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el callejero

Enamorado de los autobuses

Foto: KIKE TABERNER
8/11/2020 - 

VALÈNCIA. Lo suyo hubiera sido hacerle la entrevista a Nacho Marín en un autobús. Una de esas líneas circulares en las que poder sentarse a charlar sin preocuparse por la parada. Pero, en los tiempos que corren, no es precisamente el lugar más apetecible para estar. Así que Nacho abre la puerta de su casa, nos conduce hasta el comedor y allí, rodeado de carteles de Mike Oldfield, empieza a parlotear sobre su desmedida afición por los autobuses. Y, en concreto, por los autobuses de València.

Porque Nacho Marín, hoy un hombre de 51 años, posee una amplísima colección de objetos y fotografías relacionadas con las diferentes etapas de este transporte público. Un archivo que, incomprensiblemente, ni la EMT ni el Ayuntamiento han querido nunca exponer para que los valencianos sientan una punzada nostálgica viendo aquellos billetitos cuadrados de la Saltuv, los bonobuses de cartón o un plano con las diferentes líneas que había durante el franquismo, cuando convivía con el tranvía y el trolebús.

Y todo viene de la fascinación que le provocaban estos vehículos de pequeño. Una atracción que, quizá, venía más de los llamativos anuncios que lucían en la carrocería que del propio vehículo. "En aquella época (años 70) los anuncios no eran tan efímeros como ahora. Los pintaban y a lo mejor podían durar uno, dos y hasta tres años sin cambiar. Así que yo memorizaba los anuncios y luego reconocía cada autobús por el anuncio que llevaba pintado".

Ya en los 80, en plena adolescencia, cuando aún no existía Excel, Nacho cogía un folio y se hacía una planilla con los números de cada autocar. Y con esa lista se entregaba a un juego que ponía en valor su memoria elefantina. "Me decías el número y te decía el anuncio que llevaba", recuerda divertido.

La semana que dejaba de ver a uno en circulación, crecía la sospecha de que más pronto que tarde iba a aparecer con un nuevo reclamo publicitario. Y, a los pocos días, en efecto, Nacho se cruzaba con el autobús de esa línea decorado por otro anunciante: Muebles La Fábrica, Mudanzas Valero, Lanas Aragón...

Los viejos billetes

En esa época, con 14 años, comenzó a guardarse los billetes. Eran los tiempos en los que todavía viajaba un revisor en la parte trasera. "Los billetes aún eran de taco y el hombre se chupaba el dedo antes de darte uno. Luego ya vino el agente único y el conductor te cobraba en función de la distancia del trayecto que querías hacer". 

Nacho es de esa generación que aún conoció la antigua Saltuv, una empresa fundada en 1964, heredera del tranvía, en la que los trabajadores eran los propietarios. "Y los trolebuses. Mi madre nos llevaba a Benimar, a la playa, en el 4. Estuvieron hasta el 5 de mayo de 1976. Y el tranvía hasta 1970. Los trolebuses eran de segunda mano, comprados de Madrid y Barcelona. Y después, cuando ya estaban machacados, los vendieron a Pontevedra, donde los estuvieron utilizando ¡hasta 1989!".

Las máquinas entonces duraban y se hacían durar mucho más que ahora. Y en aquellos años perduraban gracias a que había "verdaderos fieras en los talleres". Y apunta Nacho que trolebuses de dos pisos los "acuchillaban" para dejarlos con una altura. Todo gracias a que había "verdaderos artesanos". El experto aún recuerda cómo le cambiaban la cara a los autobuses verde y crema de Saltuv. "Estaban todos viejitos y de repente veías uno nuevo, impecable, recién pintado, y era que habían cogido uno de esos Pegaso y lo habían dejado como nuevo. La crisis se les fue comiendo hasta que en los 80 entró el proceso de municipalización, Saltuv dejó de funcionar y el Ayuntamiento asumió lo que es la EMT moderna, que se constituyó en 1986".

Nacho no perdió la devoción por estos vehículos y seguía metiendo sus recuerdos en una caja de puros. De cada viaje, además, regresaba con billetes de los autobuses de otras ciudades. En esa caja entraba de todo: horarios, billetes, planos... Porque Nacho empezó, incluso, a coger los pósters que colgaban en las marquesinas de las paradas.

Aunque Nacho, más que un simple coleccionista, se considera una persona, un valenciano, interesado en la evolución de la ciudad desde que tiene uso de razón. "Hay gente que la estudia desde la evolución urbanística pura y dura, y otra gente y yo lo hacemos a través del transporte público. He ido haciendo listas con una gran recopilación de toda la flota que ha habido desde la época primera del tranvía".

Así pudo ver la evolución a través de la historia, por ejemplo, de la línea 5 -circular, que va alrededor de lo que era la antigua muralla de la ciudad-. "Desde que iban a caballo hasta el autobús eléctrico. O hasta que Grezzi se la ha cargado. Eso te da un perfil de cómo ha ido creciendo la ciudad. También colecciono planos y todo lo que se ha ido editando". Una forma de descubrir que había zonas de València que el transporte público no pisaba hasta hace un par de décadas. "Luego ves en vídeos antiguos que, en los años 60, la mitad de las calles no estaban ni asfaltadas. Y los autobuses iban por ahí destrozándose". Un recorrido histórico que arranca, con el tranvía tirado de caballos, en 1875 y llega hasta nuestros días.

Tantos años trasteando con el material relacionado con el autobús le ha permitido entablar amistad con otros aficionados y con personal de la EMT. Pero nunca nadie ha querido hacer una exposición con todo su material y el de otros coleccionistas. Al contrario: "En cada cambio de sede se pierde muchísimo material y no tenemos, como Madrid, la Asociación de Amigos de la EMT y el museo que disfrutan, que es una maravilla. Tienen media cochera antigua para espacio expositivo. De hecho, les faltaba un modelo de autobús, vinieron a la provincia de València, compraron uno y lo han tuneado al estilo de cómo era el de Madrid. Al final tienes 400 autobuses dando vueltas todos los días por València y casi todo el mundo ha subido en uno alguna vez".

Un hombre curioso

Ese hábito de mirar los autobuses con otros ojos no lo ha perdido. Y Nacho reconoce los cambios que se introducen y que pasan inadvertidos para la mayoría de los viandantes. "Yo he desarrollado esa curiosidad de mirar todos los cambios que se producen en la ciudad. Me resulta entretenido y aprendes".

Al hilo de esta curiosidad, este hombre, que trabaja como técnico de Cultura de la Diputación de Valencia, recuerda la anécdota de un Ford Fiesta rojo que veían siempre al salir de su trabajo en el Carmen. A veces desaparecía, pero no tardaban en volver a encontrárselo, lo que alimentaba las bromas sobre este coche entre los compañeros. "Así nos tiramos varios años. Hasta que, hace unos días, comiendo en una terraza, vemos que llega el Ford Fiesta rojo y aparca delante nuestro. El del bar, al ver nuestro entusiasmo, nos contó que el dueño era 'Pepico el pintor', un hombre del barrio que había sido boxeador y taxista. Y que cuando desaparecía el coche era porque se había peleado con los drogatas del barrio y ya no lo podía dejar por la calle. Lo cuento porque la curiosidad te lleva hasta las historias".

Ese ojo tan perspicaz le permitió datar, junto a otros obsesos del bus, la fecha de un tranvía por los títulos de las películas que anunciaba, que se habían estrenado en 1956. Material conseguido gracias a un inglés que, aquel año, vino a València y grabó una película e hizo fotografías por interés hacia el transporte urbano de otros países.

No toda su colección ha engordado por su idea de joven de guardar ese material. También le ha tocado rascarse el bolsillo para agenciarse billetes antiguos u otras cosas. "Me he dejado una pasta. Todos los de València son muy careros. Pero también me he hecho aficionado a las guías antiguas. Porque una cosa te lleva a la otra". Aunque también ha encontrado gente providencial, como los de la librería París-Valencia, que le avisaron de que tenían todas las revistas que había editado Saltuv entre 1964 y 1976.

Nacho, que estudió Filología Inglesa y que es un devoto de Londres y de su sistema de transporte, acabó convirtiéndose en el amigo al que todos le llamaban para saber cómo ir, qué autobús coger, a un sitio. Porque él se sabe todas las líneas de memoria. Porque él, 51 años y una afición de décadas, es la historia del autobús encerrada en una oscura habitación.

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