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Pablo Jarillo-Herrero: «En España no hay una tradición científica de excelencia»

Este valenciano, profesor del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), ha sido premiado en los últimos meses con el Oliver E. Buckley de Materia Condensada 2020 y el Premio Wolf en Ciencias y Arte por sus avances en el estudio del grafeno. En definitiva, talento con pocas probabilidades de volver 

13/02/2020 - 

VALÈNCIA.-El físico Pablo Jarillo-Herrero (València, 1976) se ha convertido en una de las caras más visibles de la investigación sobre el grafeno a nivel mundial. Con su americana de pana (dice que solo tiene una), nos encontramos en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de València, donde a su llegada aprecia cómo lo que en su día fue hormigón blanco ha cogido un tono que deja entrever el paso de los años. En ese momento todavía no ha recibido el Premio Wolf —que se sumó a su palmarés a mediados de enero—, pero ya guarda en su maleta el Oliver E. Buckley de Materia Condensada 2020, al que muchos han bautizado como la antesala de los Nobel. 

Es profesor asociado permanente en el Departamento de Física del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), uno de los mejores centros de investigación del mundo y donde solo los mejores tienen un hueco. Desde allí, junto a su grupo, ha descubierto una nueva propiedad del grafeno, un material que se obtiene a partir del grafito y al que califican como el «material de Dios», aunque él se desentiende. 

La dureza —doscientas veces mayor que el acero— o la flexibilidad son algunas de sus «extraordinarias» propiedades, a las que el equipo de Jarillo-Herrero ha sumado la superconductividad, cualidad que aparece superponiendo dos láminas de este material y girándolas hasta conseguir un «ángulo mágico de 1,1 grados», lo que permite transmitir electricidad sin pérdidas, acción que actualmente solo es posible a temperaturas muy bajas. Un descubrimiento que podría servir, por ejemplo, para fabricar la ropa inteligente del futuro o formar parte de potentes ordenadores cuánticos. 

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Licenciado en Física por la Universitat de València (1999), con estudios de posgrado en la Universidad de California (EEUU) y un doctorado en la Universidad de Delft (Holanda), su historia es la de quien no ve la frontera que marca el límite. Durante su época de instituto pensó en estudiar Ingeniería de Agrónomos pero el destino quiso que tras presentarse a unas Olimpiadas de Física y ganar como premio unas clases en la Universidad, su futuro se encarrilara hacia la materia condensada. A partir de ahí empezó su particular vuelta al mundo buscando los mejores laboratorios. 

* Lea el artículo completo en el número de febrero de la revista Plaza

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