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¿Quién pinta las esquinas de El Carmen de amarillo, rosa y azul?

2/12/2017 - 

VALÈNCIA. Pasemos del rubor a la conformidad. Cualquiera que haya hojeado un libro de texto de Secundaria habrá podido comprobar que este en tipo de manuales usados aparece de forma reiterativa un mismo emblema. Al lado de una ecuación, sobre la foto de algún personaje histórico o en el margen de la página en la que se explican los tipos de clima, es muy probable que aparezca, manuscrito y estilizado, un pene. Sin embargo, la plasmación del atributo masculino como pasión espontánea no es algo reciente ni una tendencia que pierda seguidores. 

Lo expuso con claridad Renoir a un impertinente que le preguntó cómo podía pintar con las manos deformadas debido a la artritis reumatoide que padecía –una enfermedad autoinmune que afecta a las articulaciones-: "Pinto con la polla". Más recientemente, unos pilotos norteamericanos de la base de Whidbey Island (Washington) delinearon un enorme pene al vapor sobre el cielo. La Navy no tardó en pedir disculpas.

El barrio de El Carmen de València se ha convertido en un manual escolar apto para la gracieta, no con penes —que alguno hay— sino con pintura, porque alguien ha decidido redecorar los esquinazos de piedra sillar de algunos edificios históricos. La primera marca multicolor (amarillo, rosa y azul) apareció en la Lonja de la Seda hace solo unos días y desde entonces ya son una decena de guardacantones los que siguen tatuados. 

En apariencia, no existe predilección por construcciones singulares, ya que en la lista se encuentran tanto inmuebles de los años 50 como algunos señoriales del XVIII. La función de estas hendiduras, así como la colocación de piedras, era la de proteger las paredes de las viviendas cuando los carros giraban, sobre todo en el entramado más estrecho.

Algunos vecinos ya han manifestado sus quejas por el abandono en el que se encuentra el barrio. Piden más medios, como la colocación de cámaras que permitan identificar a los vándalos y proteger el patrimonio cultural, y el Ayuntamiento de València responde con pedagogía que hace falta mayor concienciación ciudadana. 

Mientras los artistas vocacionales asumen que los grafitis que se suelen realizar con aerosoles, ácidos, pinturas plásticas o rotuladores pueden llegar a penetrar hasta un centímetro en superficies porosas, al consistorio de la capital valenciana le cuesta hasta 18.000 euros (partida de 2016) limpiarlos. 

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