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TIEMPOS POSTMODERNOS / OPINIÓN

Pacto Verde europeo y transición digital: oportunidades para la industria europea

8/11/2020 - 

Apenas tres meses después de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, accediese a su puesto, estalló la crisis de la covid-19 en Europa y ello supuso toda una prueba para los nuevos comisarios y para la propia presidenta. En su primer discurso ante el Parlamento Europeo, las prioridades establecidas para los cinco años de mandato fueron la descarbonización en 2050 o Pacto Verde (Green Deal) y la transición digital. Además, en marzo de 2020, la Comisión Europea aprobó un documento sobre la “Nueva estrategia industrial para Europa”.  Todas estas iniciativas se quedaron en un segundo plano con la pandemia.

Sin embargo, dicha planificación se muestra ahora, si cabe, más importante que nunca. Con anterioridad a la crisis de la covid-19 uno de los principales problemas a los que se enfrentaba la UE era el atraso relativo en el ámbito de las tecnologías más avanzadas y, en particular, en TICs. Estados Unidos y China lideran las posiciones tanto en 5G como en empresas tecnológicas. De forma semejante a lo ocurrido durante los años 80, Europa ha experimentado un importante declive industrial y tecnológico en los sectores que crean mayor valor añadido en la actualidad. Puede verse en la Figura 1, procedente de un trabajo de Kevin Körner, del departamento de investigación Deutsche Bank, que entre las veinte mayores empresas tecnológicas mundiales sólo hay una europea, la alemana SAP. El Mercado Interior fue la respuesta adoptada en los 80 y los 90, pero se basó en una estrategia liberalizadora: se trataba de eliminar las restricciones técnicas que impedían aprovechar las ventajas dinámicas de un mercado de mayor tamaño. Al coincidir con las presiones internacionales en la Organización Mundial de Comercio para reducir la protección en la agricultura y, en general, eliminar restricciones, se aprovechó el contexto mundial para defender el modelo europeo. Ese gran mercado, de 500 millones de consumidores, hizo posible que empresas europeas adquirieran el tamaño y la eficiencia necesarios para competir en los mercados mundiales.

Resulta crucial, en la actual coyuntura, que se elija un camino similar al de los años 80. Esto no es fácil, pues como resultado de las dos crisis, la financiera primero y la sanitaria después, ha crecido el papel del Estado en muchas de las economías europeas. Los problemas de abastecimiento en sectores clave, como el sanitario, pueden despertar tendencias proteccionistas o intervencionistas que se habían relegado en los últimos 40 años. Airbus es quizá el único recuerdo (y el único éxito también) de la política industrial de campeones nacionales o europeos, tradicionalmente propugnada por Francia.

Lo que se propone en la antes mencionada estrategia industrial europea es centrar el esfuerzo innovador e inversor (tanto público como privado) en los dos grandes retos que se presentan en los próximos años: la lucha por reducir emisiones y la digitalización. Dado que la maltrecha economía europea va a necesitar un impulso para remontar tras la pandemia, conviene orientar la recuperación hacia esos dos sectores. En el primero, la UE es líder (al menos moral) al mantener y ampliar sus compromisos internacionales. El Pacto Verde supondrá acelerar la reducción de emisiones, con el objetivo de que en 2050 tengamos un efecto neutral sobre el clima. Respecto a la transición digital, la posición de partida es mucho más modesta, por lo que también para esas fechas Europa debería haberse aproximado a sus competidores.

Por todo lo anterior, es importante, sobre todo para los países más endeudados, que se combinen los fondos destinados a la recuperación con la estrategia industrial. Tengamos en cuenta que, debido a la pandemia, las subvenciones del Estado están ahora parcial y temporalmente permitidas. Los países menos endeudados y con margen fiscal, como Alemania, pueden utilizar dinero público para rescatar empresas. Un ejemplo es el (polémico) paquete de rescate de 9.000 millones de euros concedidos por Alemania a Lufthansa. En otras condiciones, esta ayuda habría sido prohibida. Muchos de los demás países europeos no van a poder hacer operaciones parecidas, o al menos sus intervenciones supondrán un mayor sacrificio. Comparemos, en el caso de España,  el rescate de Air Europa: 475 millones, que deberán ser devueltos durante los próximos años. Es necesario evitar la adopción de este tipo de soluciones de forma generalizada, puesto que un mayor intervencionismo, dirigido a sectores sin capacidad para competir internacionalmente, pondría en peligro el crecimiento europeo y la competitividad a largo plazo.

Por eso, el enfoque de política industrial propuesto por la Comisión Europea constituye, a mi modo de ver, una mejor opción, que permite centrar el esfuerzo no en unas pocas empresas, sino en objetivos clave que movilicen recursos en toda la economía europea y permita responder a la crisis preservando el funcionamiento del mercado interior, clave para la competitividad internacional.

Son tres los ejes estratégicos de esa transformación industrial europea: la transición ecológica, la digital y la competitividad mundial. El Pacto Verde puede general crecimiento en Europa, pues supone un incentivo a las empresas para ir por delante en la adopción y creación de tecnologías verdes. Ello puede proporcionar mejores condiciones competitivas a empresas de cualquier tamaño. La UE debe, simultáneamente, ser líder en el establecimiento de normas y estándares mundiales. Además, la adopción por empresas y administraciones de tecnologías digitales tendría que realizarse al tiempo que se refuerza la investigación y la formación a todos los niveles en capacidades digitales. Como puede verse en la Figura 2, el mercado interior europeo sale reforzado y el proceso se retroalimenta. Pero para que funcione es necesario que todos los agentes implicados aúnen esfuerzos. Se trataría, según la Comisión Europea, de crear “ecosistemas industriales” que incluyan instituciones académicas y de investigación, proveedores, pymes y grandes empresas. El primer ejemplo de estas alianzas industriales va a ser la del hidrógeno limpio.

De que seamos capaces de aprovechar las oportunidades que se abren dependerá nuestra recuperación. Pero las acciones que debemos emprender, como país, son amplias y deben coordinarse adecuadamente para ser efectivas. Viendo las dificultades que muestran las administraciones públicas españolas para trabajar juntas durante la presente crisis, dudo seriamente que sean capaces de aunar esfuerzos con todos los agentes (públicos y privados) que deberían implicarse. Espero equivocarme, pues no tenemos tiempo que perder.

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