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el tintero / OPINIÓN

La 'becaeta' de Biden

Pocas cosas más típicas en España y en Valencia que echar una siestecita tras comer o cuando estamos asistiendo a una de esas tediosas conferencias donde el ponente mantiene un monótono y aburrido discurso. De esta costumbre no se libran ni los más altos mandatarios.

3/11/2021 - 

El famoso encuentro que ha reunido en Glasgow a cientos de líderes de diversos países tenía como tema el cambio climático, ¿quién no ha oído hablar de esto? Es difícil que encontremos a alguien que no reconozca esta expresión que desde hace muchos años se repite en multitud de foros. El clima cambia y ha cambiado siempre, pero desde finales del siglo XX asumimos todos que cambia sólo por nuestra culpa y que nuestra forma de vida, la de los occidentales especialmente, es altamente nociva y peligrosa para el futuro del planeta. Esto es parecido a lo que en religión se denomina un dogma de fe, es decir, un principio innegable, y Dios nos libre de quién lo ponga en duda.

Los presidentes de los países más importantes del mundo se reúnen durante unos días en una localización para debatir sobre el futuro del mundo y en este caso del llamado COP26 para hablar sobre el futuro del medioambiente. Ahora bien, lo hacen trasladándose cada uno en su jet o avión oficial privado, utilizando multitud de vehículos de alta gama y por supuesto en un entorno plagado de lujos, comodidades, seguridad y todo tipo de objetos y servicios que probablemente vulneran muchas de las normas o medidas que pretenden aprobar para obligar y someter a los ciudadanos de las naciones que gobiernan a que vivan en situaciones de creciente precariedad cuando no incomodidad. Algo que podemos considerar un sinsentido o como diría el clásico un sindiós.

La cuestión que ha salido en todos los medios y curiosamente ha llamado la atención de todos, no ha sido un dato concreto sobre la próxima extinción de los océanos o lo perjudicial de ver series para la capa de ozono, sino la breve cabezada o becaeta como decimos en valenciano, nada más y nada menos que del mismísimo presidente de los Estados Unidos de Norte América, el todopoderoso Joe Biden, quien se relajó y cerró los ojos manteniendo siempre la figura impecable mientras debatían sobre vaya usted a saber. Realmente, y pese a la brillante capacidad de oratoria y exposición pública que tienen la mayoría de los políticos, cuesta creer que de verdad se preocupen por salvar el planeta cuando viven y vivirán rodeados de opulencia y derroche, normalmente justificados por el cargo que ocupan o por seguridad o porque sí.

Los vehículos oficiales de los líderes llegan a la COP26. Foto: TWITTER

La paz que transmite un señor de avanzada edad como el presidente de EE. UU. no deja de parecerme una bella metáfora sobre como quizá deberíamos tratar los mortales este tema del cambio climático. Hace varias décadas que se anuncia el apocalipsis, la desaparición de las playas y del hielo en el Ártico, y cada cierto tiempo vuelven a generar datos nuevos para miedos nuevos, porque saben que nos olvidamos y volvemos a comprar la mercancía que todos los medios venden.  Lo más llamativo es que siempre se pone el foco en que debemos cambiar nuestra forma de vida, casualmente, los países que menos contaminamos en comparación con Asia o América Latina que por lógica de su crecimiento unos y su paupérrima situación derivada de gobiernos de izquierda populistas otros, no poseen las condiciones para reducir su contaminación como sí lo hacemos en los países occidentales.

El presidente americano acabó su intervención con un “Dios salve el planeta”, frase que corroboro y suscribo plenamente, Dios salve el planeta de iluminados, de perversos y egoístas y sobre todo de personajes siniestros que no dejan de llevarnos por el camino de la amargura. Es natural y positivo que todos intentemos tener un comportamiento civilizado con relación a nuestra forma de vivir y consumir, pero estamos llegando a situaciones extremas y muchas veces ridículas en los últimos tiempos que a veces suponen un problema para nuestro crecimiento y desarrollo económico y empresarial, amén de nuestro bienestar. Y casualmente los más poderosos siempre mantienen sus prebendas y comodidades mientras el pueblo se ve indefenso ante políticas que carecen del más elemental sentido común. A veces, apetece hacerse una becaeta como la de Biden pero que dure un poco más de medio minuto y despertarse con esa sensación post siesta y encontrarse un mundo nuevo sin líderes siniestros y demagogos.

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