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Notables

Momiji

Diego Laso

La alegría de descender a nuestros subterráneos sin que oscurezca, donde Diego Laso enciende la luz de una barra en la que se reparte el juego, ganando apertura y, en cambio, redondeando la intimidad. El crecimiento de un sushiman mirando un poco más a su entorno.


El momiji a la japonesa es esa transformación al rojo de las hojas de arce desde un verde deslumbrante. En un entorno tan expuesto como es un mercado de paso común el Mercado de Colón ha pasado de ser un hándicap a ser un noray, Diego Laso y su Momiji han ido cambiando sus colores como quien cambia la piel. Una contribución sólida a otro viraje, el del subterráneo del mercado más patricio del reino.  Laso al corte, el pupilo de Go Majima, en lugar de atrincherarse tras una barra, ha sido generoso repartiendo juego, incorporando nuevos ases: la alcachofa dengaku (miso, aceite de oliva y focaccia de aceitunas) o el ceviche (gamba roja, pulpo y pescado blanco con leche de tigre), en plena travesía hacia Momiji Atelier. s allá de la hipérbole en torno a las raíces de Laso con la cocina kaiseki, suagarrón con el Aikido, prevalece la percepción al vuelo de un trabajo sostenido, identificable. Un bagaje madurado y la premonición de todo lo que queda.   Anguilas, atunes y salmones. El crupier sirviendo sus cartas. La alegría de poder bajar a nuestros subterráneos sin que oscurezca.


¿Qué puedo encontrar?

  • Creativa

  • Barra

  • Fusión

¿Qué pido?

Causa de patata con ají, anguila kabayaki y tuétano