Top doce

Askua

Ricardo Gadea

Con Ricardo Gadea al frente, Askua se ha convertido, desde su apertura allá por 1994, en una cápsula del tiempo donde lo bueno permanece intacto, donde el mejor producto se preserva tal y como la naturaleza lo trajo al mundo, con toda su esencia, donde comer parece a la vez un acto sencillo y un elevado arte

El silencio al entrar en el asador es notorio. Aquí se respira una paz de templo, de templo del producto, como a menudo suele llamarse a este pequeño restaurante que capitanea con pasión Ricardo Gadea. Sabores nítidos, intensos, donde la materia prima se alza hasta la categoría de estrella, puntos de cocción impecables, presentaciones elegantes, pureza en todos los sentidos, desde la decoración y la iluminación de la sala, al trato exquisito.


Todo para concentrarnos en lo que de verdad importa: en esos guisantes esmeralda de Getaria que hacen saltar las lágrimas, en esa chuleta de lomo alto de Luismi Garayar que hace madurar de golpe, en esos montaditos de steak tartar que inyectan puro placer en crudo, en esa croqueta de rabo de toro y curri que embiste certera el paladar, en esas mollejas de corazón de vaca con caviar que hacen palpitar de emoción, en esas cocochas de merluza deAlberto Ferreras que surfean sublimes en la boca del comensal.


Askua abarca un amplio arco de músicas bien distintas pero que no desafinan entre sí. ¿Dónde sino comer unas angulas al pilpil o un caviar iraní, junto con unas humildes bravas o una ensaladilla rusa (esplendorosas eso sí)? ¿Dónde un maestre sala cosmopolita y de Alberic, un hombre que se define a sí mismo como un simple camarero, se dedica a polinizar su elegante filosofía y su amplio saber de mesa en mesa? ¿Dónde una carta con una selección de renombrados champagneso de vinos premium junto a otros de precio más que asequible? Aquí, sin duda.


En confianza:Una desearía que las cosas buenas no terminaran nunca. En este mundo rápido y muchas veces superficial, añora lo que permanece: las estructuras sólidas del placer. Un lugar donde reírse de las modas, donde el tiempo queda reducido a una anécdota, donde la conversación en torno a una mesa sigue siendo un ritual maravilloso que ensalza lo importante, lo básico, lo eterno, un lugar donde la carne siga siendo carne.Una piensa que Askua y Ricardo Gadea han existido siempre y que seguirán existiendo cuando deje de mirar.


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¿Qué pido?

Chuleta de lomo alto de Luismi Garayar