Top doce

El Poblet

Luis Valls Rozalén

La cocina de Luis Valls afronta esta tormenta desde el corazón, por eso El Poblet es una casa indispensable y a esta certeza atemporal es a la que hemos de agarrarnos, hoy más que nunca

Yo a Luis Valls, pese a la chaquetilla con las estrellas y todo el lustre de Quique Dacosta, siempre lo imagino sobre la cubierta de un barco pesquero, con las redes en las manos y bien curtidas de chirlas y salitre. Es lo que trato de explicar siempre en torno a la alta cocina: una cosa es lo que llega al comensal sobre el mantel de lino, y otra muy diferente todo el curro que hay detrás: los cientos (¡miles!) de horas que hay tras cada uno de tantos platos perfectos; desde el productor (agricultura, ganadería o pesca) a todo el proceso de creatividad, cimentación y pruebas, hasta que la pieza es una joya de orfebrería —así trabajan los grandes, cincelando cada plato como un tesoro tallado en marfil—.

«Un buen patrón sabe que un temporal se afronta derrotando cada ola. Salvada una, todo el esfuerzo se dirige a salvar la otra, hasta que al final el peligro se aleja y el combate termina», escribió Manuel Vicent en torno al relato del capitán frente a las tormentas, y es exactamente el panorama que les está tocando bregar esta temporada impensable. La realidad es una tormenta pero El Poblet navega fiel a su bandera y su patria: territorio, sabor, elegancia y una personalidad a prueba de bombas, cimentada en ‘la contorná’ y una actitud absolutamente volcada en el hedonismo. Y es que tienen una cosa en común todos los proyectos gastronómicos de Quique Dacosta —desde Vuelve Carolina a su atalaya en Dénia, desde su reciente QDelivery hasta Llisa Negra—: aquí hemos venido a disfrutar como enanos, a ser felices, a darlo todo porque la vida son dos días y hay que celebrar. Qué de días felices nos has regalado, Quique.

En El Poblet te recibe la dulzura de Ana Botella Sanchis y la discreción del sumiller Hernán Menno; y los platos te van amasando el corazón (ostra a la brasa, sepia y garrofó o esa escorpa con napicol al azafrán y vainilla que ya es un clásico de la ciudad) y los días grises se visten de fiesta. Y la felicidad se deja caer sobre el desconsuelo y brindamos por tantas cosas por vivir. 


¿Qué puedo encontrar?

  • Creativa

  • Vinos

  • Menú

¿Qué pido?

En casi todos los menús se cuela un arroz, y siempre es memorable