las vacaciones siempre van relacionados con el fondo del mar.

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